EL GAMÌN...

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Esos niños que no esperan el alba…
 

 

Cuando  cerró tras de sí la puerta, los cuadernos y la cajita con lápices de color quedaron esparcidos sobre la mesita   que le servía de escritorio.
La decisión fue tomada y nadie lo sabría; el último café  y su primer cigarro al amparo de lo que hasta ese día fue su hogar, le animaban de tal forma  que ya no era necesario volver la vista atrás.
La mañana era fresca; pequeñas gotas de lluvia humedecían la angosta calle por donde  inició un viaje sin retorno.
Por fortuna no hubo nadie a quien decirle adiós.
Con paso firme, avanzó guiado por las espirales  que formaba el humo de su cigarro.

El primer día fue difícil; al llegar la tarde, el hambre minó sus energías y su paso fue cada vez mas lento; contempló los arreboles queriendo descifrar las figuras que  cabalgaban sobre el rojo cenit y sintió cómo el manto de la noche le cubría mientras grillos, búhos  y cigarras iniciaban sus cantos...

Se sintió solo  y lloró.

El día anterior había sido su cumpleaños número dieciséis y ni siquiera su madre se dio por enterada. Recordó con nostalgia sus últimos días de escolar y las intimidantes expresiones que escuchó paciente  cuando anunció a los suyos que no iría  más al colegio.


Despuntaba el alba sobre los edificios de la gran ciudad. Las luces de neón morían y las calles semejaban serpientes grises sobre las  que desfilaba incontenible el denso tráfico.
Sentado en un andén con la mirada fija en el horizonte, el muchacho vio nacer un nuevo día; recogió sus pertenencias y echó a andar por la avenida mezclándose  con los transeúntes sintiendo el peso del anonimato y la indiferencia.

En  su  divagar, reflexionó sobre las razones  que le motivaron  a escoger la ciudad como destino; bien podría haberse ido para la casa de algún  amigo de colegio mientras encontraba una alternativa que le permitiera lograr el grado de independencia que necesitaba para poner en orden sus ideas y de paso liberarse del oprobio a que era sometido día a día por sus mayores.
Pero necesitaba  ausentarse por siempre; explorar y construir su propio mundo dejando solo en su memoria grabados los momentos gratos...


Se detuvo  frente a un edificio y vio su imagen reflejada en los cristales.
 Su rostro no era el mismo; las interminables caminatas bajo el sol ardiente le habían transformado la piel y resecado el cabello que ahora aparecía largo y desgreñado.
De pie; sosteniendo en su mano derecha la bolsa de plástico en la que guardaba celoso su  vestimenta, se vio extraño… no presentaba el aspecto de un viajero común...era el prototipo de un gamín  que deambulaba sin rumbo dejándose absorber  por las interminables avenidas y la esquiva mirada de quienes encontraba a su paso.

Hoy todo será diferente.
Pensó.-                                                                                                            

Se alejó de allí sin mirar atrás; quería borrar aquella imagen y encontrar un lugar para descansar y tomar algún alimento.
 Su condición de caminante sin destino  le había   permitido aprender a tolerar el incipiente sabor de algunos productos de mar crudos que recolectaba en los malecones construidos con enormes piedras para proteger la urbe de los embates del mar.
Para su sorpresa, ese día  la marea esta  baja dejando al desnudo las grietas rocosas de donde pudo fácilmente extraer gran cantidad de ostras, camarones, almejas y cangrejos rojos.
Mientras degustaba su manjar, miró  la inmensidad del  mar azul que empujaba manso las olas hasta la orilla.

 Por primera vez se sintió libre y digno
- Este es mi mar- -.pensó- .

Una lágrima fugaz rodó por su mejilla.
 No podía liberarse de su imagen proyectada en los ventanales del edificio.
 
Le sorprendió la noche sentado sobre una roca.
Desde allí, pudo observar la plenitud del albor navideño que nacía en los edificios adornados con luces blancas y amarillas.

 
JALIR/jap


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Comentarios:

Escrito por: Azulejos       28/08/08 21:55
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Rico texto pleno de imágenes y sentimientos, un joven que se lanza a la vida dejando en el aire preguntas,como: ¿por qué abandonó su hogar?, ¿con quién vivía?, que cada lector responderá según su creatividad. Y un final muy triste y a la vez hermoso, sentarse a la orilla de la playa una noche y sobre el negro azul del cielo oir el mar, la playa y la ciudad desde lejos, pero sin alguien que le dijera feliz navidad. Es conmovedor tu relato, muy bien estructurado, primor en las secuencias. Felicitaciones, siempre me recrean tus escritos. Gracias por tan bello regalo, tibi
Escrito por: princesaazul       04/06/08 18:29
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amigo...que manera tan original de reflejar los huecos en que aveces caemos en la vida y el sentimiento humano ante la negacion de la derrota.la narracion muy bien lograda, tantos colores y paisajes muy bien descritos, casi pude vivir con el personaje su dilema.te felicito. exitos y que las musas siempre lo visiten.
Páginas: 1

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