El diario de mila capitulo 55: Cajas


 A la mañana siguiente.
7:30 am
— ¿A que hora llegará Gustavo? — me preguntó mamá mientras nos serbia el desayuno a Johnny y a mi.
— A eso de las 8 dijo, después tengo que ir con el a ver unos terrenos para su nuevo proyecto.
— ¿Vas a volver a trabajar, hermano? — me preguntó Johnny.
— No lo se aun. — contesté.
— Deberías aceptar la oferta de trabajo que te esta dando Gustavo, no solo por que es tu amigo, si no por que no me gusta que desperdicies tu talento, hijo.
— Pues debo aceptar que la idea no me parece tan mala como antes, pero no me puedo decidir aún, no creo estar lo suficientemente listo para volver a enfrentarme al trabajo.
— Bueno, Julio es tu decisión, pero debes darte cuenta que tus ahorros se están agotando hijo, y la pensión de tu padre no siempre nos alcanza.
Se sentó a la meza con nosotros a desayunar.
— Lo se mamá, no creas que no he pensado en eso.
— Ahora tengo que ir justamente a cobrar la punción de tu padre, iré después de recoger los resultados de mis análisis.
En eso recordé que tenía que ir con mamá al hospital.
— ¡Se me había olvidado! Teníamos que ir al hospital el día de hoy. Creo que dejare lo de la iglesia para mañana.
— No hijo, ya te dije que no es necesario que me acompañes, solo me haces sentir… vieja e inútil, ¿crees que no puedo ir yo sola?
— no es eso mamá, es solo que quiero estar ahí para que me digan que es lo que tienes y como salieron esos análisis, simplemente eso.
— pues ya te contaré yo, además ya te dije que no creo que sea nada grave, hijo. Ya escuchaste a la doctora. Así que tu sigue con tus planes, yo tengo que ir primero a hacer cola para cobrar el cheque de tu padre, después al hospital donde seguramente me harán esperar también, y de ahí compraré las cosas para la comida, no se a que hora terminará y la verdad no quiero que te aburras, yo puedo ir sola, tu ve a la iglesia, saluda al padre y después con Gustavo
— pero mamá, de verdad te quiero acompañar, puedo llevar las cosas a la iglesia mañana. — insistí.
— ya te dije que no, no seas tan preocupón, cuando regreses yo te contaré que me dijo la doctora, ¿de acuerdo? Además tu amigo ya no tarda con la camioneta, no lo haras venir hasta aquí en vano— me dijo muy convencida.
Pensé que no me serviría ahora insistirle a mamá, además quizás tenia razón y la podría hacer sentir inútil, algo que mamá no es.
— De acuerdo mamá, iré a la iglesia llevando las cosas, pero me contaras absolutamente todo lo que te diga la doctora he.
— Por su puesto, hijo, ahora apúrense a desayunar, sobretodo tu Johnny ya se está haciendo tarde.
Después tal y como me dijo, Gustavo se apareció a las 8:20 con la camioneta.
— Vaya veo que se ha mantenido en buen estado tu camioneta — le dije acercándome
— Si, es muy buena camioneta ya está algo vieja, pero funciona muy bien ¿Qué vas a llevar en ella a la iglesia?
— unos muebles que encontré en mi sótano, están en buen estado y a ellos siempre les hacen falta cosas — le dije. — además hace mucho que no voy
— ya veo, ¿tu hermano te ayudara a subir las cosas a la camioneta? — Me preguntó
— no, el ya se fue a la escuela, pensaba decirle a un vecino que me ayudara.
— faltaba más, yo te ayudaré, tengo tiempo.
— no, no te molestes, yo le diré a algún vecino.
— Vamos, déjate de tonterías — me dijo entrado a mi casa — vamos por esos muebles
— Está bien Gustavo, vamos. Pero si te lastimas no será mi culpa jejeje… — fui tras el
— No estoy tan viejo, Julio — también sonrió.
Dentro
— Buenos días Gustavo, me da Gustavo verte por aquí, ¿ya desayunaste? — le preguntó mamá
— Buenos días, Sra. Si, ya desayune antes de venir, gracias.
— Se ofreció en ayudarme a cargar los muebles en la camioneta, mamá.
— ¿De verdad?, gracias, Gustavo, eres un buen amigo.
— Jejeje.. No es nada Sra. Es un gusto ayudar a Julio.
— Bueno, esos de ahí son los muebles; los de color crema, los coloqué en mi sala provisionalmente. — nos acercamos a ellos.
— Pues si, se ven bien — se sentó en uno de ellos — y están bastante conservados, no se sienten ni los resortes o la madera.
— creo que si en la iglesia no los usarán podrían venderlos.
— estoy seguro que algún uso les darán. Ok, comencemos a trabajar. — dijo.
— Manos a la obra — dije.
Comenzamos a mover los muebles, la verdad es que la pasé muy bien con Gustavo, había olvidado lo divertido que era pasar tiempo con mi amigo, recuerdo que siempre solíamos salir los fines de mes a tomarnos unas copas, recuerdo que la pasábamos muy bien junto con los chicos del trabajo, siempre era una fiesta con Gustavo, era el alma de la fiesta, noté que no ha perdido para nada su sentido del humor en estos últimos años.
Al final entre bromas y bromas logramos terminar de cargar todas las cosas en la camioneta. Aunque nos tardamos más de lo que supusimos.
— Creo que después de todo tienes razón y me convendría bajar unos kilitos — me dijo sonriendo y recostándose sobre la camioneta, — tráete unas cervezas frías ¿no?
—No tengo cervezas, lo lamento, amigo, pero tengo jugo de naranja.
— Ok, esta bien, necesito algo frio.
Fui por los jugos y los traje.
— ¿y haz pensaso en lo que te dije? — me preguntó.
— ¿Acerca de que? — le dije mientras bebía mi jugo.
— ¿No recuerdas que prometiste pensar si aceptarías trabajar conmigo nuevamente?
— Es verdad, bueno, lo he pensado y pues… creo que podría aceptarlo, aunque aun no estoy tan convencido, amigo.
— Bueno, aun falta para comenzar las obras, yo sigo teniendo la esperanza que aceptes, como te he dicho creo que contigo en las filas de mi empresa todo saldrá genial y nos haremos ricos — sonrió
— te prometo que te daré una respuesta muy pronto, amigo, en serio que si.
— de acuerdo, solo espero que esa respuesta sea positiva. — me sonrió nuevamente.
 En eso mi celular sonó.
— ¿Quién será? — no reconocí el numero.
— contesta, asi sabras quien es, jejejeje… — me dijo Gustavo.
— si, — contesté entonces. — ¿hola?
— ¿Sr. Carlin? — me dijeron — ¿Julio Carlin?
— Si soy yo ¿Quién es?
— soy yo, Eugenio, era casero de su esposa, la Sra. Jessica usted vino a mi edicicio hace unas semanas atrás.
— Ah, Eugenio — me había olvidado que le había dado número. — ¿Cómo estas? ¿Qué ocurre?
— Bien, gracias, Sr. Carlin, lo que ocurre es que ya renté el apartamento y tengo las cajas que su esposa dejó en uno de los cuartos, la verdad es que están estorbando, no me lo tome a mal…
— Si, entiendo, no se preocupe.
— Queria saber si las recogerán o de plano las puedo tirar.
—No, no, no las tire… he… — miré la camioneta y las cosas que llevaría a la iglesia —.. ire ahora mismo por ellas, no las tire, en menos de media hora estoy por ahí, ¿ok?
— De acuerdo, Sr. Carlin, se lo agradecería mucho.
— Bueno, nos vemos en un rato, Eugenio.
Cortamos.
—¿Qué pasó? — preguntó Gustavo.
— Tengo que ir a recoger unas cajas del apartamento de jessica, bueno, al ex apartamento.
— Ya veo, vamos por ahí, Me dejas en la avenida.
— De acuerdo.
Había olvidado totalmente esas cajas, al parecer Jessica no había ido por ellas, se me ocurrió que podría llevarlas a la Iglesia, recordé que habían unos cuadernos y algunas cosas de Mila que quizás servirían para algo en el convento, estaba seguro que a Jessica no le importaría, por su puesto no dejaré las fotos de Milagros. Pero si los juguetes que habían ahí, estoy seguro que harían feliz a algunos niños.
Pare en el paradero, Gustavo tenia que ir a ver algunas cosas como dijo.
— Entonces nos vemos a las 3, ¿no? — me dijo.
— Claro, no te preocupes, amigo.
— De acuerdo, — me dijo bajando de la camioneta. — Aprovecha que estarás en la iglesia y pídele a dios que me vaya bien en mi proyecto, iría yo, pero no tengo mucho tiempo, jejeje….
— Ok, jejeje… hasta luego, Gustavo.
— Chao!!!
Me dirigí entonces al ex apartamento de Jessica, menos mal le había dado mi numero a Eugenio, de no ser así seguramente hubiera tirado esas cosas.
Al llegar toqué el timbre del primer piso para llamar al cacero
— ¿Buenos días? — contestaron, era el.
— Buenos días, soy yo; Julio Carlín, bien por las cajas.
— Ah, ahora mismo se les llevo. — me dijo.
Me aleje un poco para tratar de ver el apartamento donde había vivido mi pequeña, lamentablemente solo se podía ver parte de la puerta desde donde estaba.
Recuerdo que cuando venia aquí algunas veces me gustava jugar con mila atraves del intercomunicador.
— Hola, ¿quien es? — contestaba Mila a través del intercomunicador cuando yo tocaba el timbre.
— Si, ¿alguien encargo unas pizzas?... un de peperoni, una jahuayana y una clásica. — decía yo alterando mi voz
— No, aquí no, se debe haber confundido — decía.
— Pues me dijeron que se las llevara al apartamento 103, que una señorita… Milagros Carlín las había ordenado.
— ¡¿Qué?! Yo no ordené nada… ¡Ah papá ya te vi eres tú! Jejejeje… ya me la estaba creyendo. — me decía riendo.
— Ábreme, mi amor, si traje las pizzas.
Siempre la veía pasar corriendo por ese balcón, corriendo a abrirme la reja. Es extraño saber que después de hoy, de recoger estas cajas ya no tendré razón alguna para venir a este lugar, lugar que me trae tantos recuerdos.
Unos momentos después.
— Aquí tiene, amigo. — Eugenio abrió la reja y me dio las cajas. — no la he abierto para nada, si desea…
— no se preocupe, amigo, confió en su palabra. Más bien, déjeme despedirme de usted, no creo que vuelva a verlo, — le di la mano — suerte amigo…una pregunta ¿Quiénes se mudan al departamento?
— una pareja de recién casados, una pareja joven, la Sra., esta embarazada, le dieron muchas vueltas al apartamento y recién se decidieron hace ayer.
— Me alegra.
— Parecen buenas personas, bueno, suerte a usted también, Sr. Carlin. Envíele mis saludos a la sra. Jessica… ¿la encontró? — me preguntó.
— Si, aunque no se si la vuelva a ver, pero si es así le enviaré sus cordiales saludos.
Coloque las cajas en el lado del copiloto y me dirigí a la iglesia.
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