Doña Patricia, la curandera.

Categoría(s): Relato.

 

     Me había dicho seriamente:  “Si echas un huevo en un vaso de agua hervida el 21 de diciembre de un año bisiesto, en el día del apóstol Santo Tomás, a las doce de la noche en punto, en el preciso momento en que nace el verano, y haces invocaciones por una hora con el vaso apoyado en la tierra y de rodillas frente a él, sin mirarlo, a la mañana siguiente verás en el fondo del vaso la imagen de un Genio bueno que te concederá tres deseos”.

 

     Esperé nueve meses para vivir la experiencia; suerte que ese año fue bisiesto. La noche anterior les había rezado a Jesús y a la Virgen, pero ese día me preparé a pedir los tres deseos al Genio profano del vaso. Así fue que, de una lata que fuera de los bizcochos Canale, con un círculo de vidrio al frente y llena de huevos frescos del gallinero familiar, ese día y desde muy temprano faltó uno.

 

     Con esa candidez tan natural, con esa maravillosa inocencia infantil, con esa ansiedad contenida durante una eternidad de nueve meses me dispuse a actuar: herví el agua y completé la fórmula de doña Patricia; me aseguré bien que la limpieza de mi cuarto estuviera hecha, escondí todo bajo mi cama y me fui a jugar. Tenía once años. Mantuve el secreto todo el día, pues era condición para el triunfo; ¡quizá por ello se me hizo tan larga la jornada!

 

     Esa noche, acostada ya mi familia, dispuse el cometido impulsado por un precoz atractivo hacia lo desconocido. En punta de pies salí de mi habitación y recorrí la galería, crucé el comedor y la cocina (de la mesada tomé una caja de fósforos), y salí al patio sin encender la luz; faltaban segundos para las doce. Apoyé el recipiente de vidrio en el suelo junto a un paraíso, me arrodillé frente a él, rompí el huevo cuyo contenido cayó dentro del vaso; dije entonces todas las palabras de invocación a genios que aprendiera de las historietas, más las que imaginé. Me mantuve arrodillado por dos horas... pero mi ansiedad pudo más: prendí un fósforo y [debería decir creí ver, pero no] vi, como salido de un cuento de “Las mil y una noches”, la faz de un Genio que me miraba desde el fondo del vaso con expresión de gran desconsuelo. Emoción y susto fueron uno solo; y al instante recordé la fórmula: ...«si echas un huevo en un vaso de agua hervida el 21 de diciembre de un año bisiesto, en el día del apóstol Santo Tomás, a las 12 de la noche en punto, en el preciso momento en que nace el verano, y haces invocaciones por una hora con el vaso apoyado en la tierra y de rodillas frente a él, “sin mirarlo”, “a la mañana siguiente” verás en el fondo del vaso la imagen de un Genio bueno que te concederá tres deseos»...

 

     En algo había fallado, por impaciente; pero había cumplido una hora más de conjuros. Dios es justo –me dije– y el Genio bueno, optando por regresar al dormitorio con máximo sigilo.

 

     Igual que en el día de Reyes, casi no dormí; vencido del sueño, lo hice a la mañana siguiente, cosa que extrañó a mi madre que no me sabía dormilón. Pero estaba de vacaciones y no me despertaron. Cuando lo hice, a once horas de la ceremonia secreta, busqué el vaso al pie del paraíso. Miré con ávida intensidad y... ¡amarga decepción!, el vaso estaba volcado y el Genio absorbido por la tierra.

 

     ¡Cuántas veces así, en el curso de mi vida, puse también a serenar alguna dulce ilusión! Como aquella mañana del nacer de un verano, sólo hallé la experiencia de un error y el licor triste y sin belleza de un amargo desengaño.-

 

 

Nota de autor: Una historia real y una anécdota de mi niñez. Doña Patricia Tissera, ya desaparecida, era la curandera de Villa Larca.

 

 

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Comentarios:

Escrito por: Norberto       28/08/07 00:48
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Cynthia: Me escribes como si fueras contemporánea mía y tus letras me dicen que eres más joven... peró si, son recuerdos impagables de una época muy romántica (o nosotros lo éramos).. Tengo varios personajes aún que de a poco iré incorporando a la página... ¡Me alegro anto que te agraden! y no lo digo por mí (o no tanto) pero sí por saber que mis recuerdos son compartidos. Las lkatas de galletitas, la botella de leche...
Escrito por: Poesiacarnivora       26/08/07 10:01
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Como estoy difrutando esta noche de sabado,traes en tus letras miles de recuerdos de epocas donde realmente nos amo la vida.¿Nunca te dijeron que si un viernes Santo,vas a al pie de una higuera ,veras al diablo subir a la Tierra?,bueno a mi si,pero no lo vi,o me equivoque de higuera,o por que con doce años me asusto la idea,o porque mi madre se enojo tanto que creo que estaba dentro de ella.Tambien ahora me doy cuenta que muchos diablos que andan sueltos no necesitan higueras,ni que sea viernes santo,llegan y "joden" cuando ellos quieren.Y lo peor de todos es que con la misma inocencia de los doce años muchas veces los invocamos,pero supongo que es la indiosincracia del ser humano.
Pero como dice Almafuerte..."no han de ser tus caída tan violentas
ni tampoco,por ley,han de ser tantas "

Sigo esta noche acompañandome de tus letras,que realmente me llegan hasta el alma.

Que las hadas te acompañen.

P.D:Tengo dos latas de esas galletitas,una botella de leche,y un frasco de caramelos,que encontre en comprasyventas, no se como le llamaran ahi,pero aca se encunetran esos recuerdos que a muchos ya no le interesan guardados dentro de esas latas con olor a galletitas anselmi,o chiquilin (de chocolate).
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