DIAS ROJOS Y GRISES

Cuando el día se acaba, la sensación que tenemos es, por lo general de satisfacción. Sobre todo cuando terminamos la jornada laboral y regresamos a casa. A nuestras cosas, con nuestros afectos.

 

 

 

 

 

Ese tránsito de las obligaciones cumplidas al disfrute de nuestros seres queridos y de nuestros momentos íntimos es tal vez el momento más deseado de todo ser humano.

 

 

 

 

 

Sin embargo, ese enemigo imbatible que llamamos tiempo, se empeña en transcurrir con idéntica intensidad las veinticuatro horas del día, sin distinguir donde estamos, que estamos haciendo, ni quien nos acompaña. Aunque a veces, sobre todo cuando disfrutamos, el tiempo pareciera esfumarse.

 

 

 

 

 

Alguna vez he soñado con eternizar un momento, una fotografía. No obstante, el tiempo siguió, cuan película, su carrera indiferente.

 

 

 

 

 

Muchas veces observo a mi hijo mientras juega y anhelo, no sin egoísmo, congelar el presente para disfrutarlo.  Y paradójicamente también disfruto viéndolo crecer y madurar ¿Por qué será?

 

 

 

 

 

A veces encuentro respuestas convincentes.

 

 

Cuando vuelvo a casa más temprano que de costumbre y puedo compartir juegos, besos y charlas con mi hijo; Caricias y abrazos con mi mujer.

 

 

En esos instantes el tiempo, el inexorable valor del tiempo, recobra su valor.

 

 

 

 

 

Los calendarios tienen resaltadas las fechas festivas en rojo, y no es por casualidad: Son los días rojos los que nos brindan felicidad.

 

 

Tampoco es el azar el que ha determinado que el color del resto de los días sea, casi siempre, gris o negro. Esos son los días “normales”, y sobre ellos quiero detenerme.

 

 

 

 

 

Si observaramos el calendario de nuestras vidas, veriamos con sorpresa que los días “rojos” son franca minoría. Eso hace que transitemos el resto de nuestro propio calendario vital entre días grises y negros, a la espera de los días “rojos” que siempre parecen más cortos que aquellos.

 

 

 

 

 

Si mañana acabara nuestro “calendario vital” y tuviéramos unos minutos, unos últimos mínutos para hacer un balance, una especie de cuenta de resultados, ¿Cuál sería tu resultado? ¿Estarías conforme o no?

 

 

De un tiempo a esta parte, estas dos preguntas son el eje principal de mi filosofía de vida.

 

 

Siempre estamos a la espera de días rojos, transitando sin pena ni gloria por los días grises.

 

 

Reivindiquemos el sentido del tiempo. Como decía Kypling, demosle al mínuto el valor de los sesenta segundos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Comentarios:

Escrito por: mariazul11       23/02/08 01:48
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Buana reflexión, tu escrito revaloriza los pequeños grandes momentos de la vida.
Cariños
Lili
Escrito por: Andrea1968       15/01/08 23:19
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"Si mañana acabara nuestro “calendario vital” y tuviéramos unos minutos, unos últimos mínutos para hacer un balance, una especie de cuenta de resultados, ¿Cuál sería tu resultado? ¿Estarías conforme o no?"
Buena pregunta, en mi caso particular, hasta hoy, estaria conforme.
Como dice en el final el hermoso soneto de Francisco Luis Bernardez "Porque después de todo he comprendido / que lo que árbol tiene de florido / vive de lo que tiene sepultado"., yo soy esta persona gracias a lo que vivi, gracias a lo bueno y a lo malo. Buena reflexion amigo. Que bueno verte por aca nuevamente.Un abrazo, nos leemos.
Escrito por: Vilma       15/01/08 21:02
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Pues sí, la verdad días rojos y otros negros, es como yo los definiria, aunque la solución de cambiarlos de color es nuestra. Unicamente tenemos que ponerle un punto de alegría a la vida cotidiana, y eso sólo depende de uno mismo.
Cuídate amigo.
Saludos. Vi.
Pd. 2x1
Escrito por: salvino       15/01/08 00:52
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Es así como tú dices pero una fotografía sacada a las l3:00 desde cierta altura nos demuestra que somos no más que hormigas con la certeza de serlo. Vamos arriba ese ánimo. Cada mañana es un misterio y una revelación que no hay que desperdiciar. A lo mejor comenzaste a amar a tu mujer un día gris, o un niño nació mientras transcurría una tarde de invierno lluviosa y fría. Y sin embargo...Un gran abrazo uruguayo.
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