El Diario de Mila Capitulo 63: Una vieja Conocida

Luego de una larga caminata que me permitió pensar mejor, tranquilizarme y asimilar algunas cosas, regrese a casa, a las 6:15 exactamente, tome el camino más largo, paso a paso pensaba en Jessica, en Mila, en el viaje, en mi, en las promesas que he hecho y las cuales de verdad quiero cumplir. Todas esas cosas pasaron por mi cabeza en las horas que camine cerca de 13 calles hasta llegar a mi casa, no llegue a ninguna conclusión, mis ideas siguieron igual de confusas, pero al menos estaba más tranquilo y relajado.

— Hijo, ¿Por qué no llevaste el celular? Te estuve llamando, me preocupaste— me dijo con el seño fruncido y con preocupación, era obvio que estuviese preocupada. Hacia mucho que mamá no me esperaba en la puerta para regañarme, a decir verdad muchos años, pero es que he regresado a ser el muchachito dependiente del cual hay que preocuparse, no la culpo y no me enfado, es más, sentir su preocupación como que me remontó a esas épocas de cuando era un niño, épocas en las que solía escapar de casa para ir a ver a Jessica a altas horas y al regresar a escondidas mamá estaba en la puerta esperándome con esa misma mirada, pero siempre con la comida caliente.

Ver a mi madre ahí frente a mi, preocupada me hacia sentir como un niño nuevamente, un niño sin preocupaciones, sin dramas, sin temores y sin cosas en las cuales preocuparse, Ah, mamá, que haría sin ti esperándome y haciéndome sentir bien aunque estés mirándome con esa cara de pocos amigos, pero llena de cariño y alegría de verme nuevamente sano y salvo.

— Olvide el teléfono, mamá— le dije mientras colgaba mi casaca en el perchero tras la puerta, me incline a darle un beso y con eso se le borro la expresión de enfado — Te prometo que no pasara nuevamente.

— ¿Quieres de cenar?— me pregunta caminando conmigo a la sala.

— Si, no he comido nada desde el desayuno, solo un té con miel al salir del consultorio del Doctor blanco.

— Fuiste a verlo entonces, estuve a punto de llamarlo, ¿sabes?

— ¿Ah si?— estaba seguro de que era capaz.

— Si, pero pensé que quizás no habías ido y estabas leyendo en alguna parte— cruzamos la sala hasta el comedor. — y me pareció que podría alarmar al doctor, tu hermano me dijo que esperara hasta las 6:30 para llamarlo.

— Bien pensado.

— ¿Dónde estuviste, hijo?

— Ya te contare mamá, ya te contare.

Durante la cena le conté a mamá lo que me había ocurrido el día de hoy, obviando algunas cosas que no eran necesarias que supiera obviamente, le conté que había ido al cementerio y que me había encontrado con Jessica, le conté que nos quedamos con Mila un buen rato, le conté que su viaje era un hecho, que el unos días solamente estaría viajando, que termine el segundo diario, le di sus saludos. Mamá no hizo comentario alguno, solo asintió, me extraño supuse que me diría algo como: ¿estas loco? Debiste detenerla, decirle lo que sentías. Pero no, solo se quedó en silencio escuchando, quizás por que entendía que… no había mucho que hacer ya, o quizás por que como me dijo el doctor Blanco: es mi decisión, pero… como sea, ya estaba hecho, solo me quedaba seguir adelante hasta donde pueda hacerlo.

Mas tarde, luego de cenar mientras Johnny y yo jugábamos con un videojuego que se había conseguido y a duras penas aprendía yo a maniobrar, mamá se presentó con un álbum de fotos, el álbum de fotos de las vacaciones en Pilmatao, no espere que viniera con el.

Mamá nos hizo apagar la televisión y se sentó junto a nosotros.

— Esta mañana estuve revisando las cosas que ordenaste en el sótano, por cierto aun están desordenadas, — me dijo

— Descuida, mañana cuando Johnny regrese de la escuela vamos a ordenarlo y a bajar los libros, la computadora, lo convertiremos en un estudio, será más cómodo para que el estudie, ¿no es así?— me dirigí a mi hermano.

— Pues si, pero también en un mini gimnasio, tu lo dijiste.

— De acuerdo, mañana iré a ver si puedo conseguir, unas pesas o algo.

— De acuerdo.

 Bueno— continuó mamá— estuve viendo álbumes viejos, de navidades, fiestas, y me tope con estas fotos, quería que las viéramos juntos, Hijos.

— ¿Qué es mamá?— preguntó Johnny.

— Son las fotos del viaje a Pilmatao, ¿recuerdas?

— Es verdad — respondió Johnny acercándose a ver las fotos.

— ¿te parece si las vemos, Hijo? — me preguntó mamá, no había forma de que le dijera que no, así que simplemente asentí, a decir verdad luego de leer el diario de Mila, tenia ganas de ver algunas fotos, se que me despertarían sentimientos, pero no me podía negar, era hora de confrontar los recuerdos, ¿ya que me podían hacer de todas formas?

Durante las horas siguientes nos la pasamos viendo una tras otra y recordando los divertidos momentos que pasamos en ese viaje, que felices nos veíamos todos, que joven se veía mamá, sin duda estos años soportando mis  sufrimiento la habían envejecido, que joven y fuerte me veía yo, modestia aparte me veía bien aunque un poco gordo, ahora estoy hecho un alambre, ¡Oh, Mila! Que linda estaba, cada día que pasaba se parecía más a su mamá, sin duda hoy seria una versión de Jessica de 15 años, toda una jovencita, una lindura… Mila se veía tan feliz, pero tan feliz, tan sonriente, no había fotografía en la que apareciera en la que no estuviera iluminándola, su sonrisa simplemente me hacia sonreír, Johnny siempre con la misma expresión seria en las fotos, ¿Qué le pasa a este chico? me causa gracia su seriedad, pero se veía muy guapo también, con razón traía loca a Gina, incluso estaba la fotografía de cuando me caí del caballo, como nos reímos ahora cuando la vimos, hasta a mi me pareció chistosa, la había tomado mi hermano, que canalla, pero captó un buen momento. Jessica, que hermosa estaba en ese momento, que linda esta ahora, es como si su belleza se hubiera detenido en el tiempo.

Esa noche en mi habitación, al igual que las anteriores ocasiones en las que había visto a Jessica, no pude dejar de pensar en ella, estaba en mi mente, mientras estaba acostado mirando el techo de mi habitación los recuerdos de nuestra juventud juntos, de nuestra época de padres, nuestros problemas; que si bien nunca fueron algo constante los hubo, pero nada que no se pueda olvidar y solo al comienzo, cuando recién comenzaba a trabajar y tenia que darle dinero para Mila a Jessica, recuerdo que muchas veces al inicio cuando no me pagaban lo suficiente o a veces ni me pagaban por ser practicante, papá siempre estuvo ahí prestándome algo de dinero, el viejo se fue y yo aun le debo dinero. Como extraños esas épocas, de alguna forma eran mejores, estaba papá, estaba Mila, hay un dicho que dice: Todo tiempo pasado fue mejor. Y creo que es muy cierto, si nos ponemos a pensar en el pasado están nuestras mejores cosas, claro que de repetirlo no cometería las idioteces que he cometido hasta ahora.

¿Qué estará haciendo Jessica en este momento? Me preguntaba insistentemente, ¿pensara en mi? Unas ves también me dijeron que cuando uno piensa en alguien, en una persona con gran interés, es muy probable que esa persona también te piense, si es así, Jessica debe estar pensando en mí en este instante.

Entonces note el Diario de Mila sobre la cómoda de mi habitación, me levante a tomarlo, por un instante había olvidado el hecho de que ya había termina de leerlo y debía continuar con el tercer diario, rápidamente me dirigí a el y lo tome y lo lleve al cajón donde había colocado los otros 2, el que me falta leer y el que había terminado hace un tiempo; guarde el segundo y tome el tercero llevándolo a mi cama, me senté en ella y por alguna razón no me atreví a abrirlo aun, solo me quede unos minutos pensando y observándolo, a lo mucho unos instantes después le di una ojeada rápida a las hojas, este Diario era igual de grueso que los otros 2, pero este tenia más de la mitad de las hojas en blanco, era lo que me asustaba, llegar al final.

Entonces pensé en comenzar a leerlo, pero…. No me atreví, aun no, acababa de terminar el segundo diario, hoy habían pasado muchas cosas, decidí que lo comenzaría a leer mañana, luego de terminar de arreglar el sótano con Johnny.

Simplemente me acosté y me dormí, sin querer, con el Diario de Mila entre mis brazos.

Al día siguiente me fui al centro comercial, le había prometido a Johnny conseguir algunos artículos deportivos para colocarlos en el sótano, una caminadora era muy costosa y no estaba como para hacer esos gastos, pero su pude conseguir algunas pesas, quizás después pueda conseguir más cosas, ¿Quién sabe? Estoy seguro que se alegrara de fortalecer sus brazos.

Mientras estaba en el centro comercial me encontré con alguien a quien no veía hace mucho tiempo, y a quien le debía parte de esta momentánea recuperación, debo aceptar que fue ella quien me vio a mi, yo ni me percate de su presencia, quizás por despistado.

— ¿Julio?— me dijo a unos metros y me dio el alcance, yo estaba en artículos deportivos aun.

Me tomo unos segundos para que mi mente la recordara.

— Soy yo, ¿me recuerdas? — me preguntó, yo hice el esfuerzo para recordarla, pero de verdad que no sabia quien era, solo me la recordé cuando vi una tortuga en una cadenita que traía colgada del cuello. Inmediatamente eso me trasportó al café Hot Coffee y mis labios dibujaron una sonrisa y su nombre.

— ¡Marlene!— le dije y le di la mano amablemente estaba algo avergonzado a decir verdad, nos habíamos visto unas sola ves y ella me recordaba perfectamente y yo ni idea.

— ¿No me reconociste, no es así? — me dijo sonriendo.

— No te mentiré, preciosa, no te recordaba — le sonreí avergonzado.

— Descuida, yo tengo una memoria fotográfica, quizás exagero, pero esa barba no la olvidaría — me sonrió.

Decidí invitarle un té en la cafetería del Centro comercial, ella me lo aceptó encantada, quería saber como me había ido y yo tenía que agradecerle lo mucho que me ayudo su consejo.

— Vaya, me alegra ver que ese semblante de dolor se ha ido de tu rostro, no definitivamente, aun capto siento sentimiento en tu rostro, aunque no es dolor como tal… no se que es — me dijo en la cafetería, por suerte accedieron a servirnos té con Miel.

— Insisto en que eres una bruja, Marlene. — le sonreí.

— No, es solo que me fijo en los rostros y en lo que reflejan, pero es bueno, hay una gran diferencia entre el Julio que vi hace unas semanas y el que veo ahora, me alegra haberte encontrado, cuando me fui de Hot Coffee a decir verdad me quede pensando en ti, en ese dolor, y pues pensé que te hundirías en el…— bebió de tu taza.

— Pues no te diré que no estuve a punto de perderme en el, y también tenia ganas de verte, he ido algunas veces más a Hot Coffee, quizás no coincidimos, pero quería agradecerte, ¿sabes?

— ¿a mi pro que?— me preguntó extrañada.

— después de que te fuiste y de la platica que tuvimos me dejaste mucho pensando en que hubiera querido esa persona que se fue que hicieran sus seres amados… de verdad que no me saque esa idea de la mente.

— ¿y que hiciste?

— Pues lo mismo que tu, busque sus diarios…

— Los diarios de tu Novia…

— No era mi novia, ella era…

— Bueno, pero escribía en un diario…— me interrumpió.

— Si, ella escribía, a decir verdad escribió 3, los últimos 4 años años de su vida estan plasmados en ellos, ya he leído los 2 primeros, y esta noche comenzare con el ultimo, el que…

—el que dejó incompleto.

— Si, ¿te pasó lo mismo?

— Así es, también leí los diarios de mi novio y cuando llegué a ese ultimó… —bebió su té—…te diré que estaba muy preocupada, en mi mente se presentaban miles de ideas, ¿sabes? ¿Qué abra escrito? Cuales fueron sus últimos deseos, ¿lo abra plasmado?... me daba mucho miedo. — me dijo con seriedad.

— ¿Qué hiciste?

— deje de lado todos mis temores, ¿Qué mas podría hacer? Sabia que al terminar de leer sus diarios el… el se abra ido, ya no estaría, pero… a la ves siempre estaría ahí para mi, — se colocó la mano en el pecho y luego la cabeza— en mi corazón y en mi mente, para siempre, su ultimo deseo fue que yo fuera feliz, no se por que lo escribió, peor en el ultimo párrafo me deseó mucha felicidad, deseaba que yo fuera feliz eternamente, que mi sonrisa no se borrara nunca…cada ves que recuerdo esas líneas me alegro, y trato de cumplirle ese deseo, por que… se que el me esta observando.

Bebí de mi taza de té en silencio unos segundos, lo que ella me estaba diciendo era sorprendente, muy tierno, sentía alegría por ella.

— En cuanto a ti— continuó— creo que no debes de temer, creo que debes ser optimista, llega al final, y saca lo mejor de esos diarios, estoy seguro que te haz enterado de cosas buenas, quizás algunas no muy buenas, pero no debes dejarte vencer, ya que estoy seguro que esa persona que perdiste lo ultimo que pudo haber deseado seria verte triste, si de verdad te amaba, creo que lo único que querría seria verte triste.— luego de decirme eso me sonrió dulcemente, de algún modo sus palabras me daban animo y alejaban ese miedo que sentía por el ultimo diario.

— Por alguna razón tus palabras me animan mucho, Marlene, al escucharte ya no em da tanto miedo abrir ese Diario. Tu me ayudaste, me aconsejaste sin si quiera conocerme, ¿no serás un ángel o si?— le pregunté sonriéndole.

— No, claro que no— se rió graciosamente— solo soy una mujer que al igual que tu ha sufrido la perdida de un ser amado y que sabe lo que es ese sentimiento, ese vacio en el corazón y no se lo deseo a nadie.

— Pues gracias, espero que al terminar de leer ese ultimo diario todo resulte bien y en algún momento me vea igual que tu, alegre por completo.

— Estoy segura que si, me gustaría verte en algún tiempo y saber que estas mucho mejor…y sin esa barba, ya pasó de moda— me sonrió, de la misma forma yo también reí.

— te prometo que la próxima ves que me veas estaré afeitado y con un mejor aspecto.

— Pues espero que si, aunque… voy a viajar, salgo el lunes, me voy a Miami, una amiga me encontró trabajo de maestra.

— ¿eres maestra?

— Si, doy clases de…— Entonces su celular sonó interrumpiéndola—… vaya, creo que ya debo irme, Julio.

Nos pusimos de pie.

— Entiendo, fue un placer encontrarte, Marlene, entonces…hasta que nos veamos algún día…. — le extendí la mano.

— Pues si, no se cuando regrese, pero cuando lo haga, te prometo que te encontrare, o a lo mejor el destino se encarga de unirnos nuevamente, espero que para ese tiempo esa expresión de tristeza en tu rostro se haya desvanecido completamente, tengo la seguridad que si. — me dio la mano y se fue.

Yo termine mi taza de té y luego continué con mis compras.

Hablar con ella de algún modo me había vuelto a ser de mucha utilidad, había despejado el temor que sentía, ahora tenía incluso ganas de leer el último Diario de mi Hija.

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