Camino sólo, por el gran jardín de los sueños. En él hay gran variedad de rosas, jazmines, violetas y algunas flores más.
Lo recorro y me sumerjo en él. Siento allí un aire puro de libertad. Me detengo primero en aquél girasol y observo que la belleza de éste se radica en su mirada porque a pesar de encontrarse con gusanos que quieren cortar su raiz, siempre fija su mirada en el sol, soñando que tiene alas y se eleva hasta su estrella deseada.
Luego, mi vista se detiene en aquellas flores que se sitúan al lado del girasol. Me detengo unos minutos y siento que me cautivan sus colores rosas y me pregunto cómo es posible que ese color sobrepase tanto frente a otras flores del jardín.
Finalmente, llego a la conclusión de que son impresionantes las rosas por su intenso color, que eso las distingue de las otras plantas pero su secreto no estaría en sus pétalos, sino en la fuerza hermosa de sus raíces que hacen teñir inevitablemente sus pétalos de amor y sueños, defendiéndolos con sus firmes espinas.
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