El Diario de Mila Capitulo 68: Una lección de Mila

 

68.

— ¿Piensas salir hoy, hijo?— me preguntó mamá luego de desayunar al verme arreglado en el sofá de la sala mirando algunas noticias.

— Pues si, mamá, iré a pasear a Bobby e iré a la iglesia a visitar a Ada, le prometí llevarle algunos dibujos y se los llevaré, quizás pase antes por alguna tienda y le lleve también algunos lápices de colores o temperas, se que le gustan.— le respondí.

— De acuerdo, hijo.

— De pasó aprovechare para que conozca a Bobby, le gustan los perros al igual que Mila, seguramente le agradare conocerlo.

— Pues salúdala de mi parte y también al padre Joseph. ¿Vendrás para el almuerzo?— me preguntó.

— Creo que si, mamá.

— De acuerdo, te esperemos entonces.

La verdad es que estaba entusiasmado por ir a visitar a Ada, de algún modo que no podía explicar necesitaba ver la sonrisa de esa pequeña, probablemente por que me recuerda a Mila, no lo se, quizás solo siento la necesidad paternal de hacer feliz a una pequeñita, sea lo que sea no tarde en partir en camino a la iglesia con Bobby.

En el camino compre algunas cosas, entre ellas un paquete de galletas y un juego de pinturas, Bobby estuvo conmigo todo el camino, a pesar de haber sido un perro de la calle como me dijo el encargado de los animales en el refugio, pues camina muy cómodamente al lado de uno por la calle a pesar de estar atado.

El padre estaba en el jardín frontal de la iglesia, así que solo bastó con hacerle unas señas para que se acercara a abrirle la reja.

Nos saludamos y le dio mucho gusto verme nuevamente, de la misma manera a mi me daba gusto verlo, siempre es agradable hablar con el anqué sea unos instantes, me contó de lo agradecido que estaba por las cosas que le había dejado anteriormente, de lo mucho que le habían servido y de las bendiciones que dios dejaría caer sobre mi, espero con ansias que eso sea verdad.

Luego de tomar un té y unos biscochos de los cuales solo le recibí uno, se que no abundan para la iglesia y además ya haba desayunado, hablamos un rato, no pude evitar contarle de mi ultimo encuentro con Jessica, su respuesta era obvia, me dijo que debí de haberle hecho casos a mis sentimiento, luego de eso le conté de Bobby, de Johnny, finalmente le pregunté por Ada y si podía ir a verla ya que le había traído algunas cosas. El padre me dijo que por su puesto que podía ir a visitarla, inmediatamente me guió al jardín posterior ahí a una esquina, estas ves sentadas en una banca de madera, estaba Ada, sentadita dibujando algo a su lado estaba la muñeca que le había dado.

— Bueno, hijo, debo ir a hacer algunas cosas, cuando te vayas veme en la sacristía, ahí estaré. — me dijo el padre le asentí y partió por el mismo corredor por donde habíamos venido.

A penas los niños vieron a Bobby comenzaron a acercarse a el quien se notaba de lo más alegre lamiendo y ladrando a los niños con amabilidad, parecía disfrutar las caricias de esos pequeñines, Ada vio la escena y me vio a mí, de inmediato se levanto de la banca cogió la muñeca y corrió hacia mí con una sonrisa.

— ¡Hola, señor! ¡Regresó! — me dijo sonriendo y con una expresión e sorpresa, como me dijo el padre: los niños de aquí ven muchas caras continuamente.

— Pues si, — le contesté— prometí que regresaría y que te traería dibujos.

Note que Ada miraba a Bobby y se lo presenté, si es que cave decirlo de esa forma.

— ¿Es el perro del que me habló?— me preguntó.

— Si, se llama Bobby— a penas lo acerqué el perro se fue donde ella y le lamió el rostro haciéndola reír, ella lo acarició muy contenta.

— Es muy bonito, Mila me dibujó uno igual, con esa mancha en el pecho— me dijo. — parece un corazón. Aunque era más chiquito.

— Bueno, lo compre por que me recordó justamente a un perro que quería Mila y que no le pude regalar.

Luego de que acariciara un rato a Bobby, nos fuimos a sentar, yo solté a Bobby, deje que corriera por ahí junto con los niños, parecía disfrutarlo, y era gracioso verlo.

Ada y yo nos sentamos entonces a hablar un rato.

— ¿pensaste que ya no vendría a visitarte, Ada?— le pregunte sonriéndole.

— Bueno… muchas veces me han dicho que regresan algunas personas que visitan el lugar y juegan conmigo, pero… ya no regresan y si lo hacen a veces ni se acercan donde mi, si no donde otro niño o niña.

— Entiendo.

— Pero me alegra que haya regresado, mire le hice esto. — Me dijo y buscó en su mochila, sacó su libro de dibujos y buscó entre las hojas, luego me dio un dibujo. — pensé que le gustaría. — me dijo sonriendo.

Era un dibujo de Mila, no tenía nombre, solo lo supuse y no me equivocaba, había dibujado a Milagros, en el parque, rodeada de flores, mariposas y animales, era un dibujo precioso, de verdad que me enterneció mucho.

— ¿Cuándo… cuando lo dibujaste?— le pregunté.

— después que usted se fue hace unos días atrás, me quedé recordando a Milagros y… me dieron ganas de dibujarla, y como lo note algo triste, pues quise dárselo para que se sintiera mejor.— me dijo sonriéndome.

— Pues…— la miré— Muchas, pero muchas gracias, Ada, es un… un hermoso dibujo de Milagros…te prometo que lo voy a colocar en un lugar especial, donde pueda verlo siempre…

— Me alegra que le gustara, señor Julio. — me dijo muy alegre, de verdad me encaba el dibujo, y su mirada llena de alegría.

— Yo también te traje algunas cositas, Linda. — me incline y cogí la bolsa que haba traído, cogí el folder que había traído con los dibujos que había hecho la noche anterior. — Los hice para ti, como lo había prometido.

Ella abrió el folder y su cara mostraba la misma sorpresa y felicidad que mostraba Mila cuando le dibujaba los animales que ella quería pintar, eso ya hace muchos años atrás, esa mirada de felicidad al ir pasando dibujo por dibujo, piezas en blanco esperando ser pintadas y llenadas de vida.

— ¡whaw! ¡Que lindos dibujos, señor,— me miró muy agradecida y llena de felicidad— ¡que bonito dibuja usted!

  y no es todo, te traje algo que te gustara y ayudara para daré vida a esos dibujos. —Cogí las pinturas y los colores y se los entregué.

Su expresión reflejaba gran alegría, una alegría de verdad, real, no una fingida de cuando te dan algo y simplemente dices estar feliz, no ella de verdad disfrutaba con esas cosas tan simples, quizá era lo que más me gustaba su sinceridad y dulzura al recibir esos regalos, me llenaba de alegría a mi también verla tan feliz.

— La próxima ves que venga, le mostrare los dibujos que me hizo ya pintados, vera que lindos los dejaré, señor— me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

— Claro, eso tengo que verlo, he visto en el diario de Mila un dibujo tuyo del jardín, lo dejaste muy lindo, sin duda esos animales y paisajes quedaran hermosos cuando los termines.

— Se lo prometo, ¿usted…regresara a verme otra ves, verdad?— me dijo con una expresión que señalaba algo de preocupación.

¿Cómo decirle que no lo sabía? Que no sabía si podría regresar en otra ocasión, simplemente no seria justo. Asentí con la cabeza y le respondí:

— Claro, regresaré y cuando termines de pintar todos esos dibujos que te traje te traeré muchos más, diferentes y más lindos aun ¿te parece?— le dije con una sonrisa.

— Si, le prometo que los voy a pintar y los dejare muy hermosos— me respondió asintiendo muy feliz.

— Te traje algo más— le dije inclinándome hacia la bolsa— unas galletas de vainilla, leí por ahí que te gustan mucho. — le sonreí y se las di.

— Si, son mis favoritas, — las tomó— Gracias, señor, tantos regalos, es usted muy bueno, me gustaría poder darle algo. — me dijo.

— No, descuida, no es necesario, tu le diste a Mila muchas cosas, tu amistad, tu cariño, tu risa, la misma risa que me regalas y que disfruto, así que… yo soy el que te debe a tui mucho, sobretodo por ser la Hermanita de Milagros.

Ella solo me miró y me sonrió.

— ¿que es eso que está ahí? ¿Es el diario de Mila?— me preguntó al verlo sobresalir de la bolsa.

— Pues si… es el Diario de Mila— le dije cogiéndolo y mostrándoselo.

— ¿Por qué lo trajo?— me preguntó observándolo y ojeando algunas hojas.

— Bueno, tenía pensado ir al parque a leerlo un poco más luego de que tú regreses a tus clases.

— Ya veo… ¿le falta mucho para terminarlo?— me preguntó echando un vistazo a las hojas.

— A decir verdad pues no, ella no lo terminó solo tiene unas pocas hojas a comparación de los anteriores…así que en un par de días debería estarlo terminando, Ada.

— ¿Me leería, señor?— me preguntó.

La verdad no sabía si seria correcto leerle el Diario a Ada, es decir…había cosas que no entendería, aunque por otro lado entiendo su curiosidad.

— Aun hay tiempo antes que regrese a clases, podría leerme un poquito…

¿Cómo negarme a esa carita? No podía, cogí el diario de Mila lo abrí y continué leyendo desde donde me había quedado.

En las hojas que leí en ese momento Mila seguía hablando acerca de Ramiro, a quien Ada había oído mencionar alguna vez, y sabía quien era, me explicó que no le caía muy bien, no ahondé en el por qué, me pareció irrelevante, supuse que al ser este el causante de la tristeza ocasional de Mila, pues Ada sentía por el o Celoso o Algo de rencor, En esas hojas también mencionaba que Ramiro había comenzado a trabajar en las tardes por lo que ya no podría seguir ayudándola en las matemáticas, ni a ella ni a Emily, lo que la alegraba ya que la vería menos, pero de la misma forma a Ramiro.

También escribió acerca de mí, después de mucho tiempo.

“Últimamente ya no veo mucho a papá, querido diario, — escribió— a veces lo necesito para simplemente hablar con el, ir al cine, no lo se, pero esta muy ocupado trabajando, la abuela me cuenta que esta en un proyecto muy grande con su jefe y que eso lo tiene muy ocupado, por lo que llega muy tarde a casa y yo ya estoy dormida y se va muy temprano cuando yo ni despierto, la abuela dice que me da un beso antes de irse, y cuando viene, pero no estoy segura”

— ¿lo hacia. Le daba un beso antes de irse?— me preguntó Ada.

— Por su puesto que si, Ada, siempre lo hacia, antes de irme, y al regresar a casa… ella dormía rotundamente, no quería despertarla, a veces… a veces me quedaba unos segundos viéndola dormir.

Pero lamentablemente creo que ella jamás se entero de eso, o no lo creyó.

Continué leyendo.

“…Incluso este sábado que pasó casi ni lo vi, tubo que ir a trabajar mu temprano, desayunamos y se fue, yo había pesado que podríamos ir al parque a divertirnos, pero no, comienzo a extrañar mucho a papá”

La verdad es que leer esas líneas me causaban mucha tristeza, sentir que estuve haciendo sentir mal a y pequeña, el no haber estado ahí para poder acompañarla, abrazarla, debí darme mas tiempo para ella.

Fue en esa época más o menos donde comencé a aceptar muchos trabajos, recuerdo que el anterior arquitecto que trabajaba para la compañía renunció y yo accedí a terminar sus trabajos incompletos y terminarlos en tiempo record, lo que me pagarían seria fenomenal por ambos trabajos, no me negué, comencé a trabajarlos, y al comienzo de verdad que se me hizo sencillo, me di cuenta que tenia mucho más potencial que el que utilizaba para los trabajos, poco a poco no me medí, seguía aceptando más y más trabajo, proyecto tras proyecto, al pasar las semanas casi ni dormía, quizás y con suerte 4 horas al día, incluso llegue a trabajar los domingos, me angustiaba no terminar, fracasar, sabia que podía hacerlo, que yo era lo máximo el mejor, Gustavo muchas veces me dijo que no exagere, que no siga aceptando trabajos, lo dijo, lo reconozco, y aunque el no quería yo le insistía, cuando llegó el nuevo arquitecto a este le comenzaron a dar proyectos pequeños, los grandes, todos sin importar eran míos, mi ritmo de trabajo continuó igual, no, estoy mintiendo, continuó mas apretado mas numeroso, claro, a finales de mes tenia mucho dinero, pero a que costo, casi no tenia tiempo par Mila, hubiera deseado darme cuenta en ese instante.

Olvidaba cumpleaños, los de Johnny, los de mamá, el mío, coma cundo me acordaba, incluso en un momento deje de darle esos besos en las mañanas a Mila, simplemente llegaba casa, me iba a mi habitación a avanzar, a veces me amanecía en la compañía trabajando, no se en que pensaba,… no, si se, pensaba que era una especie de Dios que podía hacer más de lo que de verdad debía y podía, fui un tarado, ahora lo se, de verdad quisiera retroceder el tiempo y no aceptar todo ese trabajo, llevar a Mila a ese paseo y… y que mi vida hubiese tomado otra vía.

Giré a ver a Ada.

— A veces me pregunto como hubiera sido todo si… si mi hijita no hubiera estado en ese automóvil…

— No lo se, ¿cree que hubiera seguido visitándome?— me preguntó.

— Estoy seguro que si, seguramente ya me hubiera enterado de que lo hacia, por su puesto no me hubiera opuesto a que lo hiciera, ya tendría 15 en estos momentos… los cumplió hace poco, 15 años…nunca le gustaron las fiestas, me preguntó si hubiera cambiado de opinión con la edad, supongo que si. — Miré a Ada— tu cumpleaños es dentro e algunos meses más, ¿cierto?

— Si, voy a cumplir 8.

— Pensé que ya tenias 8…— me sorprendió.

— No, os voy a cumplir, ¿Por qué pensó que tenia 8? ¿Estoy muy grande?

— N, no es eso— le sonreí, supuse que para estos niños el hecho de crecer no les era muy bueno del todo— es solo que Mila mencionó que tenias 6 cuando te conoció.

— No, yo tenía 5, iba a cumplir 6 recién, seguro el padre se confundió o ella lo supuso. — Me dijo sonriendo— pero después cumplí 6, fue cuando ella me regaló la cadenita.

— Entiendo.

— ¿si Mila hubiera estado ahora con usted, le hubiera comprado el perrito?— me preguntó observando a Bobby quien cansado e tanto correr y saltar se había quedado acosado al lado de los niños.

— Pues, es probable que no, a decir verdad muchas para que ocurran algunas cosas, deben antes suceder otras.

— No entiendo señor.

— Veras, tu y yo, estamos ahora aquí sentados hablando. Pero esto sucedió gracias a Mila, a su diario, el cual no hubiera leído de no ser… por que ella ya no está. Igual el perro, y… algunas otras cosas que he encontrado a través de estos diarios de Mila…

— ¿Entonces, que usted este aquí conmigo es gracias Mila?— me preguntó.

— De algún modo si, de ella estar con nosotros, tu y yo creo que no nos hubiéramos conocido, quizás si, pero de otra forma, no hubiera regresado la iglesia, hubiera seguido trabajando, no hubiera ido a visitar a papá al cementerio, no me hubiera preocupado por mi hermano…hubiera seguido dejando de lado muchas cosas importantes de la vida, Jessica… Mila me ha dado una lección, una a un costo demasiado alto, Ada; pero una lección al fin.

— ¿Cuál, señor?

  Pues… disfrutar de las pequeñas cosas, de una sonrisa, como la tuya— le sonreí y me sonrió—, de el arte de dibujar, de la amistad, del amor, de un perro, de la vida simplemente, del día a día…de unas galletas de vainilla como las que estas comiendo y no me convidas ni una. — Ambos sonreímos.

Lo que decía era muy cierto, Mila había tenido que Morir para que yo conociera poco a poco las cosas importantes a las que siempre debí darles mayor prioridad, quizás de no haber sido como fue la vida, el destino, yo seguiría de cabeza en el trabajo, sin nada mas en la cabeza que planos y reglas.

Es una ironía que para aprender esto haya tenido que perder a la persona a quien mas desearía ahora darle mi tiempo.

Aunque quizás no sea una casualidad tampoco que Ada este ahora a mi lado, quizás Milagros tenia entre sus planes que esta pequeñita y yo nos conociéramos, no lo se.

Continué leyéndole unos minutos más el diario de Mila a Ada, Milagros hablaba acerca de la escuela, lo mal que parecía que le iba ir ese fin de bimestre que estaba a unas semanas, hablaba de Gina y de que estaba rara últimamente, en una parte hablaba acerca de Ada y de lo mucho que se divertía con ella, el rostro de Ada se iluminó al escuchar a través de mi las palabras de Milagros, y escribir acerca del cariño que sentía por ella. Narró también el momento en que comenzaron a llamarse hermanas la una a la otra: Una tarde en la que conversaban, de pronto Milagros le dijo que ella era como su hermana, la hermanita que siempre había deseado tener y Ada le respondió lo mismo, ya que tampoco había tenido hermanos mayores.

Ada me contó que para ella Milagros era su hermana, la hermana que siempre deseó tener, y que ella había llegado a ser a través de los momentos que pasaron juntas, divirtiéndose hablando, acompañándose, recordando, soñando, una verdadera hermana, la hermana perfecta que estuvo ahí cuando ella necesitaba a alguien que la abrace, juegue con ella le lea historias, dibuje y pinte, e hable de sus cosas aunque esta no entendía muy bien.

En muchos aspectos Mila y Ada eran muy similares, eran las hermanas perfectas, me alegra que aunque sea en los últimos meses de su vida, haya podido conseguir lo que tanto había deseado, lo digo de verdad, me sentía my agradecido con esta pequeña, capaz de llevar ese hueco que tenia Mila en su corazón, No tengo como pagárselo, jamás tendré como.

Estuve leyéndole hasta que al final la campana de la iglesia sonó, señal de que llos niños debían regresar a  estudiar.

— Tengo que irme, pero… ¿Regresara? Me gustó mucho como me leyó, hacia mucho que nadie me leía, solo Milagros solía hacerlo— me dijo mientras cogía sus cosas.

— Por su puesto, linda, regresare muy pronto, — le dije sonriéndole y recordé algo —  y ¿sabes? te traeré unos cuentos que eran de Mila, podría leértelos ya que parece que eres buena escuchando, se que te gustaran mucho,

— ¿No me miente? ¿De verdad me traerá cuentos nuevos?— me preguntó emocionada.

— Si, claro que te los traeré, te los traeré, pero debes prometerme que estudiaras mucho.

— Si, lo prometo, señor—, me dijo y a igual que la ultima ves se abalanzó contra mi y me dio un fuerte y cariñoso, abrazo que movió todas las fibras de mi cuerpo llenándome de alegría y ternura.— Nos vemos, señor y gracias…

Me dijo y se fue corriendo, despidiéndose también de Bobby quien regresó a mi lado.

Sin duda esta seria una de las promesas mas fáciles de cumplir, no seria complicado regresar y leerle un poco, se notaba que al igual que a Mila le encantaba escuchar, mientras leía el diario estaba muy concentrada, pensé que se cansaría, peor no fue así, la próxima ves que regrese le traeré algunos libros algo más como para su edad el diario de Mila si bien seguramente le había agradado podría contener cosas que no seria bueno narrarle, en el sótano encontré muchos libros que eran de Mila y que le encantaba que le leyera cuando tenia más o menos la edad de Ada. Estoy seguro que le gustara que se los lea, después de todo es preferible a que estén ahí en el librero llenándose de polvo.

Luego de estar un rato ahí sentado pensando y recordando, le coloqué la cadena a Bobby y me dirigí donde el padre para despedirme, de verdad que sentía ganas de ir al parque y continuar leyendo el diario de Mila.

 

Continuara...

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