Don Antonio, el curandero.

Categoría(s): Relato.

 

La disposición mágica excluye todo deseo de explicación racional. Por el contrario, cuanto más incomprensible es la manera de actuar, desde el punto de vista racional, más confía el que cree en la magia, llevado por el abandono de su necesidad de fe”. Zucker, “Psicología de la superstición”.  

 

        ¡Bruscamente un silencio! don Antonio acaba de entrar al almacén de ramos generales y se dirige al mostrador y despacho de bebidas. Al mismo tiempo, todos los ojos se vuelven al bolso de tela de aviación rojo brillante, con cierre relámpago y doble candado de seguridad, dorado, que pende de su mano derecha. Don Antonio deposita sobre el mostrador, sin soltarlo, su llamativo equipaje, con infinitas precauciones; casi podría decirse, amorosamente. A pesar de ser víspera de la Navidad, extraña a todos, además, que pida una sidra helada antes del mediodía. Mudos los parroquianos –que eran numerosos por ser día de pago al personal de los aserraderos–, sólo dejan de mirar al extraño visitante que paladea su sidra a sorbos, para sopesar con  la mirada su llamativo y sospechoso bolso, y notar que algo en su interior se mueve sutilmente [como que es tan sólo un pequeño artefacto doméstico encendido a pilas y silencioso].

 

      –Disculpen, señores... –dice de pronto don Antonio, y se sobresaltan. Tiene una voz de bajo extremadamente musical; una voz que le hubiese hecho  valioso en radio.

 

       –Disculpen, señores –repite–. ¿Saben... si hay curandero en Arizona? –Se produce entonces una pausa y expresión de desconcierto.

 

       –Había uno –dice un entrometido dependiente–... pero se dejó morir el año pasado –concluye con una sonrisa estúpida–; claro que, si se siente mal –continúa, poniéndose serio– puede verlo al doctor Babelis en su casa, con toda confianza; ¡si hasta dicen que cura el cáncer con picadura de abejas!

 

       –Es una lástima que yo no esté enfermo –replica don Antonio, con la ironía y el tono perfecto de quien sabe burlarse de un incrédulo–. Si no hay curandero me gustaría atender un día quincenalmente.

 

       –¿Usted es curandero? –pregunta curioso un parroquiano.

 

       –Sí. “Magnetólogo”, precisamente –contesta don Antonio, y se para, mostrando su musculosa humanidad de hombre sano y joven.

 

       El término produce entre los concurrentes al bar una sensación tanto más viva cuanto que ignoran su significado... ¡También!... ¡Magnetólogo! don Antonio se había dignado precisar lentamente y acentuando la palabra. Él “es” un magnetólogo. Ponerlo en duda ya no cabe; luego empuña suavemente su misterioso bolso rojo brillante, de tela para aviación, cierre relámpago y doble candado de seguridad, dorado, como si fuera el Santísimo Sacramento, y se encamina hacia la puerta del almacén en medio de la consideración general, mientras sus manos ejecutan supuestos... “pases magnéticos”, como una danza en el aire.

 

       –Curo por magnetismo –dice al salir.

 

       Todos observaron que no había dicho “cuido” o “trato”. Había dicho: “curo”. Nada podía haber hecho mejor impresión. Nada podía probar mejor que don Antonio era un “verdadero” curandero.-

 

 Nota de autor: El escenario y los diálogos son imaginados, el personaje real, que conocí y llegué a frecuentar con avidez de escritor.  Hijo de padre francés y madre ranquelina, don José Antonio Galdo, ya desaparecido, fue de niño aprendiz de una centenaria tía indígena del oeste pampeano.

 

 

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Comentarios:

Escrito por: Norberto       31/08/07 00:38
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Gracias, Francisco. Ya estoy leyendo lo tuyo, que también te las traes...
Escrito por: Norberto       28/08/07 00:55
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Gracias nuevamente Cynthia por el comentario. Es probable que sea como dices... Te comento que Don Antonio me había comentado que usaba un bolso con tela de aviación y que entre sus trucos estaba el dejar arriba de su ropa una batidora manual a pilas, que ensendía sin abrir el bolso. Me fue fácil imaginarlo y transcribirlo. Lo de la sidra me salió de manera automática y luego me gustó y no lo cambié, por ejemplo, por un vino o una cerveza o un vermouth... claro que tuve que hacerlo como en un día del Adviento..
Escrito por: Poesiacarnivora       26/08/07 10:11
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Me gusta como introduces al personaje,( ya se que fue real),la ambientación que haces para presentarlo,y mostrar el respeto que se le tiene.De todos modos esta narración me resulto como mas entrecortada,no se si es la puntuación,olos nexos ,que me fue menos fluida que las anteriores,sobre todo hacia el medio del relato..."el término produce....."ese párrafo tuve que reelerlo.
De todos modos me gusta la presentación del curandero,uno más de esta galería que estoy disfrutando.(me gusta la acción,no la narración.)

Que las hadas te acompañen.
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