Camino del hotel, se reprodujeron una vez más aquellas palabras:-Te llamo, pero no por eso-. No por lo relacionado con la muerte de Edgardo, había querido decir Sandra; pero tampoco me reveló el motivo por el cual me llamara, como si una corazonada le avisara que algo estaba por suceder, como si supiera algo que consideraba debería comentarme. Eso fue lo que percibí en el tono de su voz. Sin haber terminado de instalarme de nuevo en el hotel, pedí saludar al administrador, quien vino discreto y afable a saludarme. Traía consigo el paquete que dejara en sus manos. Pasé a ha habitación, activé el viejo y cuidado gramófono y esperé, en el cómodo sillón hasta que se escuchara:
Una vez te oí hablar acerca del Perdón. Puedo decir que me enseñaste a perdonar. Perdóname si nunca antes te dije que, a pesar de lo que ya conoces, he vivido siempre enamorada, amando de verdad, pero tampoco me preguntes a quién.
He sentido necesidad de hablar, pero no quería enturbiar nuestro encuentro, ni lastimarte con el recuerdo de tu amigo. No sabes cuánto valoro el aprecio que sientes por él. Un día reñimos. Nada que pudiera considerarse insalvable, de mayor trascendencia.
Creerás que esta confesión es el motivo de mi tarjeta. No. Lejos estoy de desear cansarte. Preciso compartir contigo una gran pena, referente a una amiga. Siento por ella lo que tú por Ed. y presiento que la he perdido. Fue secuestrada hace cuatro años por divergentes de un sistema político en Sur América. Debes estar enterado, lógicamente. ¡Cuántas veces he pensado que tú serías la única persona idónea para mediar en ese conflicto por el cual se encuentran miles de seres humanos prisioneros en las selvas amazónicas! He sufrido eternas noches pecando de ignorante, con la esperanza de que no todo está perdido Sé que este es sólo un desahogo, ante la intuición de que nunca te volveré a ver. Un desahogo como éste otro, que te escribí hace ya tiempo:
Quisiera tener valor,
|
Imprimir |
Enviar historia |
