Destiempos.

 

 

 Me dedicaba distraído  a contemplar su cuerpo abandonado a su suerte, a su mala suerte y veía con indiferencia como ella  pasaba las tardes sentada en mis recuerdos de ti, pensativa, como esperando un olvido que sabía que quizá no llegaría nunca.

 

 Su paciencia acababa por ponerme nervioso y entonces la gritaba, lanzaba palabras amargas sobre las grietas de su cuerpo que comenzaba a abrirse. A veces habría querido abandonar ese presente , cerrar los ojos y pasar la tarde en mis recuerdos de ti pero acababa siempre sumergido en su cuerpo de fuego. Después, un humo divagaba indiferente por la habitación y sentía el deseo de quedarme solo. Ella, que si algo sabía hacer era leer mi indiferencia, se vestía deprisa y en silencio para no molestarme y se cerraba la puerta y se encendían de nuevo todos mis recuerdos. 

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Comentarios:

Escrito por: Aurelio       06/08/08 18:45
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Un final que lo resuelve todo, sin duda; “leer la indiferencia”, qué cualidad más simple pero a la vez menos propensa en las generaciones actuales.
Escrito por: sarabia       15/05/08 22:35
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vre historia de un alguien que siempre nos perturba y nos inquieta, trayendo consigo la magia de un ayer, saludos amiga.
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