Alto como una palmera, dimensiones generales bien proporcionadas. Ojos verdes parpadeantes, cabello bien cuidado. Camisa con las faldas afuera. Se quejaba frecuentemente de dolor de espalda: pero evitaba a toda costa cualquier analgésico. Eficiente en las labores que se le encomendaban. Preferencia por el trabajo individual; decididamente no hacía equipo con los demás. Huraño y siempre a la defensiva.
No lo volví a ver. Tomé un nuevo cargo, el trabajo que me obligaba a viajar fuera del país con mucha frecuencia, al punto que llegué a sentirme extranjero en mi propio suelo.
Mi compañera sí, pero en circunstancias que no deseo referir.
La última vez que tuvo contacto conmigo fue para comentarme que su abuela había muerto: que ya no podría volverlo a regalar. Ahora era, independiente.
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