Cronicas del Maldito... (III)

Crónica Tercera

(Silo…)

 

 

Era más oscuro aun que los profundos bosques donde habitan los Silfos, mas frío que las orillas congeladas del mundo, donde los gigantescos Yetis hurgaban los glaciares buscando comida, era más hediondo que un Trasgo después de comer la pútrida carne de un viejo cadáver…

 

 

La luz de sus alas iluminaba el silero, su revoloteo solo mezclaba los olores. Tras horas de intentar encontrar una salida se tendió en el suelo con la mirada cansada, las alas casi fundidas, las manos ensangrentadas de rascar la fría roca que formaba su prisión.

-Sáquenme…!!!- gritó. El eco ensordeció sus oídos, apretó los geófitos que crecían en el suelo, los arrancó de un tirón y los arrojó contra la puerta resguardada por dos guardias…

-Silencio…!!!- Recibió como respuesta… apenas recordaba la última vez que había estado ahí, después de faltar a la real asamblea, encabezada por su padre; el Rey. Todo por ir en busca de algo nuevo que investigar. “valió la pena” pensó. Esa mañana había conocido a Blagmet; Un solitario gigante desterrado de su tribu por reverenciar a los dioses errados. Vivía en una montaña no muy lejos de la metrópoli de las hadas, su casa estaba hecha de árboles que el mismo con su descomunal fuerza arrancó cual frágiles tréboles del suelo… poseía un cuchillo, aunque para un hada era un monumento, para el era mas bien un dije mas que colgar de su cuello. Lo usaba para darle muerte a su comida, para limpiar sus dientes después de ingerir la misma y para desencajar de sus pies las lanzas de los desafortunados exploradores que de vez en cuando aplastaba. Tenia también un par de frascos enormes, los gigantes chamanes de su tribu los usaban para guardar los ingredientes de sus pócimas. Uno de estos recipientes capturo a Crith mientras revoloteaba incauta, parecía una luciérnaga para Blagmet, la piel de un ciervo sirvió de tapa y una liana de sello. La llevo a su verde choza, la puso sobre una roca se sentó y la observo durante horas. Cada vez que Crith dejaba de volar, el sacudía el frasco obligándola a hacerlo.

-así que es luz lo que quieres-dijo Crith, con sus dos manos se toco la sien, cerro los ojos por un momento, sus alas se detuvieron pero ella seguía en el aire, cuando abrió los ojos estos parecían estar hechos de luz. Brilló tanto aquel día como la eterna estrella de Calgani. Blagmet cegado por la luz perdió el equilibrio y calló de la roca donde estaba sentado, dejo caer el frasco y este se impactó en el piso dejando libre a la brillante hada.

Cuando regreso a casa se entero que era buscada como fugitiva y fue encerrada ahí; justo donde ahora estaba. Mas tenia alegría en su corazón, conocer a un gigante no se hace todos los días y menos escapar de el.

 

 

El sonido marcial de los pasos de su padre se hizo sentir. Crith se puso de pie, sabia bien lo que se venia.

-¡Ábranla!- Replico el molesto soberano. – ¿A que crees que juegas?- dijo un segundo antes de dejarse ver bajo el marco de la puerta. Apenas si podía ver a Crith agazapada al fondo de la oscuridad, levanto sus grandes alas y las sacudió revelando a la infractora…

-Padre tu no entiendes, estaba herido solo quise ayudar…-dijo ella con la voz quebrada.

-No hay excusa para tu falta de juicio, sabes muy bien lo que pensamos de los hombres. ¿Acaso crees que se detendrán a pensar antes de asesinarte?- dijo con mas temor que ira en las palabras.

-Pero el no quería hacerme daño- reclamo Crith muy segura de si misma.

-Perdí seis de mis mejores hombres esta noche y casi te pierdo a ti. Permanecerás aquí mientras sea necesario.-dijo y ceso de iluminar el silo, salio y la puerta se cerro de golpe. Crith se deshacía en llanto, rabia y deseo, una combinación peligrosa. La sangrienta escena, donde conoció a la raza maldita llegaba a su mente, se preguntaba de donde venia ese hombre del que no sabía ni su nombre pero deseaba tanto volver a ver. El frió se hizo mas intenso con la madrugada, dentro de su fétida prisión solo podía acurrucarse y apenas cubrirse con lo que tenia a mano; sus alas. Tenia un hambre descomunal pero solo había un recipiente con agua y un pan mohoso en el piso.

 

 

El rey cenaba los mejores cultivos de su reino. Acompañado de sus generales, concejales y sirvientes, reflexionaba acerca de lo ocurrido, temía por la seguridad de su gente.

-La maldición se ha hecho presente- Le dijo a su lugarteniente.

-Nadie sale de los domos, sin mi autorización y supervisión. Quiero vigías en las ciudades más cercanas de los hombres. No quiero sorpresas- dijo. ‘así será su majestad’ respondió el apelado…

-Después de tanto tiempo de haber dejado de existir esos malditos licántropos aun enturbian el equilibrio de este mundo. Y esos hombres insolentes, no podrán controlar por mucho tiempo sus banales emociones…- pensó en voz alta.

 

 

-Ah! lo olvidaba- dijo el Rey -Quiero que traigan ante mi presencia al Oscuro, díganle que tengo un trato que ofrecerle-.

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Comentarios:

Escrito por: crizangel       04/01/08 05:21
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Muy buena historia, le encuentro mucha virtud y fortaleza en la parte narrativa, que tiene la fluides necesaria y tan dificil de encontrar en las historias largas, para captar sin esfuerzos la atencion del lector, sumando a esto el hecho de un toque sutil de poesia que la hace aun mas disfrutable.
Ahora, no se si fue por que tarde demasiado tiempo entre la segunda parte o por que te costo esta vez seguir con el hilo de la misma, que me perdi un poco al comienzo, sin embargo esa es una cuestion que quizas deba yo revisar y releer.
Un gran aplauso, y sigo atenta a la siguiente parte.
Un beso,
Escrito por: Balam       30/11/07 20:36
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Dx

Como que esta vez fue mas corta, pero fu interesante. Aunque, no logro imaginar que tan varonil se veria un rey con alitas brillantes.

Salud!
Páginas: 1

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