El cuzquito de don Silva.

Categoría(s): Relato.

    Me cuenta Evelia Silva durante un asado en La Abrita, que, en una oportunidad don Carlos Silva, su padre, puestero en un paraje de la estancia “El Cerrillo”, siendo ya un hombre de edad avanzada venía siguiendo las huellas de un felino salvaje y dañino.
     Su acompañante era un puestero vecino de nombre Eusebio, muchachón fuerte, de buena estatura, que venía armado con un “seis tiros” y lo seguían dos perros bravos de gran tamaño y ladrido fuerte. En cambio, él llevaba sólo un palo a modo de bastón y un cuzquito peludero y bullicioso.

 

     Ágil y de rápido caminar, Eusebio se había adelantado con sus perros unos cuantos metros a don Silva. De pronto baja de un salto a una barranca y se encuentra con un enorme puma a pocos metros de él. Eusebio se asusta y seguramente se asusta el puma también. Los perros ladran. El joven dispara los seis tiros de su revolver, pero nervioso no da ninguno en el blanco.
     Siente don Silva el alboroto, y, mientras su cuzquito corre y se lanza por el barranco, él apresura el paso.
     Cuando se asoma observa la escena de Eusebio y sus perros grandes ya descripta, y ve que su perrito peludero está prendido del cuello del felino en un furioso mordisco, en tanto el puma menea su cabeza y sangra por la yugular, tratando de sacudírselo.
     Don Silva toma a la fiera de la cola y la voltea como se voltea a un ternero en la yerra. Para atontarlo, le pega fuertemente en la cabeza con su bastón de palo que se quiebra, y montándolo como se monta a un potro le clava su facón de hoja filosa y canaleta que le llega al corazón y muere.

 

     Cuando todo pasó, don Carlos Silva se apea lentamente del cuerpo del animal sangrante, limpia su cuchillo en la arena, lo envaina y mira a Eusebio que se pone colorado. Era guapo el mozo, pero había sido su primera vez y ya en otra oportunidad habría de mostrarle su bravura.

 

     Cerrando el relato la hija de don Silva me cuenta que los perros grandes olfatearon al puma con la cola entre las patas; y yo intrigado le pregunto:

 

     -¿Y el cuzquito? –a lo cual ella responde:

 

     ¿El cusquito? ¡Lo hubiera visto! ¡Como si nada!

 

Nota del autor: Escuché la anécdota en Naschel, en el valle del Conlara, San Luis. Viñetas del tiempo viejo.
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Comentarios:

Escrito por: Norberto       03/10/07 01:49
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Ese es mi propósito. Gracias nuevamente, Cynthia.
Escrito por: Poesiacarnivora       01/10/07 06:17
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Yo también me preguntaba por el cuzquito, es que es el héroe de la historia.
Como estoy disfrutando , hacía tiempo que no pasaba por tus letras y ahora estoy tomando una sobredosis de Norberto, y guauuu, si la estoy disfrutando.
Gracias por estos relatos tan ilustrativos, y digo eso, por que muestran en cierta medida el sentir de la gente.

Un abrazo, que las hadas te acompañen.
Escrito por: Norberto       28/09/07 03:18
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Guadalupe, ojalá siempre te dejhes llevar de esa manera, describes muy bien y a mí, como que de la narrativa soy y habitualmente me voy por las ramas (para luego tachar y tachar), me interesan tus explicaciones narrativos. Mi madre les decía "incontinencias narrativas"... Chau, santafecina y gracias por usar tu tiempo en mis textos.
Escrito por: guadalupe40       28/09/07 00:23
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Estoy muy entusiasmada leyendo tus relatos...me encantan, son buenísimos y trato de conocer un poquito más de tu San Luis. . . acá en Santa Fe exite un paraje Los Cerrillos que se menciona en la canción de Julio Migno y Ruben del Solar "La Costerita" por los Cerrillos y las Cuatro bocas..., y allí en ese paraje se mató con su auto Carlos Monzón, existiendo un monumento del tamaño de su talla real... perdón me deje llevar... Guadalupe de Santa Fe capital
Escrito por: Norberto       27/09/07 14:25
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Gracias a vos, Ricardo. Cada vez que me leen y me hacen un comentario me emociono un poco, pues distraen su tiempo en mi. Me hace sentir muy bien... y no tiene nada que ver con el ego (que también lo tengo).
Escrito por: ricardo48       27/09/07 05:06
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Ese relato del puma me hizo recordar uno parecido que contaba mi padre allá en San Luís como una leyenda lugareña. Lo recordé con cariño lindo relato gracias amigo.
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