El Confesor (Tercera Parte)

Para desgracia de Víctor Raúl, al parecer Dios ese día había decidido salir de pesca.
- A ver muchacho, ya te hice las tres primeras preguntas. ¡Quiero respuestas!
- No, dijo resueltamente Víctor.
- Jefe, córtele un dedito  ver si cambia de opinión el terco este.
El aludido escogió el meñique de la mano izquierda que seccionó antes que la víctima se diese siquiera cuenta de lo que había pasado. Cuando éste vio un chorro de sangre manando de su mano, recién sintió un agudo dolor que le laceraba por completo el brazo y gritó, aulló más bien, porque nunca había sentido un dolor como aquél.
Cuando la sensación de dolor le llegó al cerebro, su capacidad de resistencia no pudo más y lanzó un grito agudo, un quejido hiriente que conmocionó hasta al más curtido de sus verdugos.
- Así es que te dolió mi amor, ¡no? Afirmó más que preguntó el interrogador. Supongo que ahora estarás dispuesto a responder. No le debes nada a los hijos de puta de tus jefes, no seas cojudo y dime lo que deseo saber, ¿por qué dejarte maltratar de esta manera por alguien que ni siquiera es de tu clase?
- ¡Nunca perro! No voy a decirte nada. Representas la escoria de la raza humana que se nutre del sufrimiento de los pobres.
- ¿Pobres? Se ve a la legua que tú no eres pobre, amorcito. Apuesto que tu familia vive en una enorme mansión en San Isidro y que te has educado en un gran colegio privado, hasta apuesto que hablas perfectamente el inglés. ¿Por qué dejarte matar por unos comunistas de mierda?, ¿por unos terrucos hijos de puta a los cuales, apuesto, no les importas un carajo?       
- Nuestra lucha es en defensa del pueblo y no espero que la comprendas, perro. Fue la respuesta ahora casi débil del detenido.
- Jefe, escoja otro dedito. Creo que de la otra manito para dejarlo parejo y no romperle la simetría al joven, ordenó nuevamente Lobo.
La orden se ejecutó rápidamente a pesar de los esfuerzos que hiciera el detenido por impedirlo. Un nuevo chorro de sangre saltó de su mano derecha, seguida del correspondiente grito de dolor. Los enfermeros se apresuraron en controlar la hemorragia con el fin de asegurar la vida y resistencia del interrogado, ya que a raíz de la muerte del castrado habían sido severamente reprendidos y advertidos que no debía morir ningún detenido, por lo menos antes de responder satisfactoriamente el interrogatorio. Lobo se acercó a la víctima, le acarició la cabeza y recomenzó las preguntas.

 

- Ya, ya demostraste que eres un bravo, ahora eres mocho de ambas manos y nadie te podrá acusar de cobarde. No sigas en tu obstinación y dime lo que quiero saber. Total no les debes nada a esos cholos de mierda.
- El mierda eres tú, hijo de puta. No diré nada y para mañana estarás muerto al igual que tu familia, no olvides que el partido tiene mil ojos y oídos y te buscarán y te encontrarán donde sea que te escondas ¡maldito!

 

Los oficiales , técnicos y suboficiales siguen pasando por el banco de los testigos, respondiendo las miles de preguntas que les llueven como metralla, muchas veces repetidas, cosa que se contradice con la teoría de que una bomba jamás cae en el mismo lugar. Todos tratan de salvar su responsabilidad personal negando haber participado en los hechos, aunque reconociendo haber sido testigos, sin señalar culpables. Todos se amparan en la obediencia debida a las órdenes superiores, sin revelar jamás quién las daba. Todos omiten testificar que la cadena de comando partía de la cúpula del poder, del triunvirato perverso, que era dueño del país y sus instituciones en aquellos años. Ahora mis sombras me miran casi con ternura, como si comprendieran mis cuitas y mi insomnio. Cada día de juicio me instan a encender la televisión para seguir atentamente los pormenores de las audiencias, las cuales van lunes, miércoles y viernes de 09.00 hasta más o menos las 18.00. Ya me he acostumbrado a preparar un enorme balde de cancha del que comemos todos, sí, las sombras ahora comen o mejor dicho se llevan popcorn a la boca, mientras miramos las incidencias. Bueno, el que come soy yo, ya que ellos solo hacen el ademán de comer mientras que todo lo que se llevan a la boca cae al piso, lo que aprovecha Byron, mi enorme y fiel perro, para tragárselo enseguida. Me he acostumbrado también a comentar en voz alta mis apreciaciones acerca de lo que declaran los testigos, aún a sabiendas que mis interlocutores no me responderán, pero para mi sorpresa un día, una de mis sombras al escuchar alguna de mis observaciones, volteó su cabeza hacia mí, me miró con sus cuencas vacías y movió su cabeza de arriba hacia abajo en señal de aprobación. Me sorprendió que aquél acto no me sobrecogiera en absoluto, sino que lo tomé como algo perfectamente normal y desde ese día, no solo aquél que comenzó a comunicarse no fuera el único en hacerlo, sino que otros lo imitaran hasta llegar todos a manifestarse de similar forma. Ya éramos un grupo unido no solo por la presencia sino que manteníamos cierto tipo de diálogo. Solo faltaba que me hablaran o que yo llegara a comprender de alguna manera lo que querían de mí.

 

- Muchacho, como instruido que eres debes saber que la gran        diferencia que nos separa de las otras especies animales, aparte de ser los únicos que matan a sus congéneres por puro placer, es el dedo pulgar, el que como a los monos, nos permite utilizar a manera de palanca y realizar muchas de las cosas que solemos hacer, como utilizar armas por ejemplo. Sabes que si te amputo alguno de tus pulgares quedarás definitivamente inutilizado de esa mano, de por vida y si ya me conoces un poco sabrás que no es precisamente el izquierdo el que voy a ordenar amputarte, así es que ¿por qué no dejas de ya jugar al héroe y me dices todo lo que necesito saber?
El detenido, en un paroxismo de lealtad hacia algo que no tenía verdadera idea de conocer, respondió con un escupitajo hacia la cara del interrogador que, sacó de su bolsillo para limpiarse, no un pañuelo común, sino la prenda íntima que reconoció pertenecía a la chica que había sido su compañera y ahora lo era de todo aquél destacamento de animales que se regocijaba con su martirio,  simplemente hizo una inclinación de cabeza hacia los esbirros que manipulaban las tenazas y el dolor que sintió en su mano derecha, no se comparó con ninguno de los que hasta ahora, en su corta vida, había sentido jamás. No solamente físico sino psicológico ya que supo que desde ese momento había sido rebajado a una condición menor que la de un simio de feria y que ni siquiera para eso estaría capacitado en el futuro. Claro, en el muy improbable caso de que tuviera uno.   

 

Luego es el turno de los oficiales que comandaban el Escuadrón de la Muerte. Los dos responden fría y tranquilamente a las preguntas que les hace un acalorado fiscal. Ellos, comandos de elite formados en La Escuela de las Américas, como muchos de los oficiales latinoamericanos que se encuentran procesados por crímenes de lesa humanidad en sus países, no caen en las trampas verbales que les plantea el acusador. Ellos, maestros en el arte del espionaje y de la Inteligencia, expertos interrogadores, se pasean con los jueces y abogados de las víctimas. Ambos niegan toda responsabilidad, a pesar de las pruebas documentadas en vídeos y grabaciones magnetofónicas. Son montajes, dicen. Soy un soldado que luchó por su país en contra del terrorismo, nunca asesiné a nadie, solamente cumplía órdenes y si maté a alguno, fue en combate. Las respuestas de los dos son muy similares y se resisten en señalar al acusado como el que autorizó las operaciones clandestinas.
Ahora, uno a uno van desfilando oficiales de mayor graduación, hasta llegar a los generales. Mis sombras y yo encontramos el asunto muy parecido a una parada militar lástima que estos oficiales no lleven uniforme. Todos niegan que hubiera algún Escuadrón de la Muerte. Después de innumerables y tediosas horas de preguntas, repetidas hasta la saciedad, las respuestas de todos esos dignos oficiales y caballeros, se pueden resumir en una simple frase, que es el más famoso aporte peruano al idioma español, cuando de no decir nada se trata: desconozco mayormente.
El acusado aburrido en su escritorio, porque éste en particular no se sienta en el banquillo, se queda dormido con frecuencia pues al parecer el desarrollo del proceso no le interesa demasiado, y a veces se ladea tanto que todas las miradas y cámaras se posan sobre él y corren las apuestas acerca de cuándo caerá al suelo. Claro, el pobre acusado se aburre muchísimo al tener que tomar notas en sus cuadernos escolares, cambiando frecuentemente de bolígrafos, ya que parece le fascina cambiar de colores y subrayar con marcador. Otra cosa hubiera sido para él si le hubieran permitido portar la lap top que exigió al principio. Con esa máquina no se hubiera dormido, seguramente se habría entretenido mucho desarrollando modelos matemáticos, ciencia en la que es experto.
Creo que voy a organizar con mis sombras una rueda de apuestas para ver cuándo caerá el acusado. 
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Comentarios:

Escrito por: S_Bustamante       14/05/08 00:02
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Hola, Lino.
De nuevo aqui para concluir mi comentario. Creo que de los tres capitulos, el mejor logrado es el primero. Disculpa si soy demasisdo franco, pero las escenas de tortura, perdieron la fuerza. Si bien los malos son malos y lo que hacen es horroroso, en la forma en que desarrollas los dialogos y las incidencias mismas de la tortura, me sonaron forzadas, en particular el discurso de Victor Raul. Lamento, Lino, que hayas cahido en el panfleto porque tienes un gran talento, que si te decides a controlar tu relato con recursos tecnicos mas exigentes, como escritor de historias sobre asuntos sociales, salidos de la realidad, te vas a elevar muy alto.
Te ruego que como lector, comprendas que te hago estos alcances pensando que mi responsabilidad es ser sincero, y lo hago con la intension de que seas mas auto critico al leer tus historias, eso ayuda a crecer como escritor, a darle credibilidad y vida propia y universalidad a tus caracteres. Que Victor no sea Victor, sino todos los Victor que han sido, que son y seran siendo torturados. Y que los torturadores, realmente torturen, que lleguen a hacerte sentir terror y dolor...
Un abrazo apretado, companero.
Sergio.
Escrito por: ClemenRock       11/04/08 10:39
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Una nueva parte de esta fantástica saga. Cuando consigues crear un sentimiento hacia un personaje, como odiarlo, significa que has logrado adentrarnos en tu historia.

Un saludo
Escrito por: Loreto_Silva       05/04/08 04:58
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Lo siento Lino no me gusta este tipo de literatura, con todo lo que pasó en mi país y todos los libros de relatos verdaderos, mi estomago no aguanta.

Sabes me supera, acá en Chile sólo leí "Los Zarpazos del puma" y algo de "La Venda Sexi", mi esposo se los leyó todos (más de 20), no niego la realidad, pero sé hasta donde puedo llegar.

Sé que tu fortaleza es la parte castrense, trataré de buscar otros textos.

Loreto
Escrito por: rotko       02/04/08 02:59
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excelente!!!
megusta todo
el ambiente que has creado
y la foiram de escribirlo!!!!

Te sigo leyendo
Escrito por: Abedul       02/04/08 02:01
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Me haces odiar a tu personaje desde el fondo de mis entrañas.
Páginas: 1

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