El Hombre Moderno

Me desperté.

Esto era por de más extraño, nunca me despierto solo. Hay veces en las cuales ni siquiera logro escuchar el despertador, y una madre en pánico viene a sacudirme como al polvo de los muebles. De todos modos, ya era casi la hora, por lo que procedí a levantarme y prepararme para el nuevo día, similar a todos los otros días, hasta el punto de la monotonía.

Aún así, con una especie de optimismo cargado al hombro, fui a enfrentar mi futuro, sabiendo que siempre hay algo nuevo que aprender, por lo que lento pero seguro, estuve listo en veinte minutos.

Salimos con mi madre y Agustín en el auto, había niebla, no sobresalía por su densidad, pero si por la escasez de ocasiones en la cual ocurría. Igualmente, a mitad de camino se disipó casi por completo.

Llegamos a la calle Santa Fe y allí me abandonaron, mi hermano tenía que hacerse unos estudios en el centro, así es que el auto se aceleró, desapareciendo poco a poco, sin dejar siquiera el familiar sonido del motor.

Ahora que escribo estas líneas, creo que fue en ese instante cuando sucedió, pero por supuesto no me di cuenta entonces. Lo que si señale fue el silencio. En esa hora, millares de automóviles, colectivos y transeúntes debían amontonarse, como todas las mañanas, desesperados  por llegar a ningún lugar. El ritual no condecía con la situación aquí presente frente a mis ojos. Ni allí, ni en la avenida Colón, se adivinaba actividad alguna, solo algún Citroën o un Regata estacionados. Mi mente creo la existencia de alguna manifestación en la cercanía, que cortara alguna calle de los alrededores, como solía suceder en estos tiempos. Esta ilusión no tenía razones lógicas para existir, pero a quién le importa.

Me di cuenta que ahí parado no llegaría muy lejos, me decidí a comenzar mi marcha. Al doblar por La Rioja me encontré nuevamente con lo extraño, armado con la incertidumbre, para atacarme por la espalda. En las calles y veredas se había formado una delgada capa de polvo, entre amarronada y blanquecina. Una  vez más mi mente creó la existencia de una tormenta de tierra que justificara estas circunstancias.

Mis pasos se continuaron sin preocupación alguna. Ese fu mi error casi fatal. Debería haber prestado más atención a los sucesos que se agolpaban en derredor. Era aún muy oscuro, por eso no me daba cuenta de mi situación real.

La puerta fue la llamada de atención que por fin me puso en alerta. Los focos, las lámparas y los faros carecían de luz, aunque mi mente repiqueteaba en mis oídos con que ya había visto luces por la calle, ¿o era solo otro de sus trucos?

Cuando mis ojos se acercaron a la puerta, un leve asomo de desesperación se recorrió toda mi espina dorsal. La escena revelada frente a mi estimulaba, como mínimo, un sentimiento de inquietud. La gran puerta que me permitió ingresar a la escuela los últimos seis años, había perdido por completo sus cristales, y estaba inmovilizada con una gruesa cadena, fuertemente sujeta con un candado descomunal, de aspecto antiguo, casi medieval; todo con un herrumbre denso, como si hubiera descansado en esa posición desde tiempo inmemorables.

El sentido se había disipado con la niebla, tome el celular, no tenía señal. Cartón lleno.

Al acercarme a la puerta, noté una infinidad de marcas y hendiduras que se sucedían unas a otras. Algunas con una profundidad tal que habían logrado hacer saltar la madera, y que la misma se astillase. Primera imagen visual que se me apareció, un manojo de espadas. Me tranquilice, aún llevaba intacto mi sentido del humor.

El silencio no había cambiado, ahora tenía que buscar algún alma en ese edificio, era miércoles, alguien tendría que haber. Me adentre en la callada institución de cemento, las marcas se repetían en un collage de infinitas dimensiones, recostado sobre paredes y techos.

La caseta del guardia se había evaporado, junto con la puerta del anfiteatro. Más allá del gimnasio se divisaba claramente el río, las canchas de fútbol y de básquet habían desaparecido.

¿Y ahora? ¿Todo estaría igual? Era mi  deber averiguarlo, pero primero quería cerciorarme de que no hubiera nadie en el colegio. Seguramente alguna persona más estaría en la misma situación en la cual me encuentro.

Estar, estaría esa persona que mis deseos anhelaban encontrar en los pisos de arriba. Al subir, el estado lamentable de la planta baja acompañaba mis pasos y mi vista. Ni un alma, ni el más ligero intento de sonido. El viento tampoco decía presente, a pesar de la incapacidad física de su ausencia en aquella estructura arquitectónica postmoderna.

Entonces el techo empezó a resquebrajarse. Proyectiles de yesos y cemento se deslizaban hacia mi encuentro. Corrí desesperado con la muerte pisando mis talones. La rampa se derrumbó, tuve que saltar y rodar en el suelo de la plana baja, con la compañía de algunos rasguños y raspaduras. La puerta no solo dejó de existir, sino que la reemplazó una montaña de escombros. Rápidamente disparé hacia la cantina, también en ruinas. Mis reflejos evitaron varios cascotes del cielo y me transporto hasta la reja. La empecé a subir entre uñas de alambre oxidado que carcomían mi tersa piel y hacían fluir libremente la sangre, tiñendo de rojo mi piernas y brazos. Me dejé caer del otro lado del terror, todo había pasado. La destrucción estaba dentro de la reja, no afuera. Yo ya no tengo nada que ver, me dirigí caminando hacia mi tranquilo hogar.

El celular me empieza a sonar, me llegó un mensaje.

Feliz día del hombre moderno, el principio y el fin de todo.

 

Basada en la idea original de Facundo Krallian.

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Comentarios:

Escrito por: merlina       30/07/08 03:58
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Me gustó pero no vale porque las imágenes son muy nítidas, mucho mucho mucho porque sé de qué hablas. Las calles, la puerta, la rampa. Me da poco lugar a la imaginación. Posiblemente a otra persona que no vaya a la escuela le guste más porque en sí el texto está bueno, es sorprendente no te imaginás que va a pasar lo que pasa ni ese final que quizá me pareció un poquitín insulso pero gracioso... esa cosa de ''Feliz día del hombre moderno....'' por mensaje de texto.

Besos Henry :)
Escrito por: oscar       22/07/08 05:35
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Lo más importante es que te leemos y eso es muy positivo.-. Bien, se que no te gustan los alagos, pero el que nace bueno se nota y eso nadie te lo puede quitar .-.saludos.-. o.m.n.-
Escrito por: satelite       16/07/08 06:38
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no me gustó mucho... te prefiero con un estilo menos "acádemico"... tiene un par de imágenes buenas. el final es bueno. saludos a kran
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