Es un sentimiento desconcertante, desesperante. No puedo hacer nada para evitar que el dolor, el sufrimiento, se expanda por mi cuerpo como un veneno. Las lágrimas brotan de mis ojos incontrolables. Como si quisieran purgar mi alma al igual que limpian mis ojos. Pero el llanto no calma el dolor. No consigue empañar mí vista lo suficiente como para olvidar. Siento como la pena anida en cada célula de mi cuerpo. Siento como mi corazón se rompe en mil pedazos, y lo único que puedo hacer es esperar a que se repare con el tiempo. Necesitaré mucho tiempo.
Pero yo se que eso no será suficiente para olvidar el sufrimiento. Aunque el correr de los años reconstruya mi corazón, las cicatrices siempre permanecerán. El recuerdo siempre vencerá al olvido. Y el dolor jamás desaparecerá.
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