


| Escritor: | ruthsoto |
| Públicado: | 24/10/2007 |
Ella
Las noches han sido tan negras sin ti, mi camino es un laberinto oscuro y sombrío, por el dolor, que llego a mi corazón cuando te deje ir.
Pensaba en esas noches que repetía tu nombre, que te daba las buenas noches, que mi vida era un caos, mi ropa abultada en un rincón de mi recamara, toda desordenada, dedicada al trabajo, ¡ ni es lo que quería, ¡ dejando me llevar por los malos vicios, teniendo una pequeña esperanza de encontrarte u olvidarte.
En esos momentos, semana tras semana hiendo a tomar, dejando que me lleven los excesos, sin ganas de volver a enamorarme, o al menos de
Pero .
Aquella noche en el bar, al voltear lo vi,
el hombre que me robó el corazón,
al que deje partir.
Aquella noche en el bar, pensando en tantas cosas, por un instante, sentí tu presencia de nuevo, recorrió una lágrima mi mejilla, lentamente gire mi cabeza a la barra y por segunda vez me enamore, era un hombre que me impresionaría en cualquier momento en mi vida, moreno, de rostro fino, con una mirada penetrante, que destruiría la fortaleza, la soledad que me consume día a día.
Pensé por un instante que seria un sueño, el sueño de mi amor por ti, por un momento el miedo recorrió mi ser, erizando toda mi piel, estremeciendo cada una de mis células, empecé a temblar, al grado que una compañera me pregunto que si había visto un fantasma, solo le conteste que vi un viejo sueño.
Tome el valor que un día jure tener, si te volvía a ver, les dije a mis compañeras que en unos momentos regresaba, que les encargaba mi bolso.
Camine a paso lento hacia la barra, donde te encontrabas.
- Hola - dije con un pequeño temblor que me salía al hablar.
- ¿Como te encuentras?, ¡te vi!, pero no te quise molestar- me dijiste, con esa voz tan segura como siempre.
- Tú nunca me molestarías, me encuentro muy bien, gracias, ¿tus amigos? - te dije
- En la mesa del rincón. ¿Tu con quien viniste? me preguntaste
- Con compañeras del trabajo, te quería pedir una disculpa, de cómo me porte en el hotel en frente de las compañeras dije con mi voz entrecortada
- No te preocupes, eso ya pasó. - Me contestaste.
Sentí como latía mi corazón, mi respirar se agitaba, cuando sin darme cuenta puse mi mano izquierda en tu mejilla, junte mis labios a los tuyos, con lentitud y fuerza, dejando que mi mano derecha subiera lentamente por tu brazo, hasta llegar a tu mejilla.
Tu respuesta me sorprendió, al sentir tus brazos, tomarme por la espalda con fuerza, acercándome mas a ti, dejando sentir todo tu calor, al oler el aroma de tu perfume, temblé, lo sentiste, mas fuerte me abrazaste.
Fue como una eternidad, ese instante que tanto soñé.
Aleje lentamente mis labios de los tuyos, resbalándolos por tu rostro, dándote un pequeño beso en la mejilla, en la frente, llegando a tu oído, te susurre te amo - , sentí como temblaste.
En ese instante el miedo inundo de nuevo mi ser, el perderte, al tenerte de nuevo, sólo broto una lagrima, por segunda vez en ese día, desde hace mucho tiempo; mi mano, que lentamente bajaba de nuevo por tu brazo, termino en la tuya, la cual sostuviste con fuerza y a la vez con la delicadeza, con la que siempre me trataste.
No dejaste que me alejara de ti, me jalaste a tu lado. Con un susurro en el oído me dijiste:
- No te volveré a dejar ir, nunca mas
Dejando que tus labios besaran esa lagrima, al desear que esto no fuera un sueño, te lo dije, a lo cual respondiste que si, era tu sueño y mi sueño hecho realidad .
- Quédate conmigo esta noche; regálame un instante de tu vida después dijiste temblando.
- .. - un silencio regreso.
Continuara en otra vida.
De pronto reaccioné de aquella impresión, una impresión que recorrió mi ser desde el fondo de mi corazón
- Si, hasta el final del mundo te acompañaría - con todo mi miedo, que hacia vibrar todo mi ser, pero sobre todo con todo él amor que mi corazón posee, no te volvería dejar partir.
Septiembre del 2007
Ruth Elizabeth Soto González
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