el cafe es como la vida

“Llega a eso de las una y quince  de la tarde”, me dijo antes de colgar el teléfono. Salí quince minutos antes. El calor de esa tarde se hacia mas inaguantable a medida que caminaba de un lado a otro buscando el lugar de mi cita. Luego de preguntar a varias personas sobre una calle, cuyo nombre casi no podía pronunciar, me di cuenta de que estaba perdido. Sin orientación y con el ánimo consumido decidí seguir buscando. Mire el reloj. Una y cuarenta de la tarde. Diez minutos y dos kilómetros después comprobé que, por error de “coordenadas”, había cruzado dos veces por el sitio que buscaba y, como para aumentar mi indignación, el lugar se encontraba a unos pasos de mi oficina. “Aprendizaje practico; la distancia mas larga entre dos puntos es la prisa”, me dije.

 

-El café es la vida, lo que la manzana a la navidad; es a la cordialidad, lo que el aceite a un motor. Viabiliza la amistad. Incluso la amistad estropeada, la que ha perdido calidez, ya que, como diría el Gran Isabelino: “una amistad que se ha enfriado se convierte en una dolorosa ceremonia”-. Me dijo, en forma de saludo, mientras me sentaba en la mesa donde se encontraba.
No le pase la mano como es la costumbre, cuando existe un  encuentro de antiguos amigos, por razones personales.
-Como te ha ido. He pedido un café, ¿quieres uno?-, me dijo luego de que ya estaba sentado.
- No existe nada mas democrático que el café, quizás porque su aroma anima y despeja cualquier malestar flotante; o porque también, es capaz de zanjar los disgustos aderezando el dialogo. Facilitándole a las neuronas la empatia de las buenas ideas, despejando la mente cansada; dejando que la vida sea vida y fluya por entre los intersticios de las contrariedades-. El seguía hablando, mientras yo, escuchaba sin decir palabra alguna.
-Un buen cafetero primero huele, porque en el efluvio del aroma va todo; cual primicia eficiente de su calidad, ya anunciada; o, ya denunciada porque no reúna los requisitos de la adecuada torrefacción. De ordinario, una vez su olor invade la estancia pesarosa, se desvanece como por encanto cualquier hastío, recuperando las bondades del momento disipado y oportuno. Bueno aquí me tienes hablando sobre el café y tu escuchando, preguntándote, ¿Por qué?- el seguía hablando sin detenerse.
-Te he invitado a esta reunión, dándole otro nombre a tu secretaria porque sabía que si daba mi nombre tú no estarías aquí.
Hace tiempo que no nos veíamos, desde aquel día en que lo encontré pegándole a mi hermana, la cual era su esposa. Había decidido cortar la amistad y el lazo familiar que de alguna forma me unía a ese personaje.
-Quería reunirme con tigo y hablar sobre el pasado y tratar de dejarlo en el pasado como debe de ser.
Yo seguía ahí como una estatua, observándole como quien observa a un desconocido.
-Es bueno para los novios, si a seguidas un vaso de agua diluye el rastro de su sabor, que sin el auxilio de una menta puede espantar los besos; mas no los versos, que muchas veces se desgranan en el madrigal que declama el amante insistente, inquieto por los naturales desvelos de un requiebro.-le dije, continuando el monologo que había empezado sobre el café.- En cada colada, el o la que lo cuela se juega su reputación. Es que el café, aun cuando se cuele claro u oscuro, no admite medias tintas; es radical. Esta bueno o malo. Distinto al ladrón que hace la ocasión para que las cosas buenas ocurran y para que socialmente se habiliten los espacios para el dialogo.

 

-Independientemente de que a uno se le barajen los planes por romper la costumbre y tomarlo de pie- me dijo-, mas de un desesperado ha procurado leer en el fondo de una taza que atrapa la zurrapa, y, voltearla al fuego a la búsqueda de una respuesta a su falta de fe, solo para escuchar de una vieja curiosa el falso consuelo del augurio convenido que anuncia la recepción de una carta entreverada con un dinero que no llega, o la ventura de un amor que se anuncia.

 

-no hay verdad mas verdadera que el ensalzamiento del café… -continuaba con su monologo, bien estudiado parece- ser amigo del café es ser amigo de lo autentico… lo que se busca en el café es sinceridad, autenticidad. No se aspira a ser verdaderamente uno mismo, sino a ser verdadero y, por tanto, dejar de ser uno mismo… en materia de café, como en el amor, hay que seguir la divisa de san Agustín: “buscar como quien debe encontrar y encontrar como quien debe seguir buscando”.

 

-de vez en cuando, -continuaba- degustando café, había sentido un leve punto de esa prodigiosa y turbadora perversidad que ahora percibíamos completamente desarrollada, crecida.

 

La taza quedo en la meza y la fuimos consumiendo poco a poco, haciéndonos a ella, viviendo su gradual transformación al contacto misterioso del aire.
Cuando apuramos el último trago, comprendimos que algo infinitamente preciso- una corrupción seductora- tocaba a su fin. Si uno tuviera derecho a hacer reclamaciones, yo exigiría ante quien corresponda que la vida transcurriese como esa taza de café: fuerte y caliente al principio, para irse redondeando poco a poco en una perfección de la que no estuviera excluida la afirmación de la fértil podredumbre.

 

 

 

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Comentarios:

Escrito por: Discipulo       15/12/07 05:48
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Magnifica.....te felicito por la genialidad de tus letras. Eres un escritor muy culto e inteligente. Este monologo es profundo en su mas intima significacion y me deleitó la frase del principio: la distancia mas larga entre dos puntos es la prisa. magnifico!!!.
Te felidito nuevamente. Te seguire leyendo.
Páginas: 1

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