DESEO (parte tercera)

Desde el día en que Federico había conocido a Ema, sufría de terribles trastornos. En las noches no podía dormir pensando en el suave roce de su boca con la piel de ella, deliraba a la madrugada con la idea de poseer cada espacio de aquel cuerpo inmaculado, en las pocas horas que lograba conciliar el sueño se atormentaba con las visiones de un contacto intimo, con el sonido de la voz de Ema suplicándole al oído que la amara en cuerpo y alma para toda la eternidad. De repente se despertaba empapado en sudor y con el deseo vivo.

En el día las cosas no mejoraban, por las mañanas sentía como le hervía la sangre cada vez que esa imagen femenina pasaba por su mente, al escucharla por teléfono sentía un escalofrió que hacia temblar su cuerpo por aquella melodía tentadora. Ya no podía más, tenía que confesarle a Ema que esa relación había pasado los inocentes límites de la amistad, quería decirle que las cosas tendrían que cambiar o él tendría que morir.

-          Hola Ema, ¿Dónde estas? – se apresuro a decir para tratar de evitar que las palabras salieran una tras de otra.

-          aun en el trabajo.

Claro, como olvidar aquella horrible actividad que le había arrebatado el placer de contemplar sus ojos durantes varias horas todos los días.

-          Quieren que me ponga al día con el funcionamiento de la empresa – dijo Ema

No podía creer como esas palabras tan ordinarias y simples sonaban tan sugestivas.

-          ¿Te demoras mucho? Es que… quería invitarte a comer algo.

-          pues… - ese silencio se le hizo absurdamente eterno, creyó que era la negación de todos sus deseos y pasiones.

-          … Creo que en una horita puedes pasar por mi, de todas maneras tengo muchas ganas de verte… debo colgar, nos vemos en un rato.

-          Bueno adiós.

Se fue caminando desde su casa hasta el edificio en el que trabajaba Ema “tengo muchas ganas de verte” esa frase rondaba su cabeza, la había devuelto el aliento y había permitido que su corazón latiera de nuevo. Talvez ella sentía lo mismo que él, eso era algo que alimentaba todo su ego y su entusiasmo. Hoy se sabría la verdad, ya no valía la pena sufrir en silencio si ella también lo hacia.

Llego a su destino, allí estaba ella sentada en banco con las piernas cruzadas, mirando al infinito mientras que fumaba un cigarrillo. Era una imagen celestial que hubiera hecho delirar a cualquier pintor de bellezas majestuosas. La luz de la noche le daba es hermosura extraterrena digna de unos versos.

Mientras que la observaba detuvo el paso y se quedo absorto contemplándola, de nuevo vinieron a su mente esos sueños turbios en los que ella toda, entera le pertenecía.

Sus miradas se encontraron y él sintió que Ema le permitía entrar en su mundo con cada movimiento, se le acerco con el deseo vibrando en la superficie de su piel, corrió y la tomo de la cintura y la beso en los labios, esa sustancia que jugaba entre sus labios enardeció su pasión, quería recorrerla con sus manos, con sus besos, con sus ojos, con toda aquella parte de su cuerpo que pudiera gozar y abrigar ese nuevo sentimiento que despertaba el dulce sabor de Ema.
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Rina       14/04/08 01:27
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Amiga, nos llevas a sentir ese tormento por el que pasa Federico...cada letra tuya es un paso mas que lo lleva a acercarselo...
Muy bien escrito y sentido
Te sigo leyendo
Besos
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poesía