El gran campeón

 

 

FUE...Carlos Monzón,  iluminando para él las primeras luces de un amanecer de 1942 en el paraje La Flecha del Departamento San Javier - Provincia de Santa Fé -; hijo de Amalia  y Roque Monzón, siendo un niño se traslada  con sus padres y hermanos  a la Capital de la Provincia;  al abandonar el lugar, deja allí su libre corretear junto al trinar de pájaros que por muchos años no volverá a escuchar.

 

              Residiendo la familia en el barrio Barranquitas, concurre a la Escuela República del Uruguay donde se inicia en el aprendizaje y la amistad. Compartiendo juegos y travesuras conoce el sabor de la lucha cotidiana para subsistir.  Al crecer comprende que la pobreza estará siempre presente,   por lo que  aceptando consejos, decide elegir la dura práctica del Boxeo, única salida visible para lograr triunfar.   El destino lo lleva a conocer a quien sería uno de los seres más importantes y positivos a lo largo de su vida.

Don Amilcar Brusa lo acepta como pupilo y además de adiestrar  sus puños, se propone encauzar al joven, naciendo entre ambos un afectuoso respeto que  para siempre perdurará.

 

Forma su hogar junto a Pelusa quien además de enamorarlo, soporta los desniveles de su carácter, luchando a su lado  y  convirtiéndolo  en padre de Silvia, Abel  y Raúl,  sin olvidar a Carlos, nacido de una relación anterior.               Diariamente y luego de largas horas de gimnasio en el Club Unión,  se reúne con       amigos en un pequeño Bar llamado “La Facultad”, salón de humildes  mesas  que      guardará  trasnochadas anécdotas de la vida de Monzón.

 

A pesar de no ser reconocido  a nivel nacional,  teniendo en cuenta su           / ubicación en el ranking y su preparación, Brusa  considerando que ha llegado  el          momento, solicita la disputa del título mundial de los pesos medianos. Con mucha fe e ilusiones propias, de su manager,  amigos  y algunos periodistas locales, llegan a Roma donde se le unen expertos del Boxeo Argentino que sólo fueron por el cetro que estaba en juego más que por  convencimiento en las condiciones de Monzón.

Fue su gran noche al vencer a quien era el poseedor del título, el italiano Nino Benvenutti; el cinturón lució en su cintura, levantado en andas lo conoció el mundo y fueron de alegría  las lágrimas al abrazarse a Brusa y hablar con su familia desde el mismo ring.   Eran  muchos los que desconociéndolo,  querían palmear al gran           campeón, el que aturdido rompió en llanto por “el Abel “ representante de esos hijos tan queridos.  Quizás el Monzón de esa noche gloriosa no pensó que en el futuro la plenitud total no volvería a repetirse.

 

Es el comienzo de otra vida,  como Campeón Mundial es mimado por la gran urbe  que intenta retenerlo pero Carlos no olvida su terruño, sus charlas en el Bar de siempre, rodeado de amigos y moviéndose al son de la cumbia  santafesina en las      noches del Centro Gallego. Deteriorada su relación matrimonial permanece el amor por sus retoños.      ///

 

 

               
                Envuelto en el torbellino de un mundo que lo deslumbra y lo supera, alguien  avizorando  el  negocio, lo elige para protagonizar junto a la estrella del momento Susana Giménez,  la película  La Mary. Sin importar la calidad del film  y su inexperiencia, la prensa resalta la pasión que los une, lo vivido ante las cámaras no finaliza,  siendo pareja durante algunos años.
Continúan las defensas del título que ostenta, disminuyen sus viajes a nuestra ciudad, aumenta su vida mundana dando y recibiendo amor, tratando de pulir su lenguaje  y aprendiendo a ser lo que esperan de él,  rodeándose de compañías acordes al nuevo status.  La verdad está en sus puños y con ellos cosecha éxitos, pero junto a la mujer amada se ahondan las diferencias originando un adiós que duele y lastima .
              Vive la satisfacción de brindarle a Silvia una gran fiesta para festejar sus quince años, refugiándose en el cariño que fue siempre de retorno con sus hijos. Continúa  en Buenos Aires, refina sus modales, su vestir; pero su rumbo se torna  oscuro y peligroso;  sin desatender los sanos consejos de Brusa,  el entrenamiento  le resulta cada vez más pesado y le cuesta concentrarse.
              Quizás porque a su vida no llegaría nunca  el amor que serena y enaltece, o si lo tuvo no supo retenerlo, vive diversos y variados amoríos, creyendo encontrar  cierta paz al unirse a Alicia Muñiz. Como sello al sosiego sentimental nace Maximiliano, logrando unir a todos sus hijos en el nuevo hogar.
Con sus fuerzas íntegras y  en plena gloria,  triunfando  en la decimocuarta  defensa del título con Rodrigo Valdés, se retira como uno de los grandes Campeones del mundo.
              El resto de su historia es conocida, juzgado, vapuleado, sin disculpa a  sus desenfrenos, es declarado culpable por el crimen de su compañera; el juicio no es del todo claro, un principal testigo que a los años niega haber presenciado el hecho, y para él lo más doloroso, el desprecio de su Máxi inculcado con razón, por los abuelos maternos que asumen su crianza y tenencia.
Cumple su condena en diversos Institutos, recibiendo solamente las visitas y el consuelo de sus hijos y escasos amigos, entre ellos entrañables personajes conocidos de Santa Fe; aquí en la Cárcel de Las Flores purga los dos últimos años .

 

               Con libertad condicional, desgastado, tratando de lograr el perdón de        Maximiliano, que nunca escucharía, recibe el ofrecimiento de un Camping  sindical    para enseñar  a los más jóvenes lo que realmente sabe, boxear;  Se vislumbra  una  esperanza para intentar, con el sostén de quienes nunca lo abandonaron,  encauzar su vida .
El 08 de Enero de 1995, aprovechando un fin de semana, el destino lo lleva a sus pagos,  a ese San Javier tan lejos de los años vividos, tal vez buscando la ingenuidad y la simpleza de la niñez, o la luz de “ese sol” para pedir a sus pájaros alas para la libertad del alma. Al volver, con el convencimiento que nada es ni será igual, impone una velocidad que,  en el paraje los Cerrillos,  lo lleva a la muerte.
Cae mirando sin ver el cielo con la opaca luminosidad del crepúsculo, perdiéndose con él los falsos brillos de la fama,  perdurando para siempre en el cariño de su gente. Sus puños inmóviles desde la frialdad del bronce mostrarán al mundo que seguirá siendo solamente el Gran Campeón Carlos Monzón.
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Comentarios:

Escrito por: carpe_diemm       13/12/07 14:03
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hoy conprendo la similitud
un texo de verdad muy hermosos
historias de vida son las que nos enseñan
cariños que estes
has ganado un lector mas a lo que escribas

panxo
Escrito por: Hope       10/10/07 06:13
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Una Historia cruda amiga mia...y vuelve a relucir
lo que siempre hemos oido...en la carcel
y en la cama se conocen los amigos verdaderos
y aquellas personas que realmente te aprecian y te valoran
no por lo que posees material mente sino espiritualmente.
De verdad...Escribes muy lindo...Tienes una buena
narrativa y secuencia excelente...Felicidades...Un abrazo...Esperanza
Escrito por: guadalupe40       08/10/07 18:44
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Amigos ruego disculpen ciertas impurezas al imprimir, trato de ser cuidadosa al hacerlo pero....no sé, perdón. Sólo quiero agregar que es la historia de alguien que al margen de sus desajustes de conducta fue muy querido para nosotros los santafesinos, gracias.
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