


| Escritor: | Oscarhugo |
| Públicado: | 20/11/2007 |
Tucho era un tipo guapo, como las películas; tenía unos siete años mayor que Carlos, mi amigo. Era callado, el gasto de las conversaciones lo hacía Carlos, quien miraba con envidia como las muchachas lo seguían y sonreían. Siempre bien vestido, su madre era una conocida costurera del barrio y lo mantenía vestido como un caballero. Otros jóvenes de la edad de mi amigo también lo seguían, porque, para que estamos con leseras, el tipo era carismático y se parecía mucho a un conocido actor del cine de USA, con una pinta y estatura que lo hacía sobresalir del resto. Mi amigo Carlos iba a todas partes con él, a fiestas, bebían cervezas y fumaban los mismos pitillos; en fin, un excelente y admirable compañero de correrías de Carlos, quien todavía estudiaba en la secundaria.
Alguien le sopló a Carlos que el Tucho tenía dudosa reputación. Mi amigo, por lealtad lo defendió de las acusaciones sin fundamentos
Una noche que estaban parados bajo la sombra de un árbol en la plaza, el Tucho le dijo a Carlos como por casualidad: "Querís ganarte unos pesos fácilmente", mi amigo, que no era tonto, se puso saltón y le dijo que sí , quedando de juntarse a la noche siguiente para "hacer un trabajito". Carlos, muy despierto y ya con el bicho de la desconfianza clavado como espina en el corazón, no acudió a la cita.
El Tucho se dio por enojado y días después le preguntó qué le había pasado, Carlos le contestó evadiendo el tema y ya con eso se rompió la amistad entre ambos.
Pasaron algunos años, Carlos ingresó a la Policía de Investigaciones de Chile y, por esas cosas del destino, fue enviado a su propia ciudad como Detective.
Revisando los carteles de búsqueda de delincuentes y los archivos para conocer a los hampones, su sorpresa y dolor no tuvo límites cuando vio la foto del apuesto Tucho, junto a otros conocidos de Carlos, fichados por ser delincuentes habituales. Nunca, escuchen, NUNCA se comportaron como los "choros" estúpidos, que se dan ínfulas como ladrones. Eran pillos muy astutos, que se disfrazaban de amables y conquistaban a otros chicos como a Carlos, por ejemplo, para no figurar como lo que eran, delincuentes.
Jóvenes amigos y amigas, la amistad incondicional se da sólo cuando han pasado años de conocer a alguien y que ese alguien no sea un "cuentero" que necesite esconderse detrás de la buena fama de otros.
La historia termina cuando el Detective Carlos, con el dolor de su corazón, debió conducir personalmente a la cárcel al Tucho, ladrón y solapado.
La enseñanza de este relato es: siempre tener un poco de secreta desconfianza con los nuevos amigos, sin necesidad de ofenderlos gratuitamente, hasta conocerlos bien pasado el tiempo.
( Con cariño para Agustina, una historia sacada de la realidad)
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