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Después de mi visita anual al ogro, monstruo de los siete lagos de la
oscuridad absoluta, llámese ginecólogo, pensaba que si tuvieran que concurrir
los hombres, los pobres tipos se morirían de hambre.
En el viaje de vuelta en
colectivo se me ocurrió pensar en una ecografía del alma, tal vez podría
salir del anonimato con semejante adelanto para la medicina.
Un rodillo gelatinoso e indoloro por el pecho y chau, la solución
mágica. Te diagnostican algunos duelos pésimamente elaborados, dos o tres
angustias persecutorias que caminan por ahí sin cauce, la nostalgia por algún
amor que no fue, el rencor por ese desgraciado que nos plantó por alguien
veinte años menor, de carnes firmes y que le vendió un mundo que no existía,
dejándonos paradas en el medio del tránsito con ganas de atropellar a cuánto
transeúnte pase por ahí y encima sin auto porque también se lo llevó con
nuestro amor pisoteado, y las culpas de las que las mujeres somos
coleccionistas.
El resultado del estudio trae
consigo la cura, porque sacando a la luz tanta basura guardada que el ser
humano no sabe eliminar del todo, tomando conciencia, viene el milagro solito y
se nos instala.
Es un delirio pero no es tan mala idea, se han inventado tantas cosas
nuevas que ahora mismo pongo en marcha el proceso para que mi invento sea real.
Síganme mujeres que tenemos trabajo que hacer.
¿No les parece?
Lili Frezza
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