EL CONSEJO DE SIMEÓN
(
)"Ave Mária purísima", Dun Pedru saludó con amabilidad el campesino, metido en su poncho y su sombrero, ¿virdá to guagua vas parir?
"Sí, Dun Símeon se apresuró a responder el Pedro, pero no pudo ocultar su orgullo de sentirse padre por primera vez; y, para disimular su nerviosismo, estrujó su poncho para escurrir el agua de la lluvia. Como llevaba mucha prisa, iba a continuar su camino, pero Don Simeón se lo impidió, diciendo:
Intoncin, aquí ti empresto jaboncito pa'tu crío; úsalu un sola vez, dispuis melo divuelvis; melu mandó Mi'ja. Y sacando su tesoro de una cajita descolorida, todavía envuelta en papel de regalo, entregó el jabón con exquisita tacañería.
Diositu tilo pague, Dun Símeon; me estarí pasando. Me Tomasa ya istará cun ganas de parer.
Ispera poquito, Dun Pedro
, ispera, agregó en tono solemne y, ocultando su pena debajo de su sombrero, el anciano terminó de enjugar el recuerdo de su hija ausente.
Pedro se sintió conmovido por la sincera emoción del venerable campesino; de gran saber, pero pegado a su pasado; listo para quejarse de su soledad y dolencias, o para dar consejos -cuándo no-. Esta ocasión no podía ser distinta. Don Simeón, poniendo su mano derecha sobre el hombro de Pedro y, acentuando palabra por palabra, casi con actitud paternal, le dijo:
Dun Pedro..., todu lo qui sabimos, vieni del pasao; todu lo qui aprindemos, is para il futoro. Entoncis, tinemos que aprinders bien; delo cuntrario, inseñarimos mal a nuistros críos. Quien no vive il pasao, no existi, y quien no dísea il foturo istá muersto. Puriso hayqui sabers vivers il presenti. Heridars il pasao con honors, para dars il máñana con valéntia. Esi is so tárea del hoy. Si en to pasao aprindiste a vivers con bien, nunca viverás el máñana con mal. Comprendirás, entoncis, qui el ayers se niega a morirs. Pureso il historia vive.
Muchas gracias, Don Símeon, muchas gracias ti istuy dandu. Ya il sol mistá ganandu; me istaré pasandu. Y uniendo acción a sus palabras, Pedro urgió a su jumento para que apresure el paso; el cuadrúpedo roznó con escándalo para certificar su protesta. Un viento fuerte resopló los andes, empujando a Pedro para que aligere el paso y, para que no quede ninguna duda, también le tumbó el sombrero como presagio de buena fortuna. Me sumbreru vientu me ha quitau, caraju; seguru me guagua ya parió il Tumasa. Y empezó a correr rumbo a su choza , loco de contento( )
|
Imprimir |
Enviar historia |
