
El Hombre que me salvó
EL HOMBRE QUE ME SALVÓ
Un hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía de mi casa. Si exceptuamos los ganchos cromados, era un hombre de aspecto corriente y tendría unos cincuenta años.
Le invité a pasar, le dí unas cuantas galletas de leche, un poco de café y un pan con queso.
De pronto, en la calle, se oyeron tres disparos. Tras un grito ahogado, corrí a la ventana y reconocí a mi vecina, entonces, cojí mi revólver y salí precipitadamente.
Por un momento olvidé al hombre desconocido que quedó en mi casa. Observé el cadáver tirado en la pista y a un hombre enmascarado que gritaba: ¡Lo logré!
¡Lo logré!
Rápidamente, apunté con el revólver hacia la pierna del homicida. No deseaba matarlo, pero tampoco deseaba que escapase. El deber de policía me llamaba, pero el valor poco a poco se me iba.
Me concentré, y con el pensamiento que me remecía: ¡Él mató a mi vecina!; disparé. El hombre gritó a todo pulmón.
Empezó a dispararme. Si no fuese por el hombre sin manos, habría muerto. La bala le cayó a él. Él me salvó de una muerte segura.
Con los ojos llenos de lágrimas, susurré algo como: ¡Gracias! Y corrí hacia el homicida. Tras muchos disparos que milagrosamente esquivé, logré apresarlo. Escuché la sirena de la ambulancia y la de los policías. Aliviada, pensé que algún vecino los habría llamado. Sí, fue el hijo de mi fallecida vecina, quien había presenciado todo y había llamado inmediatamente a nuestros salvadores.
La ambulancia llevó al hombre sin al hospital en espera de pronta recuperación según el médico.
Por otro lado, el homicida fue sentenciado a cuarenta años de prisión. Aunque yo hubiera preferido cadena perpetua.
Desde ese desastroso día, el día en que mi vecina murió, el día en que disparé por primera vez, el día en que casi muero, el día en que un hombre desconocido me salvó la vida; vivo tranquila, pues también me ascendieron de puesto y premiaron mi valentía.
Me hice muy amiga de mi héroe. Tanto, que me casé con uno de sus hijos, y tengo el honor de llamarlo: suegro. Tengo tres hijos, a quienes no dejo de contar esta historia. Y ellos no se cansan de escucharla. Sé que ellos les contarán la misma a sus hijos y éstos a los suyos, y así sucesivamente. ¡Toda nuestra familia se enterará de este prodigioso hecho!
Estrella fugaz
Comentarios:
Escrito por:
elizita
31/03/08 05:34
anshi te a cuerdas de christian ese enamorado de josselin(sigo sin creerle)segun el dijo q soy una buena como se dice
a las personas q cuentan historias ah ya historiadora jaja el muy..no se dio cuenta de q le estaba contando lo q le estaba pasando
Sigue escribiendo esuna linda historia. Un beso
Hay historias de las que siempre debemos sentirnos orgullosos y no dejar de contarlas nunca, ni nosotros ni los que vienen; más aún tratándose de un suceso que nos cambió la vida. Felicidades, me gustó tu cuento. Un abrazo.
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