


| Escritor: | Lord_Sapphire |
| Públicado: | 17/12/2008 |
-El Comprador de Almas-
Capítulo II - La Bibliotecaria
No podía confiar en la policía. Sus informes eran inexactos y erróneos. En primer lugar, daban por hecho que era un humano de 17 años. ¡Demonios! ¿En serio creen que un mero mortal puede hacer todas esas cosas?
Decidí recurrir, una vez más, al único lugar de la Tierra en el que podía encontrar información fiable... aunque para ello debiese tragarme mi orgullo.
Tomé el primer vuelo a Barcelona que saliese. Era caro, pero habiendo vivido trescientos años había recaudado una buena fortuna. Y no necesitar comer ayuda.
Nada más llegar a mi destino, me dirigí a una pequeña biblioteca que allí había. Se llamaba Biblioteca Alfonso X, era pequeña y, por el aspecto del barrio -más pobre que la peluca de una pulga-, seguramente estaría vacía.
Al abrir la puerta, sonó una campanita. Seré viejo, pero esa es la cosa más pasada de moda del mundo. Tal y como imaginaba, dentro sólo se encontraba la bibliotecaria, de pelo castaño y revuelto. Estaba leyendo un libro bien gordo, polvoriento y de aspecto muy, muy antiguo. No levantó la vista al oírme entrar.
- Buenos días -Saludé, pero siguió leyendo-. Estaba buscando...
- Los libros están colocados por categorías, temas y alfabéticamente -Todo esto lo decía sin apartar la vista del libro-. Intenta no molestarme y ni se te ocurra fumar dentro. Y recuerda que los libros no son para quemar.
- Los mesopotámicos cantan baladas a medianoche mientras los incas bailan en la disco.
La frase pareció hacer efecto y la chica levantó la cabeza.
- Ah, Fabio. Eres tú.
- Ya pensé que no te darías cuenta.
- Creía que eras uno de esos vándalos.
- Sí, me di cuenta, Miranda. Ya sabes a lo que he venido.
Cerró el libro y se levantó. Miranda era como yo: aparentaba quince años, pero en realidad tenía cuatrocientos sesenta y un años. Ella, igual que yo, había sido víctima de los engaños de Kyle -Lo cual confirma mi teoría de que la policía se equivoca al decir que es tan joven-, con la consiguiente inmortalidad y eterna juventud que ello acarreaba.
Me indicó que le acompañara y me llevó por unas escaleras que bajaban al sótano. Allí nunca entraba nadie excepto Miranda y yo. Pulsó un interruptor y la habitación se iluminó. Era enorme, con cientos de estanterías llenas de raídos libros. En el centro, una mesa de pino soportaba el peso de varias pilas de libros.
- ¿No estás ya cansado? Llevas cuarenta y ocho años años investigando y aún no has encontrado nada.
- El que persiste, triunfa. Por cierto, ¿qué leías?
- El Quijote, de Cervantes.
- ¿Es el original?
- Sí. Me lo dio él mismo. Escribía bien, pero era muy pesado. Leelo. Te prometo que te va a gustar. Venga, leelo. Total, que al final me lo leí y me encantó. Fue una pena que no llegase a publicar la segunda parte de Galatea.
- Nunca me gustó Cervantes.
Me dio la espalda para buscar algunos libros mientras murmuraba Estos jóvenes no saben apreciar la buena lectura.
Me senté a la mesa y me puse manos a la obra.
Aquellos libros no eran normales: magia, espiritismo, rituales... ¿A que la biblioteca ya no parecía tan cochambrosa?
Una vez más, empecé a buscar alguna información sobre ese tal Kyle (Vaya, ni siquiera sabía si ese era su verdadero nombre). Como bien había dicho Miranda, llevaba casi cinco décadas buscando. Ya me había tragado más de la mitad de aquellas estanterías, leído más de siete millones de libros y aprendido cosas como invocar un demonio menor, efectuar un ritual de envío e incluso montar una estantería de IKEA -En uno de esos momentos en los que me harté de buscar información sin resultado me puse a leer un libro de bricolaje. Sin embargo, aún sabiendo hacer todo eso, no sabía ponerlas en práctica, ya que hacía falta un tipo de magia que yo no tenía -Sí, para la estantería también-, así que puede decirse que había estado desperdiciando todos aquellos años.
- Yo me voy arriba, Fabio. Si necesitas algo, pega un grito.
Estuve allí durante horas, incluso diría que pasó un día entero. Busqué, busqué y busqué pero ni Vampiros a Través de los Tiempos ni Apocalípsis; Aquí y Ahora me decían nada que pudiera servirme. Tomé un tercer libro, titulado Sexualidad en el Colectivo Demoníaco. No sabía de que podría servirme, pero aún así lo abrí por una página aleatoria. Y entonces lo vi.
- ¡Corre, Miranda! ¡Corre! ¡Le he encontrado!
Continuará...
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