El Diario de Mila Capitulo 60: Leeme

Hasta que las hojas dejaron de volar por los aires ella y yo nos quedamos en  completo silencio, no había que hacer, no la había visto en días, no la había llamado, luego que prometí hacerlo, la verdad es que me sentía algo nervioso, incluso asustado, aunque por otro lado se veía tan hermosa con ese traje que traía, tan elegante como ella, no podía dejar de verla, la luz del sol, el ambiente otoñal, todo era perfecto a su alrededor, ni las tumbas a nuestro alrededor le restaban belleza a su talante.

— Julio, no me imagine encontrarte aquí— fue ella quien rompió el hielo hablándome y acercándose a mí y extendiéndome su mano amablemente, la verdad pensé que lo mejor hubiera sido que yo lo hiciera.

— Pues… igual yo, he… es una agradable sorpresa, claro, pero… no pensé verte hoy, Jessica…— solo eso pude decir, no dije hola, ni pregunte por como estaba, solo pude decir eso como primeras palabras, estaba nervioso.

— Hoy solo tenia trabajo hasta el medio día y… pues recordé que hacia un buen tiempo que no venia y se me ocurrió venir— se inclino y comenzó a colocar las flores en la tumba de milagros— que bellas flores, ¿recordaste que le encantan las rosas rojas?— me preguntó.

— Pues, no, no sabia que le gustaban esas, solo… me parecieron hermosas y se las traje, Jessica.

— Pues son bellas, a ella le encantaban, siempre que íbamos por ahí y alguien las vendía me hacia comprar un ramo enorme y lo colocábamos en casa…— se puso de pie entonces y se quedó en silencio observando la tumba de Mila, seguramente estaba hablándole en silencio, respete eso y de la misma forma me quede en silencio a un metro de ella. Entonces unos segundos después suspiró— Mi hijita… como te extraño, — dijo en vos baja, pero la escuche, luego de eso suspiró nuevamente, y dibujando una sonrisa miro hacia mi. — iba a llamarte en estos días, para… que viniéramos los 2, ¿recuerdas que prometimos hacerlo?

— He… si, claro, no lo he olvidado, es que… he tenido algunas cosas que hacer y… no he podido, pero te juro que te iba a llamar, te tengo que regresar el paraguas de todas formas…—¿Qué demonios tenia que ver el paragua? Pero no podía pensar bien, tenerla en frente me afectaba mucho.

— No, olvídalo, de todas formas tengo otro igual, — me sonrió y entonces miro a su alrededor luego camino unos pasos— ¿sigues leyendo los diarios de Mila?— e preguntó entonces.

—Si, estoy terminando el segundo, ya… me faltan unas pocas hojas y lo termino.

— Ok, recuerdo que… el ultimo se lo di más o menos en el mes de junio, o finales de mayo, — regreso unos pasos hacia mi. — ¿te han ayudado?— me preguntó.

— Pues… si, me hace bien leerlos, Jessica, he descubierto cosas interesantes de nuestra niña, ¿Sabias que tenia su propia Hermana?— le dije sonriendo.

— ¡¿Ah si?!— me preguntó con sorpresa.

Entonces comencé a contarle de Ada y de algunas otras cosas curiosas que había encontrado en los diarios de Mila, por su puesto obviando las cosas que había escrito Mila de Jessica, no tendría sentido contarle esas cosas.

  Entonces estaba enamorada de un chico de su escuela, pues… nunca me dijo nada — Me respondió al hablarle de Ramiro. — creo que lo tubo bien escondido, aunque… recuerdo que las ultimas veces que hablamos me hablo de un amigo… pero… a decir verdad no pensé que fuera nada tan importante, creo que debí poner más atención.

— Pues la verdad a veces me pongo algo celoso, ¿no es raro? Creo que estoy loco…

— No, creo que es muy tierno que te pongas celoso…. — me dijo sonriéndome.

Yo no pude más que responder a su sonrisa con otra sonrisa, aunque la mía guardaba detrás un gran amor.

— He… recupere mi trabajo— le dije entonces, ni se por que razón, ya que no venia al caso.

— ¡¿De verdad?! ¡Vaya, eso es genial, Julio!— me dijo muy contenta y colocándome la mano en el hombro— De verdad eso es muy bueno, me alegra, me alegra que estés rehaciendo tu vida, ¿con Gustavo?

— Si, en un mes más estaré comenzando con unos planos para n terreno que a comprado, será un gran proyecto…

— Vaya…me enorgulleces— Otra razón más para no querer fracasar y regresar a mi depresión.

— ¿y tu? ¿Cómo va todo? — Un momento después me arrepentí de haber preguntado eso.

— Pues bien, todo esta fantástico,… ya acepté el trabajo en Londres…— me dijo y mi mundo se oscureció nuevamente, fue como caer en un agujero oscuro sin fin, solo asentí mientras continuaba hablándome—… viajo en unas semanas más, ya todo esta prácticamente listo, solo tengo que terminar unos trabajos que tengo en la empresa, a penas los termine creo que podre viajar tranquilamente. — me sonrió yo solo asentía con una sonrisa que me esforzaba por mantener, entonces miro en dirección a la tumba de Mila. — Voy a extrañar… tener a Mila cerca, es decir, venir a visitarla…— me miró y me tomo de la mano, presionándola fuertemente, su mano estaba tan tibia, era… era extraño, sentí una corriente por todo el cuerpo— Prométeme que vendrás siempre trayéndole muchas flores, Julio, Prométemelo. — me dijo con una expresión de tristeza que la verdad ¿como podría negarme? Ni yo mismo sabia si regresaría nuevamente en algunos días más, no sabía si tendría las fuerzas, si le prometía eso temía romperle la promesa, era mucha tensión, pero solo había una respuesta posible:

— Te lo prometo, Jessica, te lo prometo, le traeré muchas flores, por nosotros dos, te lo prometo — le sonreí, luego de eso me soltó la mano y la metió en el bolsillo de su saco.

— Lo más difícil de este viaje es justamente alejarme de todo lo que tengo en esta ciudad, que prácticamente solo son Mila y… bueno tu y tu familia… pero… es una gran oportunidad y… sin duda voy a regresar en algún momento, eso es obvio y mi hermana dice que así será más fácil visitarme…

La forma en que me decía todo eso denotaba que ese viaje la hacia tener sentimientos encontrados, estoy seguro que ella quería ir, era una gran oportunidad para su carrera, pero dejaría aquí a su hija, su recuerdo, y estoy seguro que eso la hacia sentir muy mal. Yo sentía unas ganas inmensas de que ella no viajara, pero a la vez pensaba en lo injusto que seria anteponer mis deseos a los suyos, decirle que no viaje y que se quede, pues… eso seria muy egoísta.

— Yo, yo solo te puedo decir, Jessica que… que te deseo mucha suerte, y… cuando estés lejos, pues… pensare en ti, te escribiré… — le sonreí aunque de verdad no deseaba hacerlo, mis labios decían algo que no sentía.

— Gracias, Julio, tu apoyo es importante para mi, ¿sabes? Por que… por que… si tú me dijeras que no viaje…no viajaría…

Cuando dijo eso simplemente toda mi mente quedó en blanco, tenía una comodín, me había dado ella una carta para poder ganar la partida, ya estaba, solo debía decirle que no se vaya, que se quede conmigo, que la amo. Pero no, no seria justo, ni para ella ni para mi, no aun, no así, no con todas esas cosas en mi cabeza, tenia que guardar la calma, tenia que pensar en ella, no en mi.

Me calme, trate de no dibujar expresión alguna, mire la tumba de Mila y me relaje, trate de ser lo más elocuente posible y calmadamente le respondí:

—No. No te pediría eso, Jessica, se lo importante que es este viaje, tu trabajo, — le sonreí— no diré que no me gustaría que te quedes, compartir más contigo, sabes que me gusta pasar el tiempo contigo, pero… esto es algo muy importante y…— miramos la tumba de Mila—… yo cuidare de Mila, mi madre también, jamás nos olvidaremos o descuidaremos su tumba, siempre estará hermosa, estaremos esperando a que regreses, eso lo se, le lo aseguro,— no podía asegurarlo, pero tampoco podía hacerla sentir dudas— puedes viajar tranquila, todo estará bien aquí…— termine con una sonrisa que solo sostuve al ver su mirada.

— Pues…Gracias, Julio, me dejas más tranquila, yo… todo esto que se viene es tan grande que a veces me asusta.— Entonces saco su mano del bolsillo y volvió a tomar la mía.

— A mi también me asustan los cambios que esta dando la vida últimamente, me aterra, pero… debemos seguir, por nosotros… por Mila.

Permanecimos en silencio durante unos cuantos minutos, tomados de la mano, fue mágico debo agregar, rezaba en mi mente para que ese momento se quedara en el tiempo y que jamás nos soltáramos, la sentía tan cerca a mí, tan cerca a Mila, era la primera ves, a decir verdad, que estábamos los 2 frente a Mila, como una familia, aunque mi pequeña no estaba a nuestro lado, solo sus restos, pues la sentía cerca, era como si ella nos observara y sonriera, no se si Jessica haya sentido lo mismo que yo, pero por alguna razón ella sonrió al igual que yo cuando nos miramos ambos sonreímos nuevamente, vaya que si esto fue un truco de Milagros desde donde sea que este ahora, se lo agradezco con el corazón, ya que por unos cuantos segundos sentí a mis 2 grande amores muy cerca a mi, aunque fuera solo unos segundos.

— ¿Eso que traes ahí son…?— me dijo observando la bolsa en donde traía el diario de Mila.

— Si, estuve leyéndolos un rato antes de venir aquí— le dije y nos soltamos cuando ella se inclino a recoger la bolsa que estaba a un lado de la tumba de Milagros.

— me gustaría leerlos, pero… es increíble que aun no sea capaz de hacerlo…

— También me daba miedo, pero después es como una linda historia— le sonreí— aunque una que no tendrá un final feliz.

— ¿Quién sabe? — me dijo, pero no entendí, aunque tampoco pregunte el por que de su idea, preferí dejarlo así — ¿por que no me lees un poco?— me dijo, nuevamente me sorprendió.

— ¿Cómo dices?— pregunté algo confundido.

— Si, que me leas— me dio el Diario. — quizás nunca tenga el valor de leerlo así que… ¿Por qué no me lees un poco del diario? creo que no hay mejor lugar que este,— me dijo sonriendo— será como escuchar a mi pequeña.

Jessica se sentó a la sombra del árbol y yo entonces me acomode al lado de la tumba de Mila, no me iba a negar a pasar unos minutos más con Jessica, menos a leer el Diario de Mila, aunque debo aceptar que seria extraño hacerlo en su delante.

Abrí el diario  comencé a leer.

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