Solo su mirada periférica detectaba los obstáculos del camino por que su atención y sus ojos estaban clavados en el cucurucho repleto de exquisita crema helada.
De repente, un distraído codo golpeó al pasar el cucurucho que se precipitó sin remedio al piso.
El desafortunado señor empalideció, en un acto reflejo inclinó el torso hacia delante lo que provoca sacar el trasero hacia atrás, este dio contra una anciana que cayó de espaldas dando su cabeza contra los pies de una mujer que salió dolorida y disparada de la vereda atropellando una bicicleta que rodó a la calle justo en el momento que una motocicleta venía raudamente.
Al ver que se estrellaba se fue de contramano sobre un colectivo. Este clavó los frenos causando el acopio de pasajeros contra el parabrisas que no soportó la presión y estalló en mil pedazos.
Mientras tanto un perro callejero se comía el helado del piso y el niño lloraba a moco tendido.
Un ciego que escuchaba llorar al pequeño se acercó y le preguntó si estaba perdido.
Una mujer lo miraba y decía:
- Habrá se visto, semejante sadismo, aplaudir ante la desgracia ajena.
Moraleja: si le das un helado a un niño que sea en un lugar seguro.
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