Desolación infinita.

Categoría(s): Liz M. Ahumada A.

La sábana blanca que evidentemente cubría un cuerpo, caía en una cascada tétrica dejando unos pies varoniles al desnudo. Toda la escasa claridad del lugar volcábase sobre la pulcra tela blanca vislumbrando tenuemente el perfil humano, que asumía de este modo, contornos irrealmente fantasmales.
—Ahí tiene usted el cuerpo de la víctima— dijo el policía con acento sarcástico.  
Entonces ambos se acercan y por un momento, Ricardo dudó y como si sus movimientos adquirieran una movilidad ilusoria, levantó tembloroso aquel paño, todo pareció trastocarse, entró en estado de pánico, la camilla, el cuerpo y la sábana adquirieron formas precisas y duras, como si todo hubiese sido despojado de aquel halo de misterio que lo rodeó desde el principio.
Fue un golpe que lo dejó casi frío a fuerza de ser horroroso, Ricardo musitó palabras incomprensibles y desde el fondo de su alma emitió un grito gutural y penetrante, que se escurrió a través del viento esparciéndolo por toda aquel pueblo endemoniado, removiendo en remolinos breves, hojas secas y arbustos deshojados con olor a muerte. Su movimiento se había congelado y aún permanecía con la sábana levantada viendo el cadáver. Cerró los ojos y se sentó en el suelo en actitud de entrega, sollozaba y gemía como un animal en sacrificio, en ese instante sintió de nuevo la hostil y nebulosa presencia de la locura, intentó abrir los ojos para recuperar la realidad, pero un mal presagio se interponía entre sus deseos y la verdad. Como un esbozo ilusorio, recordó a su reciente compañera.
—Patricia, Patricia— pronunció entrecortadamente e intentando verla entre sus lágrimas espesas.
—Chist, chist...— se apresuró a decir Patricia, mientras lo ayudaba a reincorporarse.
—Después hablamos, ahora debes descansar—agregó ella con voz maternal.
Ricardo, recibió su ayuda con absoluta confianza. Sometido, con paso cansino y sus pensamientos confundidos, se dejaba arrastrar por Patricia, no lograba dar crédito a todo aquello que estaba viviendo. Al llegar a la puerta sintió que el alma se le congelaba y los huesos se le desarmaban, tanto era su dolor que no fue capaz de espantar aquellas moscas inmundas que insistentemente le golpeaban el rostro y le nublaban el camino.
—Debo marcharme— dijo como si nadie lo escuchara.

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Comentarios:

Escrito por: rotko       06/04/08 03:01
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excelente...esta historia!!!
muy bien!!!
Escrito por: Saylorman       20/02/08 06:55
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Cautivante...y el final la hace aún mas.

Felicidades amiga, excelente historia corta.
Escrito por: Romang       19/02/08 22:51
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hay veces que uno quiere que las historias tengan un final... a veces feliz, en otros no importa. Este es el caso en que no importa ese final para que todo un cuadro quede en la memoria. La vida esta llena de cuadros (como si fueran sucesivas cuadros cinematográficos) que no podemos resolver. Me gusto.
PD... me gustaria, si queres, decirme cual fue tu idea... ya que nuestras opiniones, en este caso la mía, esta cruzada por motivaciones y es tan subjetiva...que no se si he llegado a la idea primigenía. Gracias. te mando un beso. CUNI
Escrito por: betob       19/02/08 01:03
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Un pensamiento inconcluso. Detalles suspendidos. Intriga con suspenso.
Un estilo que lleva al lector un poco más allá de la comprensión.

betob
Escrito por: pacomartin       18/02/08 23:34
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Es un autentico relato corto, en el sentido pleno de la palabra. Realmente me ha encantado. La descripción del "grito gutural" me ha parecido fantástica. Y el final buenísimo.
Un beso muy fuerte de un admirador.
Escrito por: horus       18/02/08 18:28
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Me encanto, me identifique!! Bravo
HORUS
Escrito por: Oscarhugo       18/02/08 16:15
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La muerte, tan misteriosa como la vida; vida y muerte, una no existe sin la otra; finalmente debemos aceptar la realidad, como Ricardo el protagonista ¿Quién nos escuchará? creo que nadie. Liz, amiga, una vez más muestras tu capacidad narrativa, un extenso y bien usado vocabulario, en un relato fluido con grandes símbolos universales, para describir el dolor de la muerte y la negativa a aceptar la realidad; siempre habrá una Patricia que nos invita a descansar. Felicitaciones, un beso fraterno.
Escrito por: Galvarino       18/02/08 15:06
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Bueno , bueno, bueno, amiga, me parece genial que escribas sobre esa parte de nuestra vida que muchos no quieren o temen afrontar. Muy atrapante y bien redactado, fácil de seguir. Felicidades. Un beso
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