
EL ENCUENTRO
La madrugada reflejaba la tristeza de una soledad nacida de los ausentes, cargada de oscuros presagios. La luna con su luz débil y fantasmal inundaba todo el ambiente de un halo plateado y misterioso. Los árboles semejaban monstruos gigantescos, meciéndose al compás de un viento furtivo y silencioso; no obstante cargado de presencias vivas. Algo extraño moraba en aquel lugar,una atmósfera propia imponía su presencia y tornaba el aire pesado e irrespirable… El camino era el mismo, la misma rutina marcaba sus pautas; nada había cambiado, la misma pendiente, el río pantanoso y la larga cuesta cuya subida hacia que corriera por la espalda un sudor húmedo y pegajoso; luego, la curva, seguida de la carretera, la cual conducía directamente al poblado de San José Como un reflejo de la noche la presencia de una sombra se fue haciendo sentir, poco a poco, hasta formar la silueta de un hombre que se acercaba lentamente, con pasos arrastrados como una extraña aparición. Su figura, al tambalearse, reflejaba fugaces rayos de luces afiladas al ser bañado por la luna. Al llegar a la curva el hombre no pudo suprimir un ligero escalofrió que le recorrió todo el cuerpo. Se detuvo, repentinamente recordó los rumores y las historias extrañas que había oído de boca de los campesino referente a ese lugar. Sintió ese miedo desconocido que provoca la soledad y el desamparo. Un temblor persistente se apoderó de todo su cuerpo. Por momento Creyó oír voces lejanas que desaparecían tragadas por la oscuridad, su nombre que se repetía en un eco moribundo y muy presente. Un sudor frío le bajaba por la frente y se le metía en los ojos obstaculizándole la visión, de por sí ya borrosa; sin embargo continuó su pesado y tambaleante andar. Trató de acelerar la marcha. Tenía que llegar al poblado de San José, ya que esperaba noticias de la capital. Llevaba dos meses sin recibir el sueldo que el estado le pagaba como maestro de escuela rural. Hacia un año que lo habían destinado a la zona en que ahora se encontraba; pero se enfermó, sin poder evitarlo su salud decaía lenta e inexorablemente. En ese momento la fiebre lo venía golpeando muy duramente. Por momentos no sabía si todo era real o quizá el resultado de su mente atormentada. Un viento helado le golpeo el rostro. De repente una voz a su espalda le hizo girar sobre sí mismo. No vió nada, no sintió nada; solo la voz, acompañada de un gran lamento. La fiebre le llegó repentinamente, todos los recursos y medicamentos caseros resultaron infructuosos, fallaron. Sabía que si se quedaba postrado en la cama iba a morir…Su deseo de vivir lo llevó a tomar la decisión de ir caminando hasta el pueblo. El miedo a morir en esa apartada región lo hacia estremecer de terror; solo, abandonado y sin ningún familiar cercano que pudiera consolarlo en los momentos de desesperación…No…No podía morir, necesariamente debía sobreponerse a la muerte. Los campesinos de la región se habían acostumbrado a vivir en tal abandono, carentes de toda asistencia médica; vivían y morían como parte de una rutina diaria. Estaban muy acostumbrados a la muerte. A pesar de todo, él tenía que luchar contra ese fatalismo; no se daría por vencido tan fácilmente...Por un momento creyó ver sombras que pasaban a su alrededor o se adelantaban desapareciendo misteriosamente…No se inmutó, continuó con su pesado y tambaleante andar. El camino se volvía cada vez más incierto y difícil, sin embargo no era obstáculo para detener su obsesiva marcha. Tenía prisa…Mucha prisa en llegar a San José. Con el dinero que esperaba recibir podría comprar las medicinas que necesitaba para calmar los malestares causados por la fiebre. Aceleró el paso, como una fatal e irrevocable carrera contra el tiempo. No se topo con nadie en el camino; no obstante tenía la certeza de que no iba solo. Se sentía vigilado, pero no estaba seguro de si todo era el resultado de su mente atormentada…Continuó caminando, arrastrando su soledad. Las piernas les parecían como de plomo; la fiebre lo debilitaba cada vez más. El camino parecía no tener fin…El hombre se sentía agotado…Por momento sentía la necesidad de tenderse en el suelo y perderse en el vacío; pero la vida lo llamaba, el instinto de sobrevivir lo mantenía sobre sus pies. Sintió el sudor que la bajaba por su piel enfebrecida como algo vivo y pegajoso que le llegaba hasta los huesos…Una extraña sensación le embargo como si estuviera perdiendo la razón. De pronto distinguió una sombra que se acercaba (como salida de la noche). A medida que se aproximaba la silueta fue tomando forma hasta convertirse en un individuo alto y delgado, de tez clara y facciones tensas como si tuviera alguna honda preocupación…Bañado por un pelo negro y lacio, la cabeza adornada con un extraño sombrero, seguido de una larga pluma de pavo real que le llegaba hasta la espalda en forma de arco. Sorprendía su rostro, tan pálido, acompañado de una mueca inquietante, que no se podría definir si era una sonrisa o un gesto de sorpresa. El hombre se detuvo, apenas podía mantenerse de pies; su cuerpo convulsionado vibraba sostenidamente, ya la fiebre lo dominaba por completo. Notó algo extraño en los ojos del inesperado personaje, no podía definir en ese momento lo que era, pero se sitia a su alrededor como algo vivo; algo muy distinto que no era de este mundo se reflejaba en la mirada del extraño. -Pronto amanecerá- dijo el extraño, en un raro acento que el otro no tomó en cuenta por el estado en que se encontraba. El hombre lo miró detenidamente, luego, haciendo un gran esfuerzo y con la voz debilitada por la agonía contestó: -Si…es cierto…pronto amanecerá, ya las aves nocturnas han comenzado a buscar su refugio…apenas se dejan sentir… Luego agregó casi a modo de confidencia o tal vez por el mismo estado de soledad en que ambos se encontraban: -Necesito llegar al pueblo, mi vida depende de llegar lo ante posible a San José… Tengo mucha urgencia de ver al médico…Necesito verlo, pues de lo contrario estoy seguro de que voy a morir de un momento a otro. El extraño lo miro sin hacer el menor gesto. -Hacia donde se dirige usted en una madrugada tan solitaria, como esta –pregunto el hombre temblorosamente. -Llevo mucho tiempo recorriendo este camino- contestó el extraño- Creo que me he perdido. Hasta este momento me encontraba vagando; solo, desesperado y lleno de angustia, y cada vez que creía estar cerca del pueblo, volvía a perderme nuevamente. He visto viajeros que muchas veces parecía que no notaban mi presencia; no hacían ningún caso a mi saludo, seguían de largo como si no me hubieran visto. Otras veces, parecía que me veían; pero en algunas oportunidades pienso que tal vez me confundían con algún asaltante de camino, ya que al verme salían corriendo despavoridos, como perseguidos por un fantasma…Realmente suceden cosas muy extrañas por estos solitarios parajes…Al igual que usted tengo mucha prisa en llegar a San José ; pues mi novia me espera, vamos a unirnos en el matrimonio. El párroco debe de sentirse muy inquieto por mi tardanza, por la razón de que siempre he sido puntual y nunca he faltado a mis compromisos. Luego de una pequeña pausa en que reinó un silencio absoluto, el extraño continuó: -Cuando venía bajando la cuesta mi caballo resbaló y nos fuimos de bruces por el barranco y rodamos hasta llegar al río. El caballo se desnucó…No me explico cómo pude salirme de abajo, milagro de la providencia tal vez…Necesito llegar al pueblo cuanto antes. Ahora que lo encuentro tengo más confianza en lograr mi propósito; además, ya no voy a seguir este camino, acompañado de esta soledad, no me separaré de usted…No quiero sentirme tan vacío en este camino sin fin… Por un instante el hombre sintió que iba perdiendo todo contacto con la realidad circundante. No supo con certeza si todo sucedió en una milésima de segundo o, si por el contrario volvió a vivir toda su existencia pasada como una imagen repetida fuera de los límites del tiempo. Muy sutilmente sintió que se iba deslizando a un estado de tranquilidad y alivio como nunca antes había sentido. Una repentina sensación de bienestar lo invadió hasta llegarle al cerebro. Empezó a ver todo diferente. Ya la fiebre había desaparecido por completo, no se sentía tan aturdido por los efectos de la misma. Miró a su acompañante y pensó que aquel encuentro quizá tenía algo que ver con el estado en que se encontraba en ese momento. -Por donde se ve aquella luz llegaremos mas rápido a nuestro destino- le murmuro el extraño como en un susurro profundo. El hombre se dejo guiar como un pequeño en un mundo desconocido. A medida que avanzaban, las dos figuras parecía que se iban diluyendo en el aire, hasta desaparecer absorbidas por la extraña luz. En lo alto sólo quedó la luna, testigo único de aquel inquietante encuentro.
Comentarios:
Una muy buena historia que por momentos se presupone. Sugiero economizar palabras, haciendo más ágil la lectura.
Me gustó, aunque ¿por qué no lo separas en párrafos? Está todo demasiado junto. Me parece que está bien narrado y me gustó la idea del título, porque te hace pensar en algo muy diferente. Me gustó cómo termina, el mensaje que trasmites, el camino se hace leve gracias a los encuentros.
Me gustó.Una narración bien llevada con descripciones desde una óptica febril bien caracterizada. Se puede sentir al personaje. Es un estilo que me gusta. :)
Me gustó tu historia. Muy buena. Si te gustan estos tipos de cuentos... lee mis historias. Saludos!!!
Escrito por:
K
27/06/07 19:13
me encanta la caracterizacion fisica y concreta que le das a la muerte en cada uno de tus textos, es como encontrarse con una fuerza que se creia metafisica pero en un medio mas cotidiano, si se puede llamar a la muerte con ese adjetivo
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