El final previsible

Categoría(s): cuento

 

Una noche de invierno me encontraba reunido con un amigo en su vieja casa alpina que estaba ubicada en la cima de una colina boscosa, en las afueras del pueblo. Llovía torrencialmente y las ráfagas de viento azotaban los cristales de los amplios ventanales provocando un sonido brumoso y continuo.
 
Fumábamos en silencio y bebíamos un espirituoso licor añejo junto al fuego del hogar, cuyo sinuoso fulgor iluminaba débilmente los objetos de la casa dándole al ambiente un aire enrarecido e incierto.  

Mi amigo y yo discutíamos acerca de un cuento que yo acababa de escribir y cuyo final le pareció “previsible y algo ingenuo” según sus propias palabras, lo cual me fastidió bastante dado que era uno de mis cuentos por el cual sentía una simpatía especial.
Debido a que las condiciones de la noche eran propicias para un diálogo relativo a cuestiones literarias (o tal vez haya sido simple vanidad, no lo sé) pero el hecho es que en ese momento le exigí a mi amigo una argumentación a la presunta previsibilidad del final del cuento.
Teniendo en cuenta que mi interlocutor era un aficionado a la literatura y por ende arduo y voraz lector, no esperaba menos que una crítica debidamente fundamentada de él.
 
- La cuestión es, mi querido amigo, que ni siquiera me hizo falta leer el final del cuento. –dijo en su acostumbrado tono displicente- Es más, sólo leí el primer párrafo para dilucidar lo que vendría luego y al seguir leyendo  me encontré indefectiblemente con mi anticipación. 
 
- Reconozco que es usted un lector exigente y difícil de convencer si de historias fantásticas se trata, pero le sugiero que termine de leer el relato para dar una valoración acabada del mismo –repliqué tratando de ocultar mi desprecio.
 
- Mire, le diré algo: después de Poe, Hoffman, Maupassant, Wells, por nombrar solo algunos, todos los escritores posteriores han querido encontrar la clave del efecto literario y sólo se hallan en la sombra de estos grandes escritores o en el escape facilista del sueño o la alucinación como única posibilidad de explicación al hecho fantástico.
 
-  Pero si usted lee el final verá que…
 
- Creo que fue Borges (corríjame si no) quien dijo alguna vez que hoy todo el mundo es escritor y que hay muy pocos lectores. No podría estar más de acuerdo con él. La mayoría de los escritores jóvenes como usted incurren en el error imperdonable de subestimar al lector. Por ejemplo en su cuento, usted empieza hablando de “una noche fría en una casa ubicada en la cima de una colina boscosa en las afueras de un pueblo” y, para más obviedad, “llueve torrencialmente” ¿Qué se puede esperar de esta situación si no lo evidentemente inesperado?
 
La soberbia de mi amigo empezaba a incomodarme y tuve que hacer un esfuerzo para controlar mi irritación. Debía llegar al final.
 
- Luego están “las llamas del hogar arrojando una luz difusa sobre los objetos de la casa dándole al ambiente un aire enrarecido e incierto” ¡¡Es el colmo de la obviedad, mi amigo!! 
 
En ese momento algo le indicó que debía seguir leyendo. Los párrafos posteriores lo atrajeron como una fuerza magnética y su rostro no pudo disimular el desconcierto. Sus ojos transparentaron asombro, luego una especie de espanto ante lo desconocido. 
 
- Pero, no puede ser…aquí está todo lo que dije hace unos instantes, cada palabra, cada frase de nuestro diálogo…¡¡es imposible!!
 
- Y todavía falta el final… –dije sabiendo que él estaba leyendo lo que yo decía en ese momento.
 
Ahora mi voz repetía al unísono la lectura silenciosa de mi amigo.
 
- Aunque no lo crea, concuerdo con usted en cuanto a la imposibilidad de causar sorpresa en todos los lectores sin caer en salidas cómodas.
 
Mi amigo leía y me escuchaba al mismo tiempo, como si lo que yo dijera se escribiera mágicamente en la hoja.
 
- Por eso yo escribí un cuento para un solo lector, usted. Durante mucho tiempo estuve analizando sus preferencias, su personalidad, su forma de actuar, en fin, su vida. Y escribí el mejor cuento que usted pueda leer (cada escritor debería hacer lo mismo: elegir dos o tres lectores y escribir solo para ellos). El resultado es un cuento que usted nunca pudo predecir porque yo anticipé sus reacciones. Ahora está llegando al final y créame que será inesperado.
 
Cuando terminó la lectura mi amigo saltó del sillón como impulsado por mil resortes invisibles, pero mi mano fue más rápida (y además ya estaba escrito).
 
- ¿Y? ¡Dígame ahora si el final era “previsible e ingenuo”! ¡Dígame si cuando empezó a leer esperaba encontrarse con el relato de su propia muerte! 
 
La sangre sobre la madera del piso subrayó el final del cuento…
 
 
Los diarios locales comentaron durante algún tiempo el misterioso crimen de la casa alpina, suicidio seguido de homicidio, sin omitir los detalles truculentos.
 
 
 
Victor Hugo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Comentarios:

Escrito por: Momo       17/01/08 20:27
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Me ha encantado este astuto juego en el que, a mi por lo menos, me has tenido jugando. Ahora, después de leer tu relato, creo que el acto de escribir se me hace más difícil y extraordinario. Saludos. Chares
Escrito por: animalson       09/12/07 23:42
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Cuánto más te sigo leyendo, más me convenzo que no encontraré nada de baja calidad entre tu bibliografía, compañero Victorhugo. Éste no es la excepción, genial. Original, perfectamente relatado, y todo en escasa extensión. Genial.

Un abrazo y hasta la próxima.
Escrito por: VictorHugo       27/11/07 16:52
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Jaja, te explicaste muy bien surenio. Gracias por tu original forma de comentar el cuento.

Saludos beto.

Victorhugo
Escrito por: betob       26/11/07 21:11
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corresponde : explicarme

betob
Escrito por: betob       26/11/07 21:10
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Muy bueno.
Ahora me exijo esplicarme: el cuento y su final no eran previsibles, tanto el comienzo, como el desarrollo, estaban, no obstante preparados, el final fue improvisado de acuerdo a la reacción del amigo-lector.
El mismo sistema he aplicado para comentar el cuento.
¿Me explico?

betob
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