El brujo postergado

Se sienta a comer su arroz el prelado recordando las vicisitudes ocurridas en estos últimos tiempos de su vida. Se veía monaguillo volviendo de misa a casa cuando lo interceptó un hombre en la calle. Este le mostró un pañuelo al cual le hizo soplar y agitando velozmente lo transformó en paloma. Pequeño se sorprendió y rogó al extraño que le enseñase el truco, pero el hombre se negó alegando que si no se tiene fe ni pasión por la magia, tampoco pueden saberse sus secretos.

Esto no detuvo al niño que ese mismo día comenzó sus estudios en la magia, hasta los días que llegó a ser Obispo, y en el lugar fue reconocido como el Padre Mago. Sin embargo le molestaba realizar sus trucos. Solamente maniobras, engaños, “la mano más rápida que la vista”. Así fue como, enterado de un tal ilusionista muy en boga en esa época, lo hace llamar para que le enseñe este arte que es la magia.

Presentose entonces en su sala de estar con muebles de roble el mentado ilusionista y el Obispo se sorprendió al ver al mismo hombre extraño que en sus años mozos le denegó sus artilugios mágicos, ya un tanto envejecido. Había pasado tanto tiempo que el Obispo se hizo el desentendido y lo recibió con un saludo muy respetuoso.

–Padre, -dijo el ilusionista- acostumbrado estoy a comer arroz a la una de la tarde de todos los días, así que mientras le doy rápidamente las primeras lecciones, le estaría agradecido si manda a su sirvienta a cocinarlo para el almuerzo.

El prelado serenamente aceptó y con un gesto solemne dio la orden. Apenas la joven sirvienta había cerrado la puerta, esta fue reabierta por tres hombres de trajes monasteriales que vinieron a comunicar la muerte del Arzobispo Antonio y el nombramiento para ese puesto al dueño de casa. El mago felicitó entonces al flamante Arzobispo. Este le agradeció y le ofreció encarecidamente que lo acompañase hasta la capital para la asunción, así comenzarían inmediatamente con sus estudios de magia. El ilusionista complacido aceptó la petición sin más reparo.

Cuando en un largo viaje llegaron a la capital, los dos hombres fueron recibidos con otra noticia de luto. El Cardenal Felippo el día de la fecha, luego de una larga enfermedad intestinal, amaneció muerto, y esperaban que aceptase el nuevo Arzobispo el puesto vacante.

 El prelado llora al recordar ese tan honorable nombramiento, más conociendo la frágil salud del actual Papa. Su carrera religiosa se había catapultado extraordinariamente. Fue entonces cuando también recordó las palabras del ilusionista

         Muy impresionante, pero desempaquemos rápido para tus primeras lecciones de magia.

         Discúlpeme pero tendremos que suspenderlas, todos estos acontecimientos extraordinarios me rebalsaron, y no podré ocuparme en cuestiones como la magia con una misión religiosa tan importante. Sé que sabrá entender.

         ¿Cómo no voy a entender?, yo ya le he dicho que no debe saber los secretos de la magia si no se tiene la suficiente fe y pasión.

Es entonces cuando la sirvienta entra a la sala de estar con muebles de roble para avisar que

el arroz estaba servido.

El prelado se ve nuevamente obispo en su casa yendo a comer arroz con el ilusionista. Se sienta en la mesa y empieza a recordar las vicisitudes ocurridas en estos últimos tiempos de su vida.

 

De un texto de Borges

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: ClemenRock       09/05/08 14:07
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Muy lograda la historia, la única pega el tamaño de la fuente que hay que forzar mucho la vista.

Un saludo
Escrito por: ISISLA_2       04/05/08 04:59
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
No sólo me recuerda a Borgues sino también, a otra historia que escuché de un cuentista peruano, Francois Vallet, de seguro que el mensaje natural debe ser del libro de Borgues, en fin. Una buena moraleja que debemos aprender.
VIVIAN.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poemas