EL HEROE DE LA PATRIA PARTE III
LA LLEGADA A SIUNA
Enrumbamos hacia el mineral de Siuna, por un camino pedregoso lleno de baches.
Oscureció; y poco a poco se fueron apagando las voces dentro del bus y
el traqueteo de la carrocería alternaba con los ronquidos de uno o dos
pasajeros.
Unos niños hurgaban con avidez una bolsa de confites aprovechando el sueño de sus madres.
Cerré el único ojo que tenía y abrí mis oídos.
Un militar nunca puede descuidarse; debe controlar los ruidos y los silencios de la noche.
Me sumí en mis pensamientos; recuerdo cuando llegaron los políticos del
Frente a la Escuela San Martín para arengarnos con discursos
antimperialistas y conminarnos a que nos integráramos a las tropas del
Ministerio del Interior; prometían buena paga, ropa y calzado y un
futuro de gloria al servicio de la patria.
Recuerdo que nos integramos 15, todos campesinos; estudiantes que abandonamos la cartilla para ir a la guerra.
Yo venía de Coperna; una cooperativa agraria sandinista ubicada a unos 40 kilómetros de Siuna en dirección al Mineral Rosita.
No tuve ni tiempo de despedirme de mi familia; mandé aviso con uno de mis amigos.
Me acuerdo que firmamos por seis meses y después el Ejército nos
reclutó voluntariamente; ninguno de nosotros andaba obligado como otros.
Mi mujer estaba embarazada de mi hijo cumiche.
¿Como será? ¿Se parecerá a su papa?
Entramos a Siuna temprano en la mañana.
Dionisio se había dormido toda el camino y se quejaba de lo entumido que andaba.
El bus estacionó en la única gasolinera que había y buscamos donde desayunar.
Había movimiento de tropas; al parecer la "contra" andaba cerca. Se escucharon algunos disparos de ak en la lejanía.
Me encontré con uno de los políticos que me había reclutado e hizo como que no me había visto.
Un ligero ademán y continuó su camino en una prisa justificada por su vergüenza.
No tenía por qué sentirse mal; así era la guerra. Nadie gana.
Entramos en el Comedor de Estolano y pedimos un desayuno siuneño; gallo
pinto; huevos fritos; mortadela; cuajada; tortillas de harina recién
hechas; jugo de naranja y un buen café negro.
Nos sentamos a la orilla de la puerta para controlar la salida del bus; no podía quedarme en Siuna; tenía que llegar a mi casa.
No había terminado de acomodarme cuando entraron unos jóvenes y se pusieron a reír de mi desgracia.
Me agarraron asoleado y los traté; les dije que ellos no sabían quien
era yo; el Teniente López; Héroe de la Patria y les enseñé con mi única
mano mi medalla.
Uno de ellos; la mas jovencita me quedó viendo con sus profundos ojos negros y me dijo:
"Esa es su guerra señor; no la mía."
Me sirvieron el desayuno y ya no tuve ganas de comer.
(Continuará)
Homero.
Que hermosa Historia, que gusto en leerla aunque no conozca la zona del atlantico pero se que es bonita ahi, te saludos
no te tardes mucho en la continuacion, me gusto mucho, felicidades