Distinguida Mansión.
Hace años que escribí esta historia, fue la primera y última vez que hice algo de éste género porque sinceramente no me gustó mucho que digamos, además de que es muy predecible; sin embargo, aún la conservo por ser una de las primeras dos historias propias que he hecho y porque cuando la escribí era media noche, estaba sola y por ende... me sugestioné... jajaja. Saludos y gracias por leer, si es que a alguien le interesa.
DISTINGUIDA MANSIÓN
Leyó la información, que era acompañada por una fotografía antigua:
La estructura arquitectónica data de hace más de cien años, incluso se rumora que fue mandada construir por los duques integrantes del despacho político de don Porfirio Díaz. Por lo que la elegancia que se hace acompañar del churriguerismo en los muebles, decorados, alfombras y demás objetos que la conforman , los cuales poseen un origen francés. >> Datos obtenidos del archivo oficial
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Rodrigo
Los ojos color aceituna de Rodrigo parecieron volver a la realidad y a juzgar por su expresión de decepción era obvio que la imagen que tenía en frente de una casa de grandes proporciones no coincidía precisamente con las palabras que había leído en la descripción de la página de Internet que había consultado.
Un chico alto, delgado y de piel bronceada dejó caer de su mano derecha una hoja de papel que llevaba impresa la página de internet donde realizó su consulta acerca de una mansión abandonada que, en estos momentos tenía en frente.
Frunció el entrecejo, gesto que exteriorizó su frustración interna: Ese mismo día, en la mañana había tenido una disputa escolar con uno de sus compañeros, que por cierto era considerado el más popular del colegio por sus continuos actos de valentía, ese chico egocéntrico respondía al nombre de Alberto. Éste último lo retó: Quiero que entres a la mansión abandonada y como prueba de ello, que traigas un jarrón o cualquier objeto que quieras
eso sí, que sea valioso
Para no quedar mal ante Graciela, la chica que le gustaba y que, desafortunadamente había presenciado la disputa, se encontraba ahí: a fueras de la casa cuya reputación era de embrujada.
-¡Rodrigo!
El aludido observó por encima de su hombro como un chico delgado y de piel pálida se acercaba a él.
-Rodrigo, en serio ¿entrarás?
-Claro que sí Respondió, más que para convencer a su amigo, para darse ánimos a si mismo.
-Pero, está embrujada El chico de 14 años observaba a su compañero mayor con premura.
Rodrigo no contestó, se limitó observar el sombrío estado de la mansión: El zaguán, constituido por varios barrotes que permitían ver los terrenos, estaba negro de oxidación, mientras los restos de lo que pareció un jardín esperaban al otro lado, conformados de arbustos secos y troncos de árboles cuyas ramas sin hojas hacían bifurcaciones hacía el cielo, como suplicando que se les liberará de algún suplicio. Más allá un pasillo lleno de tierra, basura y restos de vidrio llevaba a una gran puerta doble de madera, la cual comenzaba a descascararse. Frunció más el entrecejo, ya que intentó ver más allá de las ventanas, queriendo distinguir algo del interior, sin embargo, pese a que había varios vidrios rotos no pudo ver nada más que penumbra. Eso le extraño, puesto que aún era de día.
-Oye El chico más pequeño trató de llamar su atención Creo que el grupo de Alberto viene para acá, oí que quería hacerte pasar el ridículo.
Ante estas palabras el moreno se irguió completamente y apretando fuertemente los puños caminó hasta el otro lado de la calle.
-¡Rodrigo!
El chico no volteó, simplemente colocó una mano en el zaguán y empujó sosteniendo un barrote
-¡Suerte!
Con una mirada irónica comenzó a caminar, pensando que una puerta tan oxidada no emitiera gran cantidad de ruido.
No se detuvo a observar los restos de los árboles, las simples sombras de estos que se dibujaban en el suelo le hacían ver que no eran precisamente bellos. Mejor se dedicó observar el pequeño camino que iba transitando. Había sido marcado con un piso de algún material que no pudo distinguir debido a la suciedad, Rodrigo imaginó que hacía mucho tiempo en ese mismo sitio debió estar posada una alfombra roja y en lugar de su persona, era un gran duque el que por ahí caminaba.
Por fin llegó a una escalera, que llevaba a la puerta principal y que solo constaba de tres muy extendidos peldaños.
Suspiró profundamente, ahora tenía la mano tomando la aldaba de la puerta, ya que no había perilla o algo por el estilo. Se dispuso entrar, pero aún pudo detenerse a observar que el roble del que estaban hechas las puertas era de una extremada calidad, ya que aparte del despostille de la pintura no tenía otra cosa, como había imaginado.
Resignado a que no podía perder más el tiempo haló la aldaba. Es gesto que apareció en su rostro expresó el trabajo que le costó abrir un resquicio necesario para poder entrar, la madera era muy pesada debido a que había llovido (el tejado que antes debió cubrirla había desaparecido) y a parte los goznes estaban demasiado oxidados. Echó un último vistazo a la calle, solo el pequeño joven pálido estaba ahí. Entonces entró.
Al principio no pudo moverse, puesto que había pasado de un medio totalmente iluminado a otro que tenía características contrarias. Pronto sus ojos se acostumbraron a la penumbra y pudo distinguir algunas cosas.
Rodrigo se vio a si mismo caminando y observando anonadado el imponente hall donde se encontraba. Sus proporciones eran tales que su misma casa habría cabido ahí, era como medio campo de futbol, totalmente recubierto con un piso de madera, la cual apreció al remover con su pie el exceso de polvo.
Había estatuas, sillones, tocadores, lámparas, mesas, de las cuales no supo sus concretas características debido a que estaban cubiertas por sucias y viejas sábanas. Pero distinguió la forma de cada uno. Soltó el aire, no encontró ningún objeto que pudiera servirle para cumplir su misión. Decidió buscar en otro lado. Miró a ambos lados: en cada extremo del recibidor había puertas que llevaban a los cuartos continuos, sin embargo, la imponente escalera que se encontraba al fondo, frente a él, le llamó más la atención.
Era tan ancha como una camioneta cuatro por cuatro, Rodrigo se preguntó cuanta gente subiría y bajaría por ahí en los días de apogeo de la mansión. Llegó al pie de ésta y comenzó a subir. Hubiera querido escuchar el sonido de sus pasos al golpear el mármol, pero la capa de polvo lo evitaba. Con los ojos entrecerrados observó hacia arriba, la escalera era larga, pero no vio nada
solo oscuridad. Continuó subiendo.
De pronto, escuchó un ruido a sus espaldas. Rápidamente giró para observar. La puerta principal que había dejado entreabierta estaba completamente cerrada. Rodrigo sintió como su corazón empezaba a latir rápidamente, buscó con la mirada en todos lados, moviendo la cabeza rápidamente
incluso observó en la parte de la escalera
no había nada. Regresó su visión hacia la puerta y se sorprendió al verla abierta.
-Que idiota soy, ya estoy alucinando Se dijo a si mismo, para luego llegar al primer descanso de la escalera.
Observó intrigado las diferentes opciones o bifurcaciones en que se dividían los caminos a donde había llegado. Podía seguir subiendo, había más escaleras en todas direcciones, o seguir el pasillo que tenía en frente. Optó por lo último.
La poca luz que ingresaba por las ventanas apenas iluminaba el pasillo. El chico pudo observar la alfombra roída y desgastada en sus pies, pinturas que colgaban en las paredes un sin fin de puertas a ambos costados. Pero una llamó en especial su atención: la del fondo. Caminó hasta ella y la abrió. Se encontró ahora con un habitación extraña. Solo había una pequeña ventana en un extremo, un escritorio, una estantería llena de frascos y libros extraños, varios baúles y armarios cerrados con candados. Aquellos no estaban cubiertos con sábanas.
Apenas pudo distinguir una escalera al fondo, se atrevió subir, tal vez arriba encontraría algo de valor. Comenzó a caminar cuando su pie chocó con algo y tropezó, se precipitó al piso. Rodrigo maldijo por lo bajo y luego de levantarse buscó el obstáculo que le provocó el incidente. Apenas pudo distinguir un libro. Se acercó a él y lo tomó en sus manos.
Vencido por la curiosidad lo abrió. Era un idioma extraño. Al no comprender nada buscó información en la cubierta del libro. Solo había unas palabras extrañas en el idioma que ahora identificó como latín. Las leyó por lo bajo.
Una corriente de aire se coló por la ventana, tirando varios papeles viejos posados en el escritorio. Rodrigo se sorprendió de la fuerza del viento, tomando en cuenta la pequeña ventana por la que había entrado. Observó pasmado como la puerta por la que había ingresado corría en sus goznes y se cerraba estrepitosamente. Soltó el libro y corrió hacia ella.
Sus intentos de abrirla fueron inútiles.
Asustado comenzó a buscar algún otro medio de escape. Solo estaba la ventana, la cual no le serviría de nada, puesto que ahí no hubiera cabido ni su leal amigo menor que lo esperaba en la calle, apenas mediría 20 cm de ancho por 60 de ancho.
Necesitaba salir de ahí. Entonces miró las escaleras
tal vez arriba hubiera otra ventana o una puerta que llevara a otro sitio y es que la habitación le parecía aterradora, sombras de formas macabras se dibujaban en las paredes y piso. Además de que un fuerte escalofrío le recorría el cuerpo.
Tomando valor corrió a la pequeña escalera y subió.
Lo que encontró lo sorprendió, era una recamara que constaba de una sola cama con dosel, un armario que cubría una ventana y una puerta que seguramente llevaba al sanitario.
Rodrigo vio un florero en un buró y se acercó, podría servirle de prueba.
Ya estaba harto de todo, sentía un fuerte escalofrío y un cosquilleo en la nuca que lo ponían tenso. Se sentó en la cama (levantando una pequeña nube de polvo) y tomó el objeto para observarlo. Parecía de cerámica fina, era blanco (comprobó al limpiarlo con una manga de su chaqueta) con finos adornos en plata y oro. ¡Eso le serviría! Lo agitó y escuchó que algo metálico se removía dentro. Se dispuso observar el interior cuando de pronto algo distrajo su atención del jarrón.
El escalofrío aumentó y Rodrigo, sintió como a su costado izquierdo el colchón se hundía lentamente, como si alguien se hubiese sentado a su lado. Volteó horrorizado y le pareció ver entre la penumbra una figura humana, no pudo apreciar bien sus facciones, porque era muy poca la luz que entraba desde detrás del armario. Se levantó pasmado y caminando hacia atrás, sin dejar de ver hacía la cama, chocó con el armario. De sus manos escapó el jarrón y cayó al suelo. Sorprendentemente no se rompió, pero de el salió una llave plateada. El chico levantó la vista hacia la cama, ya no había nadie.
Un poco más calmado se agachó y tomó la llave y el jarrón.
Decidido a salir de ahí echó un último vistazo al armario y lo empujó a un lado para tratar de despejar la ventana que cubría. La madera de que estaba hecho era tan gastada que cuando Rodrigo hizo chocar el armario con la pared una de las puertas se cayó y la otra quedó moviéndose en el aire. Ahora la ventana ya estaba libre, solo debía romper los vidrios.
Desde donde estaba pudo distinguir un cofre de grandes dimensiones adentro del armario. Apretó la llave en su mano izquierda y por un momento una idea cruzó su mente
Miró la habitación asegurándose de que estaba solo y se acercó al cofre. Introdujo la llave, funcionó, pues giró adecuadamente y un crujido en la cerradura le indicó que podía levantar la tapa. Así lo hizo.
Una sonrisa apareció en su rostro
Estaba lleno hasta el tope de monedas doradas.
-¡Dios, esto es más valioso que un simple jarrón!
Agarró un puñado y lo guardó en sus bolsillos, sonriendo al imaginar la cantidad de cosas que podría comprar con ese dinero cuando cambiara los doblones.
Sabía que no podía llevarse el cofre, así que se quedó meditando como podría llevarse la mayor cantidad de monedas de oro.
Entonces sintió una presión en el hombro, como si alguien le estuviese llamando, giró aterrado y se topó con la figura de una mujer, al menos su cuerpo lo era, pues su rostro era una calavera y tenía una cabellera larga de color blanco.
-¡Ahhhh! Se soltó de la mano huesuda que lo había atrapado y giró hacia el cofre para tomar algunas monedas antes de irse, pero -¡AAAHHHHH! Ya no había doblones, era un esqueleto lo que encontró.
Santiago escuchó un grito de la mansión y se levantó de la banqueta, tal vez estaba equivocado, pero de nuevo otro grito le afirmó sus sospechas.
-Ey enano
El más pequeño volteó y se topó con Alberto. Por lo visto había ido a ver si la apuesta con Rodrigo había sido cumplida.
-¿Dónde está el imbécil de Rodrigo?
El chico le contó todo, a lo que el mayor comenzó a reírse.
-Por favor Dijo irónico Alberto Seguro ni entró y tú lo estas encubriendo.
-Ro-Rodrigo esta ahí Señaló la casa Incluso la puerta está abierta
Alberto comprobó que así era, tanto el zaguán como la puerta de roble se encontraban entreabiertas. Miró al chico y lo vio muy pálido, finalmente echó a correr despavorido, ante una fuerte brisa proveniente de la casa.
Sonrió, seguramente era una broma, pero debía asegurarse. Así que cruzó la calle
Atravesó el zaguán y siguió las huellas dejadas por el chico que entró primero.
El chico llegó hasta la habitación con la ventana pequeña y vio en el piso como algo había corrido el polvo (donde Rodrigo se había caído), ahí había una figura extraña. Alberto talló con sus pies y ya libre de polvo apareció la figura de una estrella negra, un símbolo de hechicería negra. También vio el libro con la portada en latín y preocupado vio que las huellas continuaban hasta la siguiente escalera.
Alberto comenzó a subir la escalera dejando atrás la oscura habitación de libroS raros y no se percató de que la puerta por la que había ingresado, que hubo encontrado abierta y por la cual Rodrigo no pudo salir
Se encontraba ahora, moviéndose en sus goznes, hasta que finalmente
se cerró.
Hasta el día de hoy todo el mundo sigue preguntándose por él.