El Inspector Carrados y la Muerte Silenciosa. (II)

Una Muerte Silenciosa.
El joven y guapo rubio vestido con una bata blanca, con sus azules ojos miró al Inspector Carrados. El guardia del Instituto Médico Legal lo había ido a buscar cuando preguntó por el médico forense de turno;  nunca pensó nuestro héroe que iba a ser recibido  con una alegre carcajada y un abrazo.
_¡Pero    es José Carrados El Callado! _su voz sonaba  entre jubilosa y cómica. _ Vaya, si sigues igual que cuando éramos compañeros de curso en la secundaria. La misma cara  ….._lo tomó de los hombros y con  preocupación muy teatral, _Mmmmm, ¿Estás seguro Carrados que no sufres de parálisis facial?
Miró al joven Detective que esperaba expectante detrás de su jefe, le hizo un guiño sin soltar a su presa. El ayudante estaba inquieto, pues no sabía qué actitud tomar; es más, miraba al alegre rubio como si fuera un sacrílego, no podía creer que alguien se burlara de “Su Jefe” , el  SEÑOR  Carrados.
_ Vamos hombre, no me reconoces  …..
_Por supuesto Doctor Scapinni, te recuerdo muy bien.
_¡Ah, al fin el famoso Inspector Carrados y su ayudante el Detective …..¿González? _ asintió el muchacho, _se dignan a venir a ver a este pobre y anónimo médico forense que no aparece   fotografiado en la prensa y perseguido por la televisión como su condiscípulo.
_El niño divirtiéndose a balazos con los bandidos  _continuó casi sin respirar _y yo encerrado con los “callados”.
_¿Cómo estás Doctor  Carlos? _su voz tenía una leve nota de emoción.
_¡Ajá! Veo que en la Policía de Investigaciones te enseñaron a hablar y seguro…..a que otros también hablen. Ja ja ja ja já.
Se volteó hacia el ayudante.
_Oye González ¿Cómo diablos soportas a este cara de momia? Sabías que mientras estudiábamos en el Liceo le tenían un lote de apodos, pero quedó con el que lo bauticé: José Carrados El Callado _le hizo la señal de cruz como si fuera un sacerdote. _Amén.
Nuevas risotadas, los tomó a cada uno de un brazo y los arrastró casi literalmente a una oficina, donde se acomodó en su sillón, subiendo desenfadadamente los pies sobre el escritorio y les señaló un par de sillas.
_Aquí me tienes Carrados querido, desde hace seis meses,  rodeado de tipos con cara de muerto, igualitos a ti.
El ayudante se sentía cada vez más inquieto; finalmente aprovechó que el Inspector no lo miraba y río en silencio.
_Carlos, por favor, este asunto es urgente _la voz parsimoniosa  del sabueso hizo callar momentáneamente al ruidoso forense. _Hemos venido a ver a los dos últimos cadáveres encontrados asesinados en la vía pública.
La cara del Doctor cambió de sonriente a una mueca con su boca y se tomó la barbilla.
_Mmmmm, extraños casos, muy extraños. Vengan por aquí; sabes González _ se dirigió al ayudante, quien sí celebraría su negro humor, _estos pacientes  que están en la morgue …..no se quejan nunca, tienen harta paciencia.
Su carcajada sonó con ecos en la gran sala, muy bien iluminada y un fuerte olor a químicos para conservar los cadáveres; como en casi todos los institutos médicos legales del mundo, tenía adosado a la pared un gran mueble metálico, donde se adivinaban las cajas que contenían los muertos en  camillas corredizas refrigeradas.
_Mmmm, éste es uno _tomó un asa y con silencioso movimiento salió un envoltorio plástico que mostraba la forma humana. _Aquí está el otro.
Abrieron el frío cierre y ambos cadáveres quedaron a la vista. Con su dedo les señaló el cuello.
_Pueden creer que no tienen ni una sola herida más, sólo la perforación hecha por estos perdigones aparentemente de acero, que serán enviados al Laboratorio de Criminalística de ustedes. Estos pobres tipos murieron por falta de aire, pues los proyectiles por sí solos no fueron la causa necesaria y precisa del deceso, sino que se inflamó el sistema respiratorio superior y prácticamente tapó el ingreso de oxígeno.
_ ¿Estás de acuerdo conmigo, Doctor, que pudieron ser disparados por rifles o pistolas de aire comprimido?
_Totalmente de acuerdo. La policía uniformada fue avisada por los vecinos que encontraron a los finados en la vía pública de distintos barrios, cada uno con su pistola en sus manos sin que hayan logrado disparar. Las huellas dactilares de las armas corresponden a sus dedos; me contaron que ambos hechos ocurrieron a pocas horas de iniciada la noche.
Cerró las cajas y, siempre con su costumbre de tomar de los brazos, sacó a los policías de la morgue.
_Creo, compadre, que este puzle te será difícil de resolver. Fue una muerte silenciosa.
                                                                                                                                                               (Continuará)

 

 

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Comentarios:

Escrito por: Lenys       06/05/08 17:03
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Uhmmm creo que fuíste policía silencioso jajaja. Pues me sigue encantando éste excelente relato, y al igual que Gabriela, la intriga me mata. Voy al siguiente. Besos.
Escrito por: GabrielaAgilda       05/05/08 15:06
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¡Jaime!Estoy más que intrigada...Magistralmente recreado el ámbito policial.
Un abrazo,amigo.
GABRIELA
Escrito por: omenia       02/05/08 19:16
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Continúa muy bueno, paso al siguiente.
Escrito por: Lisume       02/05/08 05:31
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Andale! que se le está poniendo dificil!!
continuación amigo que está muy bueno!
Escrito por: AndresMiranda       01/05/08 16:19
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Bueno, continúa el desenlace lentamente, esperamos otra entrega Jaime, porque empieza a interesarnos.
Deberías escribir un libro, tienes los dotes, y lo sabes.

Un abrazo
Andrés
Páginas: 1

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