
El hijo que no fue
Como todas las tardes después de salir del trabajo fue al barcito de la esquina a tomar un café que lo animara, llovía, estaba frío, y no había tenido un buen día. Desde la puerta se dio cuenta que su mesa preferida estaba ocupada, abrió la puerta y se dirigió al fondo ,a un rincón apartado, mientras esperaba al mozo, con él cuerpo inmóvil, se dedicaba a suicidar sus pensamientos en el abismo de su mente.
Cuando le trajeron el café, distraído como estaba, se sobresaltó echó el azúcar y revolvió eternamente, desde hacía un rato que ella le rondaba la mente, como queriendo alejarla de sus pensamientos se pasó la mano por la cabeza, apuró el café, pagó y se fue, con miedo de que si se quedaba allí todos los recuerdos lo asaltaran.
Caminó lentamente bajo la lluvia dejando que él agua le borrara todos los pensamientos, entró en el edificio, sacó las llaves del apartamento mientras esperaba el ascensor.
Ya dentro, tiró el maletín sobre la mesa, mientras se aflojaba el nudo de la corbata con la otra mano, fue al cuarto se miró en el espejo, éste le devolvió una cara demacrada, con ojeras, la tristeza que salía de sus ojos era el reflejo de su alma. Giró y vio en el piso los trozos de papel, recordó que la noche anterior había intentado escribirle una carta.
Tomo del suelo lo que quedaba de su última carta de amor, juntó los pedazos y la volvió a escribir, de la mejor manera que pudo, casi pidiendo por favor. Desgarrando sus dedos con un grito apagado, contagiado por la desesperación de no ser quien puso hacerla volver, no ser quien pudo apoyarla, no ser quien pudo ser
.
Al escribir esas líneas recordó aquella tarde en la casa del lago, cuando ella le dijo que estaba embarazada, lo contento que se había puesto, y como en un segundo esa alegría se evaporó cuando ella le dijo que no lo iba a tener, como discutieron, como la hirió con todo lo que le dijo; siguió escribiendo Te daría el corazón que ya no tengo , las ilusiones que se fueron y lo poco que queda de mi razón, diluida en una brisa que se empieza a perder. Pero el recuerdo me lleva a esa tarde gris, cuando todo sucedió, cuando el amor nos cubrió de dolor; cerró los ojos no pudo escribir más, la fachada de la clínica dónde fueron se instaló en su mente y no pudo escribir ni una sola palabra más.
Llorando, imaginándose la cara del hijo que no pudo ser, se hizo un café, se sentó en el sofá, reclinó la cabeza hacia atrás y se hundió en su dolor.
Sonó el teléfono, se asustó y brincó manchando su camisa del negro líquido que bebía. Maldijo el teléfono y levantó el auricular. Del otro lado de la línea escucha sin ninguna confusión la voz de ella, se incorpora en él sofá, sí es ella no hay duda escucha con atención, la alegría que por un momento se cruzó en su mirada desaparece; ella no le perdona que el no entendiera sus razones para no ser mamá, no le perdona los insultos, no le perdona que en la puerta de la clínica se diera la vuelta y la dejara entrar sola, no le perdona que no la perdone.
Ésa tarde lluviosa y gris se acabaron las esperanzas de reconstruir la relación, sobre la mesa la carta sin terminar, y en su corazón el vacío que dejó ese hijo que no fue.
Comentarios:
Sentido relato, muy bien llevado.
Circunstancias que no se pueden entender, sentires diferentes que llevan a la separación.
Bien .
un abrazo.
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