Dios y el Diablo. Vidas incomprendidas. (Cap. VI)

Categoría(s): historia, fantasía
Capítulo 6: Trabajo nocturno: no se pagan extras

Estaba el Diablo en su cama tratando de conciliar el sueño.  Daba vueltas de un lado para otro incómodamente.  Se tapaba con la cobija pero el calor lo hacía quitarla y salía debajo de ella muy despeinado y bañado en sudor aún cuando su alcoba tenía aire acondicionado.  Con una camisetilla de tirantes y un pantalón corto el Diablo sentía que lo estaban ahogando.  Su cabeza giraba hacia una esquina en la cual había una luz rojo intermitente.  Esta luz se apagaba durante unos segundos y volvía a iluminar toda la habitación rápidamente.  

El Diablo se cansó de dar vueltas en su cama y optó por darle patadas a los almohadones movido por su desesperación, “¡maldición! Quiero dormir” pensó.  El cansancio empezó a ganar terreno y en su somnolencia, el Diablo dejó de patear los almohadones y los abrazó fuertemente, a la vez que una sonrisa se dibujaba en su rostro que delataba recuerdos de cuando aquella gran cama con sábanas negras de seda no estaba tan sola; pero otra vez la luz roja lo volvió a la realidad.

“¡Es suficiente! Así no se puede descansar, ¿cómo quieren que trabaje eficientemente si ni siquiera ocho horas diarias puedo dormir?  No, es lo que siempre he dicho, uno no rinde lo mismo si se le explota de esta forma, no es sano no darse el tiempo para descansar”.

Refunfuñando y con una cara de malhumorado, el Diablo se levantó de la cama, se puso sus pantunflas negras, y su bata de noche, se ató fuertemente un nudo a su cintura y se dirigió al espejo.  Primero revisó que su cuerpo no quedara al descubierto.  Hizo una inspección ligera de que tampoco se notara la ropa que usaba para dormir, porque no le gustaba que los condenados supieran como vestía a esas horas.  Habían rumores de que dormía desnudo porque las llamas consumían su cuerpo en las noches, pero eran sólo eso, rumores, ya que tenía muy claro que si dormía sin ropa en una emergencia iba a salir corriendo sin recordarlo y todo el infierno lo vería como Dios lo trajo el mundo, ¡eso no le pasaría a él! Miro sus ojeras, se acomodó su cabello negro y salió.

Afuera, por todas las ventanas que dividían el castillo la luz roja entraba constantemente.  “la gente sí es desconsiderada” pensó, mientras se dirigía al área de recibo.  Ahí, un pequeño demonio con un cuerno roto anotaba todo lo que aparecía en la computadora atentamente.  Atrás, otro demonio de bigotes cortos miraba desde una plataforma y contabilizaba todo lo que pasaba por las barras que venían desde la superficie, gritando fuerte los ingresos:

-    Cinco latinos baleados de riña de pandillas.
-    Anotado.
-    Dos borrachos, uno con una cuchillada en el estómago y el otros a la altura del pecho.
-    Anotado.
-    Llega un decapitado….
-    Mierda…. – el demonio de la computadora tomó un micrófono que tenía en su escritorio y por un altavoz que se escuchaba por todo el reino-  Atención, atención favor quien encuentre una cabeza sin dueño presentarla al área de recibo, repito cabeza sin dueño al área de recibo, esto no es un simulacro, repito no es un simulacro.

Mientras los dos demonios trabajaban muy concentrados, el Diablo los miraba atento desde la puerta sin que ellos se percataran de su presencia. La luz roja hizo que la sombra del Diablo se alargara hasta llegar a los pies de uno de ellos, quien se volteó y al descubrir al jefe en la puerta pegó un grito que asustó al otro demonio.

“¡Diablos, me asustaste! Dijo él antes de darse cuenta que fue lo que provocó el grito de su compañero.  Este, por su parte estaba pálido, no por el susto que se pegó, sino porque todos en el infierno sabían que entre las cosas que al señor de las tinieblas no toleraba era que lo llamaran en vano y que de alguna manera insinuaran que él podía asustar a alguien.  El Diablo estaba orgulloso de su figura y por eso lo ofendía terriblemente que alguien sintiera pavor o repulsión ante su presencia.  Tenía milenios de ejercitarse diariamente, de comer saludablemente y de no fumar, todo por su salud, lo único que se la estaba arruinando eran esas noches sin dormir.

Los dos demonios bajaron la cabeza a la espera del castigo que se habían ganado por su imprudencia, pero el Diablo estaba tan cansado que ni siquiera notó lo que había pasado.  “Sigan trabajando, no quiero distraerlos”, les dijo y dio media vuelta dejando al par de demonios aún fríos y temblando.

Todas las noches era la misma historia: el trabajo en el infierno se intensificaba.  En realidad él no tendría que hacer nada, ya que tenía divididas las funciones entre los demonios para que se encargaran ellos de recibir las almas y únicamente requerían su presencia cuando llegaba un suicida, pero era tanto el trabajo y el movimiento que él no podía descansar.

“De verdad que yo no entiendo a estos humanos, ¿de dónde sacarían la estúpida idea de que las maldades se hacen en la noche? ¡Es una ridiculez! Cómo si por no haber sol los demás fueran ciegos… “Que el manto de la oscuridad me cubra”… o sea… es que ni para poetas sirven, usan esa frasecita tan trillada y se creen que con eso tiene algo así como un escudo protector que los separa del mundo que los rodea”.

Caminando por los pasillos seguía sumido en sus pensamientos sin darse cuenta que todos lo miraban a su paso, desde los encargados de castigar hasta quienes recibían los castigos.

“pero es que de verdad, ¿quién me asocia a mi con la noche? ¿quién? Lucifer, Lucifer… ese es mi nombre, pero no, estos ignorantes bajo el cuento de que actúan por mi llamado hacen todo en la noche, por favor, bajo una hermosa luz deberían hacerlo si fuera porque yo los llamo.   Es que ni buenas excusas inventan.

Hasta Halloween lo celebran en la noche, ¿yo que tengo que ver con las brujas? ¡Nada!  Bueno, bueno, es cierto que tuve un romance con una, pero lo que pasó entre Úrsula y yo ya quedó en el olvido. Y cómo no después del papelón que me hizo pasar esa bruja en pleno infierno.  Pobrecita Gloria, si ella no tenía culpa de nada y casi la agarran de las mechas.  Es que con las brujas uno no se mete, ya lo había escuchado, pero nadie aprende por cabeza ajena.  Aún recuerdo la vergüenza que me hizo pasar.

“Sati querido” ¿Sati? ¿Cómo se le ocurrió decirme Sati en el infierno? Esta bien en su casa, pero aquí me tienen que respetar. Y eso que llega la pobre Gloria a quejarse de un cliente y a la bruja se le ha parado el pelo de los celos y empezó a gritarme de todo, que seguro yo le daba vuelta con ella, que cómo permitía que viniera a trabajar con esas ropas tan indecentes, que seguro yo buscaba las mujeres así para traérmelas al infierno y que por algo lo hacía, que con razón siempre andaba tan bien arreglado y me cuidaba tanto.  Me dijo de todo esa bruja, y yo de bruto traté de contentarla.  Hasta le expliqué quien era Gloria y porque andaba vestida así, pero la mujer no entraba en razón, que cómo alguien iba a trabajar con semejante escote, que eso era una falta de respeto para los clientes. Pero por favor, ¡ni que la Gloria fuera la recepcionista o la cara del infierno!  

Yo no sé más bien como no lo vi antes, esa bruja era un manojo de celos.  Siempre llamando a las horas más extrañas supuestamente porque me extrañaba mucho y que quería oír mi voz.  Es más, cómo no lo noté cuando insistió en que quería conocer mi casa, ¿cuándo se ha visto que alguien quiera venir al infierno? ¡Nunca! Si hasta el más pecador sueña con que a tiempo se pueda arrepentir para no pasar por aquí, sino que ir directo al cielo.  

Pero ya no tengo yo nada que ver con esa bruja ni con ninguna otra, sin embargo siguen celebrándome Halloween ¡Hasta sacrificios me hacen! Uy es que eso sí me da cólera, pura imitación barata de los que cuenta el antiguo testamento que le hacían a Dios, no si es que ni originalidad tienen estos humanitos.  Lo peor es que ofrecen la sangre como si de verdad yo me les fuera a aparecer a tomarme una copita de O positivo con ellos, pero es que es una barbaridad, ni que fuera yo Drácula o algo por el estilo”.


Hasta una cabeza sin dueño pateo el Diablo como si fuera balón de fútbol sin darse cuenta.  Con las manos en sus bolsillos seguía caminando por el Infierno tratando de encontrar un rincón dónde dormir.

“Es una cosa terrible este incremento de muertes nocturnas.  Que ladrones que se caen de los tejados intentando entrar a una casa.  Que accidentes de tránsito por conductores ebrios. Que prostitutas muertas a raíz de pervertidos.  Que los pervertidos que los mataron antes de completar su crimen. Que tríos amorosos que llegan aún peleando, porque la pareja los descubrió en pleno acto.  Que adictos por sobre dosis… De verdad, la mayoría de crímenes me llegan en la noche.

Y es que esa lucecita roja no me deja descansar.  Cada vez que llega una alma le da por encenderse.  Ni una ambulancia alumbra tanto… es más ni un faro.  Eso sería buena idea, en lugar de tener una luz que nos anuncie a nosotros que llegaron les ponemos un faro que los guíe hasta el infierno, así nada más siguen la luz… mmm me gusta, creo que voy a cambiar el sistema y así tal vez pueda dormir¨.


Finalmente, el Diablo volvió a su habitación, estaba tan cansado que cayó sobre la cama con la ropa y los zapatos que andaba puestos.  Estaba agotado, ya la luz roja no lo molestaría más. Cayó completamente dormido, pero los dos demonios del área de recibo entraron derribando la puerta y moviéndolo para que se despertara.

-    Señor, llegó un suicida.


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Comentarios:

Escrito por: fer_rojas       06/05/08 18:27
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Contraste de dos capítulos. En uno Dios termina durmiendo tranquilito y en otro el pobre diablo pasa sin dormir, si es posible, se podría decir que Dios se saco el clavo XD.
Me gustan mucho estos capítulos y su imaginación. Sumamente entretenidos y coincido con el comentario de que se presta para la T.V
sigan así
Escrito por: Lisume       06/05/08 02:55
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jajajaja
que buen capi!
el diablo siempre me da risa
un saludito!
Escrito por: antonios       06/05/08 02:15
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jajajajaja...llegue tarde...y empece alrevez....lei el último y por eso tuve que leer todos de un jalón......muy bueno como para una serie de tv. saludos y felicidades
Páginas: 1

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