El chofer del Audi negro


-Joaquín-
-diga señora-
- acuérdese que debe ir a buscar a mi marido al aeropuerto-
- lo tengo presente señora, ya planifiqué la tarde – Joaquín en impecable traje de chofer disimulaba cierta atracción que tenía por la señora de su jefe, haciendo girar la gorra negra de su traje con cierta impaciencia – a las tres dejaré al joven Oscar en el club de tenis, aprovecharé de confirmar la estadía en el hotel el fin de semana que me pidió que hiciera, de ahí a esperar a las once de la noche en el aeropuerto – dudo un poco – ¿no debería volver por si usted necesita algo, señora Marieta?.
-  No- dijo Marieta con algo de angustia – tómate ese rato de tarde libre – necesitaré un poco de tiempo para relajarme, quiero estar linda para cuando llegue Andrés, se viene un esplendido fin de semana con mi marido… - Marieta calló, no debería tomarse tantas libertades con el chofer, era un recién llegado a la servidumbre de la casa. Sus ideas del fin de semana en que iba a celebrar su décimo séptimo aniversario de matrimonio eran en cierto modo muy personales.
            Joaquín estiró las mangas de su camisa, se caló la gorra y espero al niño de la casa. Maldito engreído, como le gustaría estrangularlo lentamente hasta que le de gangrena en la lengua,  se sonrió de buena gana al imaginarse al pequeño demonio.
-         de que te ríes simplón – la voz de pito del jovencito resonó en el oído herido de Joaquín – el nombre de cuico que te gasta’i, Joaquín… jaja… joaco llévame al club de tenis… jajaja…
De un sacudón el auto se puso en marcha y se detuvo bruscamente, el niño se golpeó levemente en la frente.
-         que te crees… imbecil…-
-         disculpe mi señorito… se me trabó el embrague…- se sonrió sarcástico y de un envión se fue hacia la enrejada puerta de la loma en que vivía la familia.
El recorrido fue tranquilo bajo la fresca brisa marina de la costanera que une Viña del mar con las comunas de mas al norte. Olas medianas, espumosas por los constantes roqueríos entre playa y playa, pintan de blanco las mejillas del niño que sonríe, con la ventanilla abajo de la portezuela del vehiculo, que raudo se dirige al complejo deportivo de Las Salinas. Al pasar por Reñaca, Oscar observa impávido a un grupo de jóvenes adolescentes, con sutiles vestimentas que dejan saborear delicadas figuras femeninas.  – Jujuy… mijita… venga conmigo diosa…-  Oscar le grita sacando la cabeza por la ventanilla de AUDI – las jóvenes algo tímidas y sonrientes saludan con sobriedad entre risas.
-         Que son lindas las mujeres –
-         No cree que es muy joven para andar correteando mujeres –
-         Que sabes tu… además tengo once años… - y levantando el mentón – mi papa piensa que ya soy todo un hombre, así que todas las mujeres tienen que ser mías, eso dice mi padre – miró obsesivamente otro grupo de mujeres un poco mas mayores, pero no se atrevió a decirles nada – y tu?
-         Yo que?
-         No tenís mina?
-         Suelo ser reservado con mis asuntos personales – una pausa incomoda, mientras el niño se mofaba por el espejo retrovisor – y además no es de su incumbencia.
-         Ah!!! entonces debes ser hueco…
-         Que?
-         Hueco, maricón, homosexual, gay… - el niño, sarcástico hizo una pausa – No… no creo que te alcance para ser gay… esos son los huecos con plata… jajajaja…
-         Sigo pensando que es demasiado joven para esas cosas, don Oscar – y sin querer se imagino acariciando a la madre del muchachito.
-         Si sabe mi padre que eres maricón, te echa cagando –
-         Ya lo creo – se sonrió Joaquín
-         Pero no te preocupes… yo me quedo piola, en parte me conviene tenerte de chofer… así puedo hueviarte jajaja… - Oscar estiró lo mas que pudo sus piernas y brazos – ya, y apúrate, que me están esperando las ‘mijitas’ de las salinas.
Joaquín saludo al guardia del exclusivo complejo deportivo Las Salinas. Dejó al joven Oscar en la entrada del gimnasio, pasó por Viña y en forma rápida tramitó las diligencias pendientes. Se fumó un cigarro pacientemente en la costanera de la avenida Perú, matando un poco el tiempo a la espera del avión de su jefe. Vuelo que arribaría al aeropuerto de Viña mucho antes de lo que había presupuestado la señora Marieta. Tomó el camino internacional y a la hora señalada se posaba el vuelo de LAN Chile proveniente de Concepción. Don Andres, su jefe era un consagrado decano y fundador de una prestigiosa Universidad privada de Concepción, y viajaba constantemente a hacer clases magistrales y a intervenir en los asuntos educacionales y económicos de la empresa.
La figura elevada, ágil y educada de don Andres se asomaba entre el gentío. De perfecto terno azul y corbata prendida con estilo, en el antebrazo afirmado un cubretodo oscuro y en la mano su portafolio preferido color marrón oscuro. Buscaba entre la cinta transportadora su equipaje y a veces levantaba la vista buscando a Joaquín. Hasta que equipaje y chofer fueron hallados en el mismo instante. Un saludo cordial a distancia, toma su equipaje y lo arrastra de manera cómoda hacia la salida del hall de arribo de vuelos. Joaquín inclina la cabeza levemente y Andres le sonríe bonachón, no se dirigen una sola palabra hasta llegar al coche, donde pasajero y equipaje se acomodan en su lugar.
-         Como han estado las cosas – pregunta Don Andres desperezándose un poco.
-         Hasta el momento bien, su hijo en la practica de tenis, la señora en la casa aguardando su llegada… - es interrumpido por Don Andres
-         A que hora cree ella que llego?
-         Cerca de las doce de la noche señor
-         Y a que hora vas a ir a buscar a Oscarito?
-         El niño se va a quedar en casa de un compañero, en Viña.
-         Pero no será muy pequeño para andar quedándose en casa de personas ajenas?
-         No es una persona ajena, ni desconocida don Andres – hizo una pequeña pausa – es el hijo de la señora… - y dudó un poco - …Memet.
-         Jajaja… esa zorrita… mmm… ya veo… - Andres se sonrió al recordar el affaire que tuvo hace algunos meses con esa señora – la pasamos bien con ella, cierto Joaco?
-         Cierto jefe… - calculó las palabras – fue una experiencia bastante satisfactoria.
-         Satisfactoria… jajaja… que diplomático estas Joaco… creo que fue una experiencia algo más que satisfactoria.
-         Tal vez sea así señor -
El veloz vehiculo zigzagueó en las calles de Valparaíso para después alejarse del puerto con destino a Laguna verde, donde Andres tenía un departamento secreto.
-         Te gusta mi señora? – gatilló Andres la pregunta de improviso
Joaquín sintió la mirada penetrante por el espejo retrovisor, pero no dejo de mirar la carretera. Midió sus palabras.
-         Es una mujer muy atractiva señor – respondió un poco nervioso
-         Muy atractiva? Deja de ser diplomático. La deseas?
-          No es un tema que me gustaría hablar en este momento.
-         Y en que momento, te gustaría hablarlo? – se acercó por detrás y puso sus manos en sus hombros, un pequeño estremecimiento contuvo Joaquín mientras aminoraba la marcha – te gusta, se que te gusta, y créeme que en parte tiene cierta conveniencia.
-         Señor…
-         No, no, no… no me interrumpas… déjame pensarlo un poco.
Estacionaron el vehiculo en el reservado y subieron al quinto piso de la torre 8. Joaquín comenzó a sudar, su jefe lo había descolocado con su pregunta. Entraron en la sala de estar, Andres prendió la televisión y se acomodó en el futón, mientras Joaquín le preparaba un trago.
Joaquín se sentó en el sofá, rígido, esperando alguna respuesta de su jefe. Mas, Andres disfrutaba de su trago mirando Playboy TV, riendo y comentando de sus andanzas en el sur, del fútbol del fin de semana, del tamaño del miembro de ese actor chascón, y el trasero de la puta de la Silvia Saint. Y Joaquín solo asentía y sonreía nervioso.
-         me gusta conversar con hombres, me relaja… - le dio un sorbo al Whiskey añejo y jugueteo un poco con las rocas de hielo – es mas entretenido que escuchar a mi mujer y sus chismes de vieja cuica.
Al pronunciar a su jefa, Joaquín dio un pequeño respingo, que fue percibido por Andres.
-         Relájate hombre – dio otro sorbo al vaso ya casi vacío, se levantó y acercó a Joaquín, que inmediatamente se puso de pie – Siéntate.
Lo tomó de los hombros y lo obligó a sentarse.
-         Tú sabes muy bien que desde hace un tiempo que ya me aburrí de las mujeres – Suspiró un poco, ya los vapores del alcohol irrigaban sus venas - he tenido tantas, que ya no me causan placer cogerlas. Y a mi señora, uh! Un suplicio, hasta besarla!!!!
Joaquín bajó un poco la mirada, Andrés le tomó el mentón y le hablo libidinosamente.
-         tendrías la amabilidad de cogértela por mi?
-         Pero…
-         Cht… cht… sin excusas, se que la deseas… sedúcela… si al final todas son calientes y perras… y para que te voy a mentir, es como hacha pa’l miembro… jajajaja…
-         Don Andres…
-         Cht.. cht… es toda tuya… la deseas?
-         Pero…
-         Cht.. cht… la deseas?...- y firme agregó - Contéstame
Ese “contéstame” fue tan fuerte y claro, que Joaquín no pudo negarse a responderle
-         Si señor…
-         Si que?
-         La deseo… y quiero hacerla mía…
-         Bien, bien… así me sacas un peso de encima. Pero dime una cosa
-         Que?
-         La deseas mas que a mi?
-         No… - y con una sonrisa escondida terminó - Usted es el mejor.
Andres tomó a Joaquín de la cintura y lo besó en forma agresiva. Pasaron el resto de tarde juntos y entrada la noche enfilaron rumbo a la casa de Don Andres. En donde Marieta le tenía preparada una cena, dispuesta a pasar el último fin de semana romántico con su marido, aunque ella no lo sabía.
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Comentarios:

Escrito por: mariarosa       11/03/08 23:11
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La historia es interesante y muy bien narrada. Me gustó.
Escrito por: Katar1819       11/03/08 22:12
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Nota del autor: Este relato es en si mismo un cuento unitario, aunque pertenece a una serie de cuentos que se complementan, compartiendo hechos y personajes... algunos ya publicados en esta pagina (el taxista, la compañera, el complice, la esposa, entre otras)
Espero que tengan la paciencia para leerlo... gracias de antemano... JDO...
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