- Ya, ya demostraste que eres un bravo, ahora eres mocho de ambas manos y nadie te podrá acusar de cobarde. No sigas en tu obstinación y dime lo que quiero saber. Total no les debes nada a esos cholos de mierda.
Los oficiales , técnicos y suboficiales siguen pasando por el banco de los testigos, respondiendo las miles de preguntas que les llueven como metralla, muchas veces repetidas, cosa que se contradice con la teoría de que una bomba jamás cae en el mismo lugar. Todos tratan de salvar su responsabilidad personal negando haber participado en los hechos, aunque reconociendo haber sido testigos, sin señalar culpables. Todos se amparan en la obediencia debida a las órdenes superiores, sin revelar jamás quién las daba. Todos omiten testificar que la cadena de comando partía de la cúpula del poder, del triunvirato perverso, que era dueño del país y sus instituciones en aquellos años. Ahora mis sombras me miran casi con ternura, como si comprendieran mis cuitas y mi insomnio. Cada día de juicio me instan a encender la televisión para seguir atentamente los pormenores de las audiencias, las cuales van lunes, miércoles y viernes de 09.00 hasta más o menos las 18.00. Ya me he acostumbrado a preparar un enorme balde de cancha del que comemos todos, sí, las sombras ahora comen o mejor dicho se llevan popcorn a la boca, mientras miramos las incidencias. Bueno, el que come soy yo, ya que ellos solo hacen el ademán de comer mientras que todo lo que se llevan a la boca cae al piso, lo que aprovecha Byron, mi enorme y fiel perro, para tragárselo enseguida. Me he acostumbrado también a comentar en voz alta mis apreciaciones acerca de lo que declaran los testigos, aún a sabiendas que mis interlocutores no me responderán, pero para mi sorpresa un día, una de mis sombras al escuchar alguna de mis observaciones, volteó su cabeza hacia mí, me miró con sus cuencas vacías y movió su cabeza de arriba hacia abajo en señal de aprobación. Me sorprendió que aquél acto no me sobrecogiera en absoluto, sino que lo tomé como algo perfectamente normal y desde ese día, no solo aquél que comenzó a comunicarse no fuera el único en hacerlo, sino que otros lo imitaran hasta llegar todos a manifestarse de similar forma. Ya éramos un grupo unido no solo por la presencia sino que manteníamos cierto tipo de diálogo. Solo faltaba que me hablaran o que yo llegara a comprender de alguna manera lo que querían de mí.
- Muchacho, como instruido que eres debes saber que la gran diferencia que nos separa de las otras especies animales, aparte de ser los únicos que matan a sus congéneres por puro placer, es el dedo pulgar, el que como a los monos, nos permite utilizar a manera de palanca y realizar muchas de las cosas que solemos hacer, como utilizar armas por ejemplo. Sabes que si te amputo alguno de tus pulgares quedarás definitivamente inutilizado de esa mano, de por vida y si ya me conoces un poco sabrás que no es precisamente el izquierdo el que voy a ordenar amputarte, así es que ¿por qué no dejas de ya jugar al héroe y me dices todo lo que necesito saber?
Luego es el turno de los oficiales que comandaban el Escuadrón de la Muerte. Los dos responden fría y tranquilamente a las preguntas que les hace un acalorado fiscal. Ellos, comandos de elite formados en La Escuela de las Américas, como muchos de los oficiales latinoamericanos que se encuentran procesados por crímenes de lesa humanidad en sus países, no caen en las trampas verbales que les plantea el acusador. Ellos, maestros en el arte del espionaje y de la Inteligencia, expertos interrogadores, se pasean con los jueces y abogados de las víctimas. Ambos niegan toda responsabilidad, a pesar de las pruebas documentadas en vídeos y grabaciones magnetofónicas. Son montajes, dicen. Soy un soldado que luchó por su país en contra del terrorismo, nunca asesiné a nadie, solamente cumplía órdenes y si maté a alguno, fue en combate. Las respuestas de los dos son muy similares y se resisten en señalar al acusado como el que autorizó las operaciones clandestinas.
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