Dios y el Diablo. Vidas incomprendidas. (Cap. VII)
Capítulo VII: Nunca romper las reglasDespués del incidente con el coro las cosas en el Infierno habían variado: ahora estaba lleno de reglas. El Diablo creía firmemente en el orden y en la disciplina, para él hasta el mínimo detalle debía estar estrictamente estipulado de forma tal que con sólo pedir un reporte podía tener todo bajo control. Al no ser Todopoderoso necesitaba saber dónde encontrar lo que necesitara y, pero lo más importante, estar preparado para que si surgía un imprevisto tendría la respuesta exacta para ello.
El Diablo sabía muchas cosas de los humanos y, más por viejo que por Diablo, sabía que sólo se podía esperar lo peor de ellos. Había recibido humanos de todos los rincones de la tierra, unos más jóvenes que otros y eran estos últimos los que más le preocupaban, porque después de cierta edad hay mañas que no se pueden cambiar. Le preocupan además aquellos que ya tenían varios milenios en el Infierno, se empezaban a creer dueños del lugar y las penas ya no les impactaban igual que en los primeros siglos. Uno de ellos en especial estaba causando muchos problemas.
Con una túnica café, sentado en una esquina entre las pailas y el cuarto de las almas de pena eterna, un hombre de cabello castaño y con una barba gruesa que le cubría una cicatriz a lo largo de su cuello, ofrecía muchos artículos a la venta.
- ¿Me consiguió aquello?
- ¡Me extraña! Aquí esta, sólo tiene 150 años, esta como nuevo, la antigua dueña lo apreciaba mucho.
- ¿Pero sirve?
- ¿Cuándo le he dado yo algo que no sirva? Sabe que me esta ofendiendo, yo no soy un simple vendedor, yo negocio calidad.
- Perdón, yo lo sé, conozco su experiencia, pero es que me pongo nervioso, me lo llevo, aquí tiene.
Eran muchas las reglas del Infierno, tantas que aprendérselas sonaba descabellado, pero no era así. Por órdenes del jefe se distribuían en volantes cada cierto tiempo, además cuando llegaba un nuevo habitante junto con el examen físico de recibido y los quiz de pecado-castigo que tomaban para determinar cual era la sanción adecuada para su vida pecadora, se le impartía una charla de dos días de duración explicándoselas. En los rincones importantes del Infiernos se encontraban además carteles con las principales disposiciones a acatar.
El Diablo había formado además una especie de Tribunal para juzgar a quienes desafiaran su poder y sus órdenes. En él estaban los mejores juristas del Infierno, quienes habían sido seleccionados entre listas y listas de postulantes que con el fin de aminorar su pena estaban dispuestos a brindar su servicio, de forma directa, al propio Lucifer. Él en realidad estaba orgulloso de su selección y confiaba plenamente que la justicia y el orden se mantendría gracias a sus jueces y acusadores
. y si no, ellos harían de las suyas para que así fuera.
Lo difícil no era juzgarlos, mucho menos encontrarlos culpables ya que la mayoría eran bien tontos para cometer los delitos demoníacos; sino que lo difícil era darles una pena que los hiciera sufrir lo suficiente para que no quisieran volver a romper las reglas. Algunas funcionaban y los humanos salían dispuestos a cumplir el resto de su eternidad entre llamas y latigazos sin rebelarse nuevamente ante el sistema, otros por el contrario, los más tercos, no les importaba y cada vez que eran castigados regresaban con nuevos métodos para romper las reglas y en la medida de lo posible que esta vez no fueran atrapados.
Es por eso que aún con tantas reglas las transacciones ilegales se seguían dando:
- Papito, ¿me trajo la enagüita que le pedí?
- Aquí la tiene mi amor, tal y como me la pidió, en rojo de escamas de dragón.
- Uy papito, pero esta re-linda ¿y será que usted cree que yo me vea bella con esto?
- Ay mi amor, pero usted se ve bella con todo, sólo que con esto le gana a cualquiera aquí, hasta a las demonias.
- ¿Hasta a la Gloria cree que le gane?
- Hasta a la Gloria muñeca, se lo juro.
- No vaya usted a jurar en vano
- Pero si es la verdad, yo no miento
El Diablo por su parte, con la salud tan deteriorada a causa del estrés y la falta de descanso había optado por seguir un consejo que Dios le había dado hace mucho y tomó un viaje de fin de semana a la playa. Ahí, en medio del olor a arena y mar, tomando el sol tranquilamente con un coco en su mano estaba dispuesto a olvidarse por unos días de lo complicado de su trabajo y de cuanto le demandaba. Ya tenía su agenda lista, descansar todo el día en la playa, salir a bailar en la noche y al día siguiente ir de pesca en un bote mar adentro. Había dejado volar su mente y por un momento sintió como si estuviera en el Cielo
sentía paz.
Riiiiing riiiiing
- ¿Pero qué diabl
?
Riiiiiing riiiiiiiiing
¿Quién me estará llamando?, pensó,
si acabo de llegar
no, no voy a contestar, estas son mis primeras vacaciones en dos siglos y me las merezco. Enfadado porque alguien interrumpía su momento de tranquilidad, el Diablo tomó su teléfono, lo puso en vibrador, lo dejó sobre una mesa y se fue a disfrutar de las olas.
Claro esta que no duró mucho dentro del agua porque la sintió casi de congelador, aún cuando estaba a 27 grados. Temblando y con las quijadas que parecía que habían tomado vida propia debido a su constante movimiento, regresó a su hamaca y descubrió con sorpresa que su teléfono andaba vibrando como loco por toda la mesa, hasta que cayó en la arena.
¿Quién me estará llamando tanto si dije que sólo lo hicieran en caso de emergencia? Desenterró el teléfono de la arena y miró la pantalla
¡42 llamadas perdidas!. Tenía el teléfono en sus manos cuando empezó a vibrar nuevamente, pero esta vez otra persona lo llamaba
- ¿Alo?
- ¿Luc? ¿dónde estabas?
- Aquí, gozando de la belleza del caribe
me estaba dando un chapuzón.
- Ah si si, que bien
bueno, que dice tu secretaria que la llames.
- ¿Cómo?
- Que dice tu secretaria que la llames ¿te entró agua en los oídos acaso?
- ¿Y tú como sabes que quieres que la llame? que pregunta más tonta pensó luego, al recordar con quien hablaba.
- ¿Por qué va a hacer? Porque me ha llamado como 25 veces y en cada una de ella me dejó mensajes, ¡ya me dejó la máquina contestadora sin memoria!
- Uch
- Bueno, devuélvele la llamada para que me deje de molestar.
- Sí, disculpa y gracias por el recado
- Luc
y decile
- Si?
- Que yo no soy tu mensajero
¿Qué podría ser tan importante como para que me interrumpan en plenas vacaciones? Pensándolo bien, para que llamen hasta a Dios para ubicarme. Mejor será ver que es el asunto.- El Infierno buenos días.
- ¿Karinne?
- Don Lucifer, ¿cómo le va? ¿ha disfrutado de sus vacaciones? Lo he estado llamando.
- Sí, ya me dijeron, ¿qué pasó Karinne?
- Es de parte de los abogados don Lucifer, dicen que es una emergencia, se los comunico.
Inmediatamente una musiquita de espera empezó a sonar. Mientras lo escuchaba empezó a hacer circulitos en la arena, lo que denotaba cuanto lo aburría esa música. Treinta segundos después le transfirieron finalmente su llamada.
- ¿Don Lucifer?
- Siiiiiiiii -dijo él alargando la i exageradamente para que notaran su aburrimiento .
- Don Lucifer, fíjese que tenemos una situación aquí.
- ¿Cómo una situación?
- Si, un reincidente.
- ¿Y para eso me llaman? Pues apliquen la ley, ¿qué más da?
- Es que no se puede señor, ya llegó a su límite de reincidencias y ya le pusimos todos los castigos.
- ¿Cómo así? ¿Quién es?
- El Traidor.
- Por Dios
. Ya voy para allá.
Empacó todas sus maletas rápidamente y tomó el primer vuelo hasta la entrada del Infierno. En el camino pensó una y otra vez que haría ante éste hombre, pero no encontraba solución. No podía ser que él, que todo lo tenía previsto no hubiera considerado esta posibilidad. Ya en el Infierno todo era un caos. Miles y miles de abogados se sumergían en libros gigantescos buscando una solución. Las secretarias y asistentes corrían de un rincón a otro atendiendo los pedidos
urgentes de sus jefes, quienes les cambiaban las órdenes cada vez que ellas hacían su trabajo asegurando que habían dicho otra cosa. Fue la voz del Diablo lo único que hizo que tanto movimiento cesara por unos instantes. Reunidos en la oficina de juntas le expusieron el caso. Tenían razón, no había una respuesta ante lo que había pasado, a él sólo se le ocurrió algo:
quiero hablar con él.Escoltado por dos demonios grandes y fuertes, el Traidor fue traído ante el Diablo, quién se sorprendió al ver que los modelos oficiales del Infierno habían dejado las pasarelas y el estudio fotográfico para custodiar al reincidente; definitivamente había causado conmoción el suceso. Después de un
gracias y a pesar de la insistencia de los custodios el Diablo quiso que los dejaran a solas,
es tan sólo otro pecador, agregó.
- A ver, cuéntame de una vez por todas que es lo que pasa. Ya perdí la cuenta de las veces que te han procesado y no aprendes.
- Pero es que yo no he hecho nada malo.
- ¿Cómo que no? ¡ay no! a mi no me vengas con el cuento de que te crees inocente, sabes muy bien que no lo eres.
- De verdad, que yo no he hecho nada malo. Yo sólo cumplo mi penitencia.
- ¿Cómo tu penitencia?
- Sí. ¿No se supone que cuándo uno va al Infierno tiene que cumplir una penitencia por sus pecados?
- Aja
- ¿Y que esa penitencia se repite una y otra vez?
- Aja
- Pues muy bien, eso es lo único que yo hago. Cumplo mi penitencia y por lo tanto repito una y otra vez mi pecado.
- ¡Cómo!
- ¡Qué hombre más lento! ¿De verdad fuiste Ángel? Porque yo creo que seguro estabas en una clase especial para nivelarte, pero nunca la pasaste
.. Te lo voy a explicar despacio: yo cumplo mi penitencia y por eso paso mi eternidad vendiendo lo que los demás necesiten.
- ¡Judas no seas tan bruto! Tu penitencia era ahorcarte una y otra vez, no seguir cambiando a Jesús por dinero, o lo que sea que estes cambiando ahora.
- ¿Según quién?
- ¿Cómo que según quién? ¡Pues yo! ¿Qué más quieres?
- Ah pos haber empezado por ahí
.
- Mira Judas que me estas haciendo perder la paciencia, ¿te vas a comportar o no?
- Pero que yo me comporto, usted no entiende nada
- ¡Judas! Te lo advierto
.
- Uy sí te lo advierto
el diablito se esta poniendo rojito del colerón
jaja
- ¡¡¡¡Judas!!!!
- Le va a esta a estallar la cabecita del
El Diablo no escuchó más, dio media vuelta, tiró la puerta, le hizo una seña a los demonios y empezó a redactar una carta, la selló y se la entregó a las escoltas, con indicaciones muy claras:
llevan a ese, con esto directo, sin distraerse en el camino.
En la entrada del Cielo los demonios dejaron su entrega:
Querido Dios:
Aquí te mando a Judas para que lo arregles, yo ya perdí la esperanza. Espero que ir al Cielo sea castigo suficiente para que tome conciencia.
Saludos, Lucifer.
P.D. Saludame a Pedro.