De dònde provenìa el ruido?

Categoría(s): cuentos de Caos

Marzo de 2006

 

Ruido

Qb26

 

De dònde provenìa el ruido, ruido real, tangible, descalabrante de corazones y otros òrganos destinados a sostener la mezcla precisa de fenilalanina y feromonas, que nos vuelve adictos por sòlo un tiempo y nos deja con el sìndrome de abstinencia, por el resto de nuestras vidas??????

Me pareciò escuchar el proceloso crujir del cardio al quebrarse. Ella no me querìa.

 

Bueno, comenzando porque ni siquiera era una ella verdadera. Pero la fè y la ceguera de las drogas, potentes en toda su pureza y fuerza, me convencieron de que lo falso era cierto y lo ùnico cierto, era su piel y su risa y su suspiro cuando la besaba, sin dejarle una molècula libre.

 

el I’m no okay, de My Chemical Romance, Gerard desgarrando sus gritos de frustraciòn, ira y desamor, me permitieron adivinar de dònde provenìa el ruido, en la realidad; el estèreo de Mercedes, nuevo, bobesponja sicodèlico en la cubierta, hacia zumbar las ventanas de la sala de estudio, en la realidad misma.

 

Bostecè; cero medicamentos, de ninguna clase, con sòlo el yoga y la disciplina zen, como relajantes, me habian permitido purificar el corazòn de toda algia, aunque la cabeza se movìa en bandazos, entre la realidad y la alucinaciòn, entre la calma y el conocimiento del dolor absoluto, entre la paz de las cenizas y la muriente rebeliòn que aùn gritaba, al fondo de mis neuronas “Vè! Pelea! Recupèrala!! Secuèstrala de sus ataduras, de su familia, de Tony y tràela a rastras hasta tu cueva, cavernìcola, y hazle el amor hasta que llore bajo tu cuerpo, pidièndote màs!! Anda!!”

 

Pero las frases quedaban anuladas por la razòn calma, que proclamaba la inutilidad de la pelea. El entrenamiento zen proclamaba el desapego y cortaba la piel del sentimiento en tiras, arrojàndola al aire, vièndola arrugarse, ennegrecerse y morir, aunque el alma quedase en carne viva...

 

Amanda no sabìa què querìa de sì misma. No sabìa por què habia estudiado Relaciones Internacionales, cuando a ella lo que le gustaban, eran los computadores y los programas. No sabìa por què coqueteaba con las chicas, cuando era Tony, ni sabìa por què coqueteaba con los chicos, cuando era Amanda. No sabìa, bien a bien, què hubiera preferido en la cama, junto a ella, un salvaje tremendo o una salvaje tremenda, como lo era yo. No sabìa ni siquiera, què cosa le gustaba màs; si ser Amanda y salir contoneàndose, en minifalda, para ser vista y deseada por todos los gañanes o si ser Tony y permanecer con el gesto altivo, duro...y los ojos tiernos al mirar a una chica, desvistièndole los senos, esperando que ella lo mirase.

No tenìa la menor idea de lo què hacer con su vida, cuando yo me atravesè y le dì el peor y màs infalible de los venenos; la esperanza del wannabe, del “quiero ser”, del “llegar a ser y hacer”, al cual estaba yo màs que acostumbrada, al ser mi aire normal de respiraciòn.

No hablàbamos el mismo idioma y dudo que me haya comprendido jamàs. Adorè su cuerpo y no sòlo eso. Tambièn vì en ella lo que en mì veìa; unicidad de alma y propòsito y el conocimiento de saber que se trataba de una joya humana sin pulir, perfecta en su dureza e irrepetible.

 

Ella no viò eso. Su inseguridad le hacìa ciega a la Fè y su temor a vivir la mantenìan pegada a leyes y cànones familiares que jamàs, por ningùn motivo, habrìan aceptado su existencia como Amanda. Amè su risa simple y sus ganas de vivir y de ser y su perfil, cuando dormìa y su voz y sus ojos, màs que a ninguna otra cosa. Su mirada oscura y dulce, azùcar morena, higos en miel, posàndose sobre las cosas con una ternura infinita, la de la niña convirtièndose en mujer y la del niño curioso que hace un descubrimiento increìble, como las alas cubiertas de diamantes pluricolores de una mariposa.

 

Sobrevivimos –todos. Ellos a mì. Yo, a Amanda. Hasta Tosca, el gato- al dolor de perderla, abismada en indecisiones, dolida hasta el fondo del alma, en el no saber lo que se era, no sentir lo que se querìa, temer a la vida misma y llorando el desamor que sentìa por mì.

 

De nada sirvieron los meses de oraciòn o los cuidados diarios. De nada, el intentar fortalecerla.

Recuerdo que me impresionaba algo de ella; jamàs me leìa, a fondo, pese a ser yo escritora. Me hacìa gracia que no admirara nada de lo que yo hacìa. Antiintelectual, apreciaba sòlo mis cualidades fìsicas y le emocionaba que la amara. Pero nunca creyò en la belleza de lo que escribì para ella y al poco tiempo, dejè de hacerlo y me concentrè en que pariera a sì misma, con un mìnimo de dolores.

 

Por supuesto, fallè, de acuerdo a las previsiones de su sicòloga y a las predicciones de casi todo el mundo. No por mì, sino por el interès de Amanda, tan disperso que no terminaba nunca de apuntar hacia ninguna parte, hasta que ya no importaba què hiciese yo o dejase de hacer, era como un manojo de seda cada vez màs envuelto y enredado sobre sì mismo y no por ello, menos suave. Pero no puedo culparla.

 

Quisiera decir que me arrepiento, pero crecì tanto con ese trozo de Amanda en mi vida, que repetirìa lo ocurrido, pese a saber las consecuencias. Còmo sobrevives a la creaciòn de un personaje al que sì puedes tocar? La soluciòn me llegò de forma sencilla y dolorosa, en una sola frase, no mìa, de un trozo de tv, escuchado con desgano; “Supèralo. No eres la primera persona a la que defraudan. Y vete. no eres bienvenida aquí”.

Comencè por una lista de canciones, sicòtica, irreal, dolorosa de rencor por el abandono, llena de esperanza, de alegría colmada y de asombro por la desilusión, por la irreal pérdida, por la ausencia total de fé…

Mi mano perfiló, junto al enorme retrato inacabado, la lista de canciones que Amanda implicaba;

You’re Beautifil, de Blunt

Comfortably Numb, de P. Floyd

Crazy, de Icehouses

Crazy, de S. Plan

Song 4 say goodbye, de Placebo

Sometimes, you can’t make it on your own, de U2

I don’t remember, de Gabriel

el Duke entero, de Gènesis

Eagle will rise again, de A. Parsons

Talk, Fix you, Scientist y Hardest part, de Coldplay

Separated Ways, de Journey

Doors, de Boston

Unforgiven, de Metallica, por ellos y por Apocalyptica

Make me bad, de Korn

Dogs, la versiòn en vivo de Bob Geldoff

Brothers in arms, de Yes

Solitude, de Rush

Alfa y Antàrtica, de Vangelis

White Lightning, de Deff Leppard (“remember well; life stinks and shit happens”)

 

Y una infinidad de cosas de Sting, de Sinatra, de Presley y de Beethoven; todo el dolor de Piazzolla y el de Langue D’Oc y cada nota de Bach, regada sobre millones de estrellas en el caos disperso, mientras Mercedes terminaba su tarea y la conciencia volvìa, lentamente, a situar mi cerebro en su exacto espacio craneal, olvidando el dolor por la muerte y la suerte de Amanda, respirando, de nuevo, entre las notas de My Chemical y la mirada de Tosca, animal y comprensiva...

 

Advertì que el ruido no era mas que el zumbar de mi sangre, calmando los latidos, al pasar por mis oìdos, bajando hacia mi corazòn.

 

Afuera, estaba lloviendo.

 


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Comentarios:

Online
Escrito por: pacomartin       29/01/08 21:27
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Martha!! Has vuelto!! me commueves al máximo con tu nuevo texto. Me alegro una barbaridad de tu vuelta y me encanta que sea con este escrito que me llega a lo más profundo como tú sólo sabes. Sigue así, por favor.

P.D.: no me dejes tanto tiempo...
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