debate despues del cuento,(Quien se ha llevado mi queso?)Autor:Spencer Johnson

Categoría(s): queso, ayuda, debate

 (segunda parte)

 

EL DEBATE, ese mismo día, más tarde

Cuando Michael terminó de contar el cuento, miró a su alrededor y vio que sus
antiguos compañeros de clase sonreían.

Algunos le dieron las gracias y le dijeron que les había sido de gran utilidad.

-¿Y si nos encontráramos más tarde y lo comentáramos?- repuso Nathan.

A todos les pareció bien la idea, y quedaron para tomar algo juntos antes de cenar.
Esa noche, se reunieron en el bar de un hotel y empezaron a bromear con la idea
de buscar su “queso” y verse metidos en el laberinto.

-Entonces ¿qué personaje del cuento sería cada uno de nosotros? ¿Oli, Corre, Kif o
Kof? –preguntó Ángela a todo el grupo.

-Bueno, esta tarde he estado pensando en ello –respondió Carlos-. Y he recordado que,
antes de tener la tienda de artículos deportivos, sufrí un duro encuentro con el cambio.
No fui Oli, porque no me lo olí y no vi el cambio desde el principio. Y tampoco fui Corri,
porque no emprendí una acción de inmediato.

“Creo que más bien fui como Kif: quería quedarme en el territorio conocido. La verdad
es que no quería afrontar el cambio. Ni siquiera quería verlo.

Michael, que tenía la sensación de que apenas había pasado tiempo desde que Carlos
y él fueran tan amigos en el instituto preguntó:

-¿A qué te refieres Carlos?

-A un cambio inesperado de trabajo         –respondió Carlos.

-¿Te despidieron? –preguntó Michael soltando una carcajada.

-Bueno, digamos que no quería salir en busca de nuevo queso. Tenía buenas razones
para creer que no se produciría ningún cambio. Por eso, cuando este se produjo me
afectó muchísimo.

Algunos de los compañeros de clase que habían estado callados desde el principio,
se sintieron más cómodos y empezaron a contar sus experiencias, entre ellos Frank,
que se había hecho militar.

-Kif me recuerda a un amigo mío –comentó-. Su departamento iba a desaparecer,
pero él se negaba a verlo. Todos los días despedían a personal de su sección. Todo
el mundo le hablaba de las grandes oportunidades que había en la empresa para los
que querían ser flexibles, pero el no creía que debería cambiar. Fue el único al que le
sorprendió la desaparición del departamento. Ahora le está costando mucho adaptarse
a un cambio que, según él, no tenía que haberse producido.

-Yo también era de las que creía que eso no iba a pasarme a mí –dijo Jessica-, pero lo
cierto es que mi “queso” se ha movido, y más de una vez.

Todos rieron excepto Nathan.

-Tal vez ese sea el meollo de todo el asunto –dijo este último-. Todos estamos
expuestos al cambio. Me gustaría que mi familia y yo hubiéramos escuchado antes
este cuento. Por desgracia, no quisimos ver los cambios que se iban a producir en
nuestro negocio, y ahora ya es demasiado tarde. Hemos tenido que cerrar varias
tiendas.

Aquello sorprendió a sus amigos, ya que creían que Nathan tenía la suerte de ser el
propietario de una empresa segura con la que siempre podría contar.

-¿Qué ocurrió? –quiso saber Jessica.

-De pronto, cuando montaron en la ciudad un hipermercado, con sus enormes
existencias y sus bajos precios, nuestra cadena de pequeñas tiendas quedó obsoleta.
No pudimos competir con esa gran superficie. Ahora veo que, en vez de reaccionar
como Oli y Corri, reaccionamos como  Kif. Nos quedamos donde estábamos y no
cambiamos. Intentamos no hacer caso de lo que ocurría, y ahora tenemos problemas.
Kof habría podido enseñarnos un par de lecciones.

Laura, que en la actualidad era una importante mujer de negocios, había escuchado
con atención y decidió finalmente intervenir en la conversación.

-Esta tarde, yo también he estado pensando en el cuento que nos ha narrado Michael
–dijo-. Me he preguntado qué tengo que hacer para parecerme más a Kof y ver cuáles
son mis errores; reírme de mí misma; cambiar y hacer mejor las cosas. Me gustaría
saber una cosa ¿A cuántos de nosotros nos da miedo el cambio?

Nadie respondió por lo que Laura sugirió:

-Que levante la mano quien tenga miedo del cambio.

Sólo se alzó una.
-Bueno, parece que al menos hay una persona sincera en el grupo –prosiguió Laura -
tal vez les gusta más la pregunta siguiente: ¿cuántos de los que están aquí piensan
que los demás tienen miedo del cambio? –Todos levantaron la mano y luego se
echaron a reír –Bien, ¿y esto” qué significa?

-Significa la negación- respondió Nathan.

-A veces  ni siquiera somos conscientes de que tenemos miedo –admitió Michael-. Yo
no sabía que lo tenía. La primera vez que oí el cuento, lo que más me gustó fue la
pregunta “¿Qué harías sino tuvieras Miedo?”.

-Lo que yo he sacado en claro del cuento –intervino Jessica- es que los cambios se
producen tanto si me dan miedo como si me gustan-

“Recuerdo que, hace unos años, cuando mi empresa vendía enciclopedias, una
persona intentó convencernos que teníamos que editar nuestra enciclopedia en CD
y venderla mucho más barata. El costo sería menor, y mucha más gente podría
permitirse comprarla, pero todos nos resistíamos a ello.

-¿Por qué esa resistencia? –quiso saber Nathan.

-Porque creíamos que la columna vertebral del negocio era la red de vendedores, las
personas que vendían de puerta en puerta. Mantener esa red de vendedores dependía
de la elevadas comisiones que cobraban por colocar en el mercado un producto caro.
Llevábamos mucho tiempo funcionando así y pensábamos que podría durar siempre.

-Ese era vuestro “queso” –dijo Nathan.

-Sí, y queríamos aferrarnos a él.

-Pensándolo ahora, de forma retrospectiva, veo que no se trató solo de que “nos
movieran el queso”, sino de que el “queso” tiene vida propia y, al final, se acaba. Y lo
que ocurrió fue que nosotros no cambiamos, pero un competidor si lo hizo y nuestras
ventas cayeron en picada. Hemos pasado una época muy difícil. Ahora va a producirse
otro gran cambio en la industria, y en la empresa nadie quiere afrontarlo. No me gusta.
Es posible que pronto me quede sin trabajo.

-¡Pues tendrás que salir del laberinto! –dijo Carlos. Los demás rieron, Jessica incluida.

Carlos se volvió hacia ella y le dijo:

-Es importante ser capaz de reírse de uno mismo.

-Eso es lo que más me ha impactado del cuento –terció Frank-. Yo no me tomo
demasiado en serio. Kof pudo cambiar a partir del momento en que fue capaz de
reírse de sí mismo y de lo que estaba haciendo.

-¿Creen que Kif llega a cambiar y sale a buscar queso nuevo? –preguntó Ángela.

-Yo creo que sí –respondió Elaine.

-Pues yo creo que no –dijo Cory-. Hay personas que nunca cambian y pagan un precio
muy alto por ello. En mi práctica médica veo a gente como Kif. Creen que tienen derecho
a su “queso”. Cuando el queso se mueve, se sienten víctimas y culpan a los demás. Se
ponen enfermas con más frecuencia que las personas que superan los miedos y siguen
avanzando.

-Me parece –dijo Nathan, en voz muy baja, como si hablara consigo mismo- que la
cuestión es: “¿De qué debemos prescindir y qué debemos seguir buscando?”.

Transcurrieron unos minutos sin que nadie dijera nada.
-Tengo que admitir –intervino finalmente Nathan- que había visto lo que estaba
ocurriendo en otras partes del país, pero esperaba que a nosotros no nos afectaría.
Supongo que es mucho mejor iniciar el cambio mientras uno todavía puede intentar
reaccionar y adaptarse a él. Tal vez deberíamos mover cada uno nuestro propio queso.

-¿Qué quieres decir? –preguntó Frank.

-No puedo dejar de preguntarme dónde estaríamos hoy si hubiésemos vendido los
terrenos de nuestras pequeñas tiendas y hubiéramos construido una gran superficie
comercial para competir con las mejores del sector –repuso Nathan.

-Tal vez sea ese el significado de lo que Kof escribió en la pared –dijo Laura-. “Saborea
la aventura y muévete cuando se mueve el queso”.

-Yo creo que algunas cosas no deberían cambiar –terció Frank-. Por ejemplo, yo quiero
aferrarme a mis valores básicos. Sin embargo, ahora veo que habría sido mucho mejor
para mí si hubiera empezado mucho antes a moverme cuando lo hizo el “queso”.

-Michael, la historia del queso es muy interesante –comentó Richard, el escéptico de la
clase-, pero ¿cómo la aplicaste en el caso concreto de tu empresa?

El grupo todavía no lo sabía, pero Richard se estaba enfrentando a algunos cambios.
Hacía poco que se había separado de su mujer, y en esos momentos intentaba
equilibrar su carrera profesional con la crianza de sus hijos adolescentes.

-Verán, yo pensaba que mi misión era ir resolviendo los problemas cotidianos a medida
que surgían, cuando en ves de eso, tendría que haber mirado hacia el futuro al tiempo
que prestaba atención a la dirección que estabamos tomando –dijo Michael-. Y sí, claro
que me dediqué a solucionar problemas, las veinticuatro horas del día. La situación no
era en absoluto divertida. Vivía en un mundo de competencia inexorable y no podía
salirme de él.

“Sin embargo después de escuchar ¿Quién se ha llevado mi Queso? y ver cómo
cambia Kof, advertí que mi misión era dibujar una imagen del “nuevo queso”. Y
conseguir que esa imagen fuera tan clara y realista que tanto yo como las personas
c0n las que trabajaba pudiéramos disfrutar de l cambio y triunfar juntos.

-Es muy interesante –comentó Ángela-. Porque, para mí el punto culminante de la
historia es cuando Kof deja atrás sus miedos y se visualiza encontrando el “nuevo
queso”. Entonces, correr por el laberinto le da menos miedo y disfruta haciéndolo y
finalmente encuentra algo mejor.

Richard, que había permanecido con el cejo fruncido durante toda la conversación
comentó:

-Mi jefa no cesa de decirme que la empresa debe cambiar. Creo que lo que en
realidad me está diciendo es que Yo debo cambiar, pero yo me niego a hacerle caso.
Creo que nunca he sabido cuál es el “nuevo queso” hacia el que quiere que me
mueva. Ni tampoco en qué va a beneficiarme ese cambio.

“Tengo que admitir que me gusta la idea de visualizar un “nuevo queso” e imaginarse
a uno mismo disfrutando de él –dijo Richard con una leve sonrisa-. Eso lo ilumina todo.
Atenúa los miedos y hace que te sientas más interesado en contribuir a que se
produzca un cambio. Tal vez pueda utilizar esa historia en casa –añadió-. Al parecer,
mis hijos creen que en su vida no debe cambiar nada. Están enfadados. Supongo
que tienen miedo de lo que les depara el futuro. Tal vez no he hecho un dibujo
realista para ellos del “nuevo queso”. Probablemente porque ni yo mismo lo he
visto todavía.

El grupo permaneció unos instantes en silencio, y algunos de sus miembros pensaron
en su vida familiar.

-Bueno –intervino Elaine-, aquí casi todo el mundo habla del trabajo, pero a mi la
historia me ha hecho pensar en mi vida privada. Creo que mi relación actual es
“queso viejo”, y está realmente enmohecido.

-A mí me pasa lo mismo –dijo Cory riendo- Supongo que tengo que liberarme de
una relación negativa

-O quizás el “queso viejo” sean simplemente las actitudes vieja –replicó Ángela-. De
lo que verdaderamente tenemos que liberarnos es de la conducta que sigue
propiciando relaciones negativas. Y a partir de aquí, avanzar hacia una manera
mejor de pensar y actuar.

-¡Claro! –exclamó Cory-. ¡Tienes toda la razón! El nuevo queso es una relación
nueva con la misma persona.

-Empiezo a pensar que esta historia tiene muchas más lecturas que de las que
en un principio creía –dijo Richard-. Me gusta la idea de liberarse de una conducta
 vieja en vez de hacerlo de la relación. Repetir la misma conducta dará siempre
los mismos resultados.

“En vez de cambiar de trabajo, tal vez yo podría ser una de las personas que ayuden
a la empresa a cambiar. Si lo hubiera hecho, a buen seguro que ahora tendría un
empleo mucho mejor.

Entonces Becky, que vivía en otra ciudad pero había vuelto a la suya para la reunión,
dijo:

-Mientras escuchaba el cuento y vuestros comentarios, he tenido que reírme de mí
misma. He sido como Kif durante mucho tiempo, siempre dudando y vacilando y con
miedo a cambiar. No me había dado cuenta de que a casi todos nos pasa lo mismo.
Me temo que he transmitido a mis hijos esa manera de actuar sin saberlo siquiera. Si
ahora pienso en ello veo que los cambios te llevan a un lugar nuevo y mejor, aunque
cuando se producen temes que no sea así.

“Recuerdo cuando nuestro hijo estaba estudiando el segundo curso en la universidad.
Debido al trabajo de mi marido, tuvimos que dejar Illinois y establecernos en Vermont.
Nuestro hijo estaba muy triste por tener que dejar a sus amigos. Además, era una
estrella de la natación y en Vermont no había equipo de ese deporte. Se enfadó con
nosotros y nos culpó del traslado.

“Pero, al final, se enamoró de las montañas de Vermont, aprendió a esquiar, esquió
con el equipo de la universidad y ahora vive feliz en Colorado. Si hubiéramos
escuchado todos juntos el cuento del queso, mi familia se habría ahorrado muchas
tensiones.

-Cuando llegue a casa –dijo Jessica-, se lo contaré a los míos y les preguntaré a mis
hijos si creen que soy Oli, Corri, Kif o Kof, y quién creen que son ellos. Podríamos
hablar de lo que pensamos que es queso viejo en nuestra familia y de cuál podría
ser el nuevo queso.

-Es una buena idea –intervino Richard.

-Me parece que voy a ser más como Kof: me moveré cuando se mueva el queso
y disfrutaré de él –comentó Frank-. Y voy a contarles esta historia a mis amigos,
que están preocupados porque tienen que dejar el Ejército y por lo que el cambio
supondrá para ello. Seguro que provoca interesantes discusiones.

-Sí, así fue tal como mejoramos la empresa –dijo Michael-, Nos reunimos varias
veces para discutir qué habíamos sacado en claro la historia del queso y para
decidir cómo podíamos aplicarla a nuestra situación concreta. Estuvo muy bien
porque pudimos utilizar un lenguaje que resultaba divertido para hablar del cambio.
En realidad, resultó muy efectivo. Sobre todo cuando lo divulgamos por toda la
empresa.

-¿Y eso? –quiso saber Nathan-

-Cuanto más nos bajábamos en la escala jerárquica de la organización,
encontrábamos a más personas que se sentían con menos poder. Era comprensible
que el cambio les diera mucho miedo, ya que consideraban que se les imponía
desde arriba. Por eso se resistían a él. Dicho en pocas palabras: cuando el cambio
.
-¿Por qué? –preguntó Carlos.

-Porque –prosiguió Michael- cuando nos dispusimos a cambiar, la empresa
había llegado a un punto tal que estuvimos a punto de prescindir de muchos
empleados, entre ellos algunos amigos. Fue muy duro para todos., Sin embargo
prácticamente todo el mundo, los que se quedaron y los que se marcharon, dijo
que el cuento del queso le había ayudado a ver las cosas de otro modo y a
adaptarse mejor a ellas. Los que tuvieron que buscar un nuevo empleo dijeron
que al principio les resultó muy duro, pero que recordar la historia les fue de gran
ayuda.

-¿Qué fue lo que más los ayudó? –preguntó Ángela.

-Una vez dejaron atrás el miedo –replicó Michael-, me dijeron que lo mejor fue
advertir que el mundo estaba lleno de nuevo queso esperando que alguien lo
encontrara. Que formarse una imagen mental del nuevo queso hacía que se
sintieran mejor; en las entrevistas de trabajo tenían más confianza en sí mismos,
y algunos encontraron un trabajo mejor.

-¿Y aquellos que se quedaron en tu empresa? –preguntó Laura.

-Pues en vez de quejarse de los cambios que estaban produciéndose –respondió
Michael-, decían “Nos han movido el queso. Vamos a buscar uno nuevo”. De ese
modo ahorramos mucho tiempo y redujimos las tensiones.

“Al poco, las personas que se habían resistido al cambio empezaron a verle las
ventajas e incluso colaboraron en la tarea de llevarlo a cabo.

-¿Por qué crees que ocurrió? –dijo Cory.

-Creo que en gran parte se debió a la presión que pueden ejercer los compañeros
en una empresa.

-¿Qué ocurre en casi todas las empresas cuando es la dirección la que anuncia un
cambio? ¿Qué opina la gente del cambio? ¿Qué es una buena idea o una mala idea?

-Una mala idea –respondió Frank.

-Sí –convino Michael-. ¿Por qué?

-Porque la gente quiere que las cosas sean siempre iguales y cree que el cambio
le perjudicará –dijo Carlos-. Cuando una persona lista dice que cambiar es mala
idea, los demás dicen lo mismo.

-Sí, tal vez no piensen lo mismo –añadió Michael-, pero se muestran de acuerdo
para parecer listas. Ese es el tipo de presión que se da entre compañeros y que
combate los cambios en cualquier empresa.

-En las familias puede ocurrir lo mismo entre padres e hijos –intervino Becky. Y
luego preguntó-: ¿Fuéron muy distintas las cosas cuando la gente leyó el cuento
del queso?

-Cambiaron de inmediato. Porque nadie quería parecerse a Kif –contestó Michael
simplemente.

Todos rieron, incluido Nathan, que dijo:

-Ese es un punto interesante. En mi familia nadie querrá parecerse a Kif. Es posible
incluso que cambien. ¿Por qué no nos contaste esta historia en la reunión anterior?
Estoy convencido de que puede funcionar.

-Cuando vimos lo bien que nos había funcionado a nosotros –dijo Michael-. Les
pasamos la historia a algunas personas con las que queríamos hacer negocios
porque sabíamos que en sus empresas también estaban produciéndose cambios.
Les sugerimos que nosotros podíamos ser su “nuevo queso”, es decir, unos socios
mejores con los que podríamos triunfar juntos.

Eso le dio algunas ideas a Jessica y le recordó que tenía que hacer unas llamadas
para unas ventas a primera hora de la mañana. Consultó el reloj y dijo:

-Bueno, es el momento de que me vaya de esta Central Quesera en busca de un
nuevo queso.
Todos se echaron a reír y se despidieron. Muchos querían seguir conversando, pero
tenían que marcharse. Al hacerlo, volvieron a agradecerle a Michael que les hubiera
contado el cuento.

-Me alegro mucho de que lo hayan encontrado tan útil –les dijo él- y espero que
pronto tengan la oportunidad de compartirlo con otros.

FIN

 

Autor:Spencer Johnson

 

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