EL ESPEJO

“Todos los hombres están locos, y el que no quiera reconocerlo, debe encerrarse en su cuarto y romper el espejo."

 

Marqués de Sade.

 

"Los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver una imagen"
Jean Cocteau.

 

 

 

 

            Se encontraba en posición fetal, desnudo y  postrado frente al viejo espejo de la mansión, aquel de quien nadie conocía su procedencia, pero al que todos inconscientemente rehuían. Muchos misterios rodeaban a aquel espejo,  la gran mayoría provenientes de las conversaciones de la servidumbre de la propiedad y de trabajadores aledaños a la gran casa de los Gaunter. La familia y las autoridades habían hecho oídos sordos de tales insinuaciones, considerándolas fantasías de gente sin cultura y de gran imaginación, sin embargo el hecho de que el cuerpo de Albert Gaunter fuese encontrado   sin vida frente a el y sin ninguna señal aparente de asesinato o muerte natural, ameritaba una investigación más profunda de aquellas habladurías. 

            Sir Walter Campben consideraba que aquello no revestía un mayor misterio que una falla cardiaca, producto de la avanzada edad del Conde Gaunter y avalando su opinión en su Doctorado adquirido en la Universidad de Miskatonic anunció que él y su aprendiz  el joven Graham Polkin pernoctarían en la mansión Gaunter tres días, frente al espejo, para comprobar que aquel objeto no era más que un mueble de mal gusto apolillado e inservible.

            La servidumbre de la mansión, al conocer la decisión de Sir Walter, preparó lo necesario para que él y el joven Polkin se alojaran en dicha habitación, no sin dejar de murmurar que aquello era una locura y que tan prestigiosos señores correrían la misma suerte que su patrón. Ajenos a tales conversaciones, Sir Walter y el joven Polkin se instalaron en el recinto, y tras cenar abundantemente, se dispusieron a escudriñar la famosa habitación del espejo.

            A primera vista todo indicaba que el Conde Gaunter ocupaba dicha habitación como un segundo estudio (ya habían investigado el primero, sin señales de nada anómalo), pero a diferencia del primero la colección literaria de este era por decirlo de alguna forma, peculiar. Diversos tratados de corte esotérico inundaban la estantería, sin embargo solo uno llamó poderosamente su atención. Era un viejo libro cubierto con un empaste que lucía la frase "Ex Ignorantia Ad Sapientiam; E Luce Ad Tenebras". Ambos sabían lo que significaba aquello "De la Ignorancia a la Sabiduría; de la Luz a la Oscuridad".

            Aquel era el lema de la Universidad de Miskatonic, sin embargo aquel libro no parecía pertenecer allí, más bien el empaste pertenecía a un ensayo sobre viejas culturas árabes, como pudo deducir Sir William; El libro en si ya era otra cosa, se titulaba “Al-Azif “y era escrito por un tal  Abdul Al-Hazred, quién al parecer había sido un poeta árabe del siglo VIII, según lo investigado por el Conde Gaunter. Al abrir el libro Sir Walter pudo leer  "Que no está muerto lo que yace eternamente, y con el paso de los evos, aun la muerte puede morir".   Aquella frase lo perturbó  de sobremanera, pero lo que despertó poderosamente su mente fue una especie de número, escrito sin lugar a dudas por el Conde Gaunter. T617. Ni él ni el joven Polkin supieron darle una explicación satisfactoria a aquello, por lo cual ambos decidieron comenzar a leer el libro en busca de algunas respuestas.

            Permanecieron toda la noche despiertos, abrumados por la horrenda lectura que descifraban y molestos con el enrarecido aire que emanaba de las paredes de la habitación, algo que en un principio no notaron pero que a medida que pasaban las horas se hacia más presente en el ambiente.

     Los horrores que describía aquel libro eran impensables, seres provenientes de remotos lugares y tiempo, rituales blasfemos y conjuros aberrantes para cualquier científico, que se preciara como tal, sin embargo nada hablaba del espejo o de aquel extraño código. Molestos decidieron ir a dormir, sin percatarse de que el espejo brillaba.

            Al día siguiente, decidieron desayunar, no sin antes consultar por el extraño aroma de la habitación. La respuesta abrió un nuevo misterio ante ellos. Ninguno de los sirvientes percibía aquel olor, sólo se limitaban a corroborar que un día antes de la muerte de su patrón, el papel tapiz había sido cambiado, por ordenes del Conde.

            Nuevamente se sometieron a una extenuante sesión de lectura, la cual ya no sólo se abocaba al libro de Al-Hazred, sino a otros tantos que los ayudaban a entender las atrocidades relatadas en el primero, todo acompañado por el molesto aroma de la habitación, que conforme avanzaba el tiempo se impregnaba más y más en sus prendas.

            Estaban decididos a dar fin a esta investigación y reconocer que el Conde si había muerto de un ataque al corazón producto de tan macabra lectura cuando el joven Polkin descubrió un fragmento de una investigación de la cultura Maya

            El texto en cuestión hacía mención a la mitología Maya y decía más o menos lo siguiente: “Muchos mayistas reconocen que el signo jeroglífico catalogado con el
Número T617 es un grafema que reproduce un espejo y que puede tener ese
Valor semántico. Diseños de este tipo habían sido observados por los iconólogos
e historiadores de las religiones mesoamericanas en los brazos, las
piernas, el torso y la frente de las divinidades, especialmente antropomorfas,
que aparecen en relieves, pinturas y códices (…) Más claros, y con un significado
de mayor trascendencia aparente, eran los dibujos logográficos que lucían
en la parte delantera de sus cabezas los dioses Kauil, Kinich Ahau, C y dios
Hufón (así llamado por su curioso tocado que recuerda los gorros de los bufones
medievales) (…) No obstante, Kauil es especialmente el dios del espejo en la frente, es decir, la imagen antropomorfa del orden de Xibalbá, un orden subterráneo que no es vislumbrado con claridad por los humanos, sino como «reflejado en un espejo», en la misma medida en que la noche es el espejo oscuro del día, el espejo de obsidiana es  en el que se mira la luz de la vida cotidiana…”.

            Aquel descubrimiento no sólo ilumino la mente de Sir Walter, sino que la llenó de horror ante las posibilidades que ello conllevaba. Si el Conde Gaunter había sido capaz de descubrir como invocar horrores a través de ese espejo eso explicaría su muerte, pero también significaría que aquellos horrores descritos eran ciertos y que el peligro que ello conllevaba era aun mayor que la muerte del Conde.

            El espíritu científico de Sir Walter lo obligó a tratar de recrear la supuesta invocación aquella noche, con el fin de descubrir como convergían ambos escritos el de

Al-Hazred y el Maya y así dar veracidad a la misteriosa muerte de Gaunter. Al instante Sir Walter y el joven Polkin se dispusieron a recaudar todos los elementos necesarios para la invocación, sin embargo la tarea les resulto infructuosa, ya que muchos de los elementos no estaban a su alcance o eran desconocidos por ellos. De inmediato la mente de Sir Walter dedujo el hecho de que si el Conde Gaunter había realizado tal invocación, debía poseer los elementos necesarios para realizarla, y esos elementos deberían forzosamente estar en la habitación del espejo.

 Sir Walter, el joven Polkin y los sirvientes de Gaunter comenzaron a inspeccionar detalladamente la habitación del espejo, para lo cual quitaron el papel tapiz y cual fue su sorpresa cuando descubrieron que en las paredes se encontraban tallados los diversos símbolos de invocación: el Símbolo de  Blaesu, el Signo de Koth,  el Signo de Kish, el Signo de Loor y el Sello de la Transformación. En otra pared el Sello de las Esferas de Yog-Sothoth y dibujado a carbón la Trama de los Ángulos. Todos los símbolos no hacían más que confirmar las más siniestras teorías de Sir Walter y explicar el extraño aroma de la habitación, el Conde había invocado a   Shub-Niggurath, y al parecer había fallado en su intento. El joven Polkin descubrió tras levantar la alfombra, que cubría todo el piso de la habitación, que  el círculo de evocación se encontraba dibujado en todo el espacio que rodeaba el espejo, salvo un pequeño cuadrado que poseía una especie de aldaba, cerrada con candado. Al forzar la entrada pudieron descubrir todos los objetos y elementos necesarios para la invocación: una urna de plomo con el Sello de VOOR, lo que significaba que contenía el POLVO DE IBN GHAZI, LA CIMITARRA DE BARZAI, con todos sus caracteres, una vasija de vidrio verde que contenía  EL INCIENSO DE KZAUBA, una urna de alabastro, conteniendo EL UNGÜENTO DE KHEPHENS EL EGIPCIO y varios frascos más con los ingredientes necesarios para cada rito. Sir Walter, a quien aun no le hacía sentido la presencia del espejo en medio de la habitación, de pronto lo entendió, pero era demasiado tarde…
Días después la policía local daba el parte de cuatro cadáveres, sin causa aparente de muerte y un joven con sus facultades mentales perturbadas. Las identidades de las victimas correspondían a Sir Walter Campben, renombrado científico de la Universidad de Miskatonic, Sara Albright, Moses North y Melinda Townsed, los tres últimos  empleados de la mansión Gaunter. El joven sobreviviente cuya identidad era la de Graham Polkin, presentaba fuertes quemaduras en el torso, las cuales formaban un extraño símbolo en forma de estrella. Al ser consultado por ello solo repitió “ES EL SIMBOLO DE LOS DIOSES MAYORES PARA CERRAR EL PORTAL”, ” EL MALDITO GAUNTER USO UNA MOMIA MAYA PARA EL POLVO DE IBN GHAZI”, “¡EL ESPEJO!, ¡VEAN EL ESPEJO!”. El joven Polkin permanece en una clínica psiquíatrica en espera del juicio por el asesinato de las cuatro victimas, sumado a la muerte del Conde Albert Gaunter. Reportes indican que la causa de los asesinatos son adjudicados a ritos de hechicería oscura y satanismo, ya que en la habitación fueron encontrados diversos símbolos de origen desconocido, y varios objetos frente a un viejo espejo de madera. 

 

 

 

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