Llegue hasta la puerta y visualicé lo que ocurría, pero no llegue a darle importancia, sucedería en cualquier momento.
Enciendo el televisor, hago mi acostumbrada odisea de buscar el canal perfecto, observo una mujer en los huesos vendiéndome pastillas para adelgazar, otra un shampoo para eliminar las caspa, el mejor periódico de información. Entre tanta publicidad, encontré mi atracción, un partido de fútbol.
-gol-, grito de repente, cuando un delantero se acerco hacia el travesaño contrario con un gran disparo. Los continuos pases y jugadas hacen que el juego se torne mucho más emocionante.
Despavorido quede con el resultado. Luego de un desprendimiento de insultos al arbitro y a los jugadores, me resigne y comprendí que era solo un juego.
Decidí salir, encontrar aquello que me era necesario. Transito cómodamente por unas de nuestras congestionadas avenidas, en un semáforo un señor me dice: arrepiéntete hermano, que Cristo ya viene. Luego repentinamente un niño se me acerca y me pide algo, porque tiene varios días que no come. Casi al mismo tiempo observo un proyectil que se dirige hacia mi, escondí mi rostro detrás de mis brazos. Después entendí que era la esponja de un niño que limpia vidrios para sobrevivir.
Continuo mi pequeño paseo, observo a las personas presurosas por llegar hacia sus trabajos. Descubro la agilidad que pueden tener los brazos, de un joven en silla de ruedas al cruzar la calle.
Llegue al destino que no tenía planeado. La zona colonial se alzaba delante de mi, como invitándome ha conocer su historia. Lo que esas paredes, esa muralla, una que otra casa, guardan celosamente para el espectador.
Me refugio en uno de sus bares. El mesero que coloca un café. Observando quede por un momento el negro liquido, en el cual muchos intelectuales encontraron un día el refugio de la soledad.
Contemplo el libro en mis manos, leo el nombre del escritor y pienso en todas las tazas de café que degusto antes de acabar dicho libro. Observo el titulo: el encuentro de un filósofo con Jesús.
Pienso en Jesús, el nazareno, el hijo del Hombre, aquel del que dicen dio la vida por nosotros, treinta y tres anos duro en la tierra y que poco sabemos de El.
Me lo imagino en nuestro tiempo, posiblemente lo matarían, tal vez se le trataría igual o peor, y quien sabe si lo derechos humanos se apiaden de El.
Me olvido un poco de mis ideas un poco teológicas o tal vez religiosas y descubro el mundo a mi alrededor y me instalo en el y puedo ser mas que el.
Un anciano se me acerca y me susurra: el mundo de los genios no esta sellado, ¡tu ser cierra, tu corazón es muerto!.
Salí rápidamente del lugar, nada resulto ser diferente, un día normal, a una persona normal, en realidad todo igual.
Camino por la calle el Conde y observo sus representantitas vitrinas. Veo un letrero: de la nada, nada viene, y pienso en el vacio, teoría del big bang y una que otra idea. ¿En verdad la nada es solo vacio, en el cual no existe ningún ser? En ese momento se me acerca un mendigo y me dice al oído: hasta la nada es algo, quede atónito, volteo y no veo a nadie. Simplemente otro día más.
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