


| Escritor: | mlacedonia |
| Públicado: | 15/01/2008 |
Cuando el día se acaba, la sensación que tenemos es, por lo general de satisfacción. Sobre todo cuando terminamos la jornada laboral y regresamos a casa. A nuestras cosas, con nuestros afectos.
Ese tránsito de las obligaciones cumplidas al disfrute de nuestros seres queridos y de nuestros momentos íntimos es tal vez el momento más deseado de todo ser humano.
Sin embargo, ese enemigo imbatible que llamamos tiempo, se empeña en transcurrir con idéntica intensidad las veinticuatro horas del día, sin distinguir donde estamos, que estamos haciendo, ni quien nos acompaña. Aunque a veces, sobre todo cuando disfrutamos, el tiempo pareciera esfumarse.
Alguna vez he soñado con eternizar un momento, una fotografía. No obstante, el tiempo siguió, cuan película, su carrera indiferente.
Muchas veces observo a mi hijo mientras juega y anhelo, no sin egoísmo, congelar el presente para disfrutarlo. Y paradójicamente también disfruto viéndolo crecer y madurar ¿Por qué será?
A veces encuentro respuestas convincentes.
Cuando vuelvo a casa más temprano que de costumbre y puedo compartir juegos, besos y charlas con mi hijo; Caricias y abrazos con mi mujer.
En esos instantes el tiempo, el inexorable valor del tiempo, recobra su valor.
Los calendarios tienen resaltadas las fechas festivas en rojo, y no es por casualidad: Son los días rojos los que nos brindan felicidad.
Tampoco es el azar el que ha determinado que el color del resto de los días sea, casi siempre, gris o negro. Esos son los días normales, y sobre ellos quiero detenerme.
Si observaramos el calendario de nuestras vidas, veriamos con sorpresa que los días rojos son franca minoría. Eso hace que transitemos el resto de nuestro propio calendario vital entre días grises y negros, a la espera de los días rojos que siempre parecen más cortos que aquellos.
Si mañana acabara nuestro calendario vital y tuviéramos unos minutos, unos últimos mínutos para hacer un balance, una especie de cuenta de resultados, ¿Cuál sería tu resultado? ¿Estarías conforme o no?
De un tiempo a esta parte, estas dos preguntas son el eje principal de mi filosofía de vida.
Siempre estamos a la espera de días rojos, transitando sin pena ni gloria por los días grises.
Reivindiquemos el sentido del tiempo. Como decía Kypling, demosle al mínuto el valor de los sesenta segundos.
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