Una dulce melodía trae a mi mente el más añorado de mis recuerdos. El cielo se torna azul y el aire se impregna de ese olor a rosas que tanto solía disfrutar. Pisos inmaculados, cuadros gigantes, alfombras nuevas y mesas brillantes vuelven a mi como si pertenecieran a mi presente aún.
Apenas me levantaba caminaba hacia mi ventana y apreciaba el hermoso paisaje que se presentaba ante mis ojos. Mis padres tardaron varios meses en hacerlo y nosotros, que tanto les discutíamos por esa razón, somos los que más felices estamos. Hicieron un bello jardín donde abundan gran variedades de flores... desde las típicas rosas y jasmines hasta las flores más inusuales que se puedan imaginar.
Los pájaros revoloteaban alrededor de los árboles... eran tantos que les llevamos una fuente donde se quedaban a gusto.
A la hora de las comidas la mesa se llenaba de tantos platos que muchas veces sobraban algunos.
Nuestras amas de casa se sentaban con nosotros a diferencia de varios hogares. Siempre quise poder conversar en la mesa pero mi familia repetía a cada rato " no se habla cuando se come"
De hecho el silencio era tan cotidiano que cualquier ruido era bienvenido para mí.
Así que frecuentaba la casa de mis vecinos por que la mamá de ellos era pianista. Todos nos sentabamos en cómodos almohadones a escuchar las dulces melodías que ella tocaba.
También me gustaba mucho andar en bicicleta por las colinas que circundaban a mi casa y hecharme a descansar bajo la copa de un árbol.
La gente que me vea debe pensar que perdí la cabeza. Con la vista extraviada y el cuerpo inmóvil cualquiera creería que no estoy cuerda.
Pero ellos no entienden, no pueden entender... por que en sus recuerdos no esta la casa que tanto extraño y extrañaré.
Naty.
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