Crónica Cuarta
(Bipolar )
Su mandibula inferior casi tocaba el suelo, los altos pastos cubrían casi por completo su peludo cuerpo, el resto lo ocultaba la oscuridad de la noche. Sus ropas aún se caían a pedazos, sus movimientos seguían el ritmo del viento, la lengua colgando denotaba su cansancio, el constante goteo en ella gritaba el voraz apetito que lo aquejaba.
Dos pequeños niños humanos pateaban un viejo bote en ausencia de una pelota, su vestimenta estaba rota y desgastada, las sandalias hechas con un trozo de madera atado al pie con soga, estaban remendadas con más soga, tenían las rodillas cubiertas por una oscura mezcla de barro y sangre seca, su enmarañado cabello formaba plastas descoloridas superpuestas como escamas putrefactas. Indudablemente eran hijos de campesinos, solo tenían libres las noches por que las driadas podían ser cosechadas únicamente a la luz del sol, al menos ningún hombre sensato se atrevería a hacerlo de noche. Nadie mas estaba cerca. No había más ruido que las risas despreocupadas de los cachorros humanos, el estridente golpeteo del bote contra el suelo y el sutil crujido de la maleza bajo los acojinados dedos del monstruo.
Dos saltos fueron suficientes para derribar al mas pequeño, el pobre no supo de donde salio tal abominación, con apenas poco mas de una decena de años, el niño pudo distinguir que no se trataba de un lobo normal, su mirada tenia una profundidad humana casi como la mirada de su padre. Antes de poder siquiera levantar las manos con la firme intención de guarecerse bajo ellas un crujido su omóplato izquierdo estaba destrozado por la descarada presión con que el monstruo lo sujetó. Quiso gritar pero el dolor quebranto sus impulsos, el pequeño que lo acompañaba en sus juegos nocturnos estaba estático de terror, no había movido ni un parpado desde que vio los casi trescientos kilos de bestia sobre su ahora inconsciente amigo, quería correr pero sus piernas no respondían, solo pudo ver como se alejaba una gran sombra arrastrando a no mas que un muñeco de trapo
Los miserables músculos del inocente reventaban como caucho, sus pequeños y casi recién endurecidos huesos crujían ante las fauces del maldito, la sangre tibia y roja como roca incandescente brotaba por todas partes. El niño aun inconciente era devorado vivo, solo encontró su final cuando el monstruo rodeo su pequeña cabeza con una hilera de dientes mas parecida a una sierra después de tan sanguinario festín, un destello de lucidez obligo ala bestia a erguirse sobre sus patas traseras.
- que es lo que esta pasando, creo que desmaye - Era Agsbas aprisionado en un cuerpo de pesadilla.- ¡¡¡¿pero que es esto ?!!!- pensó al mirar su cuerpo, quiso sentir su rostro pero carecía del tacto, dio un paso atrás como intentando volver el tiempo y tropezó con los restos de su ultima comida
-¿Acaso no es hermoso ?- dijo una voz, Agsbas miro alrededor si remover de su rostro esa expresión de sorpresa y asco, que tenia al ver los trozos de algo que parecía si, parecía un niño, quizá solo la mitad pero al final un niño. Sintió el cuerpo extraño, hormigueos seguidos de calambres y contracciones extrañas. Duele no es así ?- dijo de nuevo esa voz que al parecer no venia de algún otro lado si no que estaba en el.
- ¿qu-quien eres ?- cuestionó Agsbas tartamudeando por la inminente mutación que le causaba un terrible dolor, era como tocar a un lewkro en su estado mas apacible... insoportable.
- quien soy no importa, lo que importa es que al fin me has liberado -dijo la voz.
- de que hablas ?- dijo Agsbas retorciéndose mientras las articulaciones de sus piernas se volvían en sentido contrario
- Dime pequeño Agsbas, ¿estas enamorado ?- mascullo la voz casi riendo
- No se de que estas hablando, Sal de mi cabeza !!!- replico el contorsionado hombre. El pelaje que cubría parcialmente su cuerpo se caía cual hoja en el otoño. Antes de que los mechones tocaran el suelo se desvanecían dejando una oscura estela.
- Conociste a alguien esta noche. Sentiste por primera vez lo que por casi cien años había estado prohibido. Has desatado la maldición, gracias a tu estupida vocación de explorador malogrado. Mataste a un inocente niño, su sangre ahora esta en ti, en nosotros, como en los viejos tiempos.- afirmo la voz con aire grave
-Calla!, yo no hice esto.- Gimió Agsbas. Ya había recuperado su tamaño de humano promedio, el hocico se afino en un par de labios, los dientes perdieron su filo.
-Oh si que lo hiciste - se burló.
- Aléjate de mi te lo advierto.- Dijo apretando su cabeza como queriendo arrancarla para no escuchar mas los disparates de una voz tan intangible.
- Me temo que es imposible, a donde quiera que valla, será a donde quiera que tu vallas, yo soy tu, soy la parte humana traducida perfectamente a la naturaleza licantrópica y lo que queda de ti es la parte que no pudo serlo, la parte inconclusa de un conjuro sin recitar aun así eres fuerte, preciso admitirlo - respondió así a su amenaza con tono relajado casi lamentando. La voz se desvanecía.
-Jamás dejare que vuelvas, tengo el control de mi vida y no volverás -sentenció Agsbas. Calló de espaldas al suelo, semidesnudo, recubierto de un gélido sudor, agotado, sin deseos de moverse.
- jajaja, el control ?- rió con desden la casi ausente voz. - ya no eres partícipe de eso, yo controlo a la bestia y si no me crees pregúntale al mocoso que acabas de cenar -dijo sarcásticamente. Cada vez se oía menos, era como las últimas repeticiones del eco. - me voy por ahora, procura no sentir de nuevo amor, por que entonces volvere procura que no sea mas grande, por que mas tiempo en irme tardare Crees poder hacerlo ?-
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