No sé si a vosotros os gusta ir de compras a los supermercados, esas grandes superficies donde todo esta programado hasta él ultimo detalle.
Llegas aparcas justo en medio de las dos líneas blancas, y te pones a buscar como loco un carro. A veces estas de suerte, te pones contento porque los ves tan bien aparcaditos, como diciendo Acógeme entre tus manitas, quiero viajar contigo- Ya nos inducen desde el parking para gastar todos los posibles sin rechistar. Metes la monedita y con suerte no se queda trabada dentro del cacharrito... -¡BIEN!-
A veces se quedan adentro y la pierdes.- JOO!!- Así poquito a poquito también monto yo un hiper. Pero compañeros la sorpresa te la da de inmediato tu compañero de viaje...-¡JODER!-...No lo conduces tu a el. El te conduce a ti, durante todo tu recorrido. Y cada vez estará más lleno, repleto de cosas y es peor. Siempre gira para la izquierda el cabrito del.
Amigo y si vas antes de las hora de obertura, a las 9.55 de la mañana. Ves a todo el personal preparado enfrente de la puerta mecánica, esperando que el tío de seguridad desbloquee el cierre. Pero en esos minutos antes se masca la tensión. Las miradas de las mujeres se mezclan con las de los jubilados. Que digo yo que pinta un jubilado a las 10 para inaugurar la abertura del súper si no tiene que trabajar. Igual se le escapa la hora de dar de comer a las palomas del parque o de ir a controlar alguna obra de su barrio...-Increíble- después esta la típica señora que te mira de reojo, o que a pasitos cortos se va abriendo camino y va apartando los carros de los compradores contrarios mirando hacia la Meca-...para disimular.
El de seguridad abre, y como en la formula 1, todo son apretujones, golpes, miradas asesinas. Un día vi saltar chispas de dos carros por la fricción encarnizada de dos señoras que querían entrar por el mismo sitio. Habían pillado el rebufo del de delante y por lo visto no cuesta tanto empujar. Tras convertirse en un embudo brutal se llego a las manos entre varias señoras con los cestos, paraguas y bastones.
En la refriega me colé entre medio -eso si voló un paraguazo y me dio en la oreja- me la dejo roja y dormida durante toda la compra.
Y encima la señora me miraba mal. -Bien saque la lista y comencé a llenar el carro con toda clase de alimentos. En casa somos 4, mi mujer y mis dos crios. La verdad, yo preferiría comprarles ropa me costaría más barato. ¡Que par de tíos!, No comen engullen, son capaces de comerse al niño Jesús por las piernas. Yo no sé dónde lo meten, están en edad de crecer pero es exagerado.
Al girar el primer pasillo, note que me seguían. Hay miradas que matan y esa era una de ellas. -¡MMMM!-... La señora del paraguazo, observaba atentamente mis movimientos programados por una lista de papel cuadriculado...- Amigos-... aquí comenzó mi odisea por el Hiper. Cada cosa que yo quería coger la señora se me adelantaba, que un bote de tomate frito. La mujer ¡Zass! Me lo quitaba de las narices.
Que si un bote de alubias...-Joer- lo mismo. Era como mi sombra.
Durante varios pasillos la lucha era encarnizada, hasta tal extremo, que me metí en el papel de CHARLES HESTON en Ben-Hur.
Los golpes con el carruaje sin caballos, eran brutales.
-¿Señora- Que hace?
-Aparte de hay que yo lo vi primero.
-¡Señora, que me a pisaoooooo!.
Lo bueno de toda esas situación, es que las estanterías estaban repletas de artículos. El carro cada vez pesaba más, y quería irse por otro lado. Te ves guiando un carrito con vida propia. En momentos te subes encima como un esquimal, como si quisieras conducir un trineo, sin perros husky. Comencé a correr por el medio del pasillo central y la señora justo a mi lado, golpes, patadas. Nos mirábamos tan fijamente que justo pudimos esquivar en él ultimo momento, a una muchacha de esas que tienen el tenderete que te da para probar un trocito de salchicha de ultima generación.
Blanca se quedo la criatura, con dos palillos con salchichita insertada.
-Señora me quiere dejar de seguir.
-Que pasa que el súper es suyo.
Me quedaba comprar... mmmmm-... leche, fruta, cacao...
¡Jo! Los Crispis de chocolate para el desayuno de mis hijos. Fui al pasillo mire para el fondo, quedaba un solo paquete...-Uno solo-.
Mire para todos los lados...-¡Si!- no esta la mujer cerca de mí. Al arrancar el carro con el esfuerzo titánico que eso conlleva, casi me cargo toda una pila de paquetes de café mezcla...-Malditas ruedas-...
Por la punta del otro extremo aparece mirando el paquete de Crispis de mis hijos. Si lo coge antes que yo eso supone la bronca padre, madre, y toda la infantería de la familia de mi mujer en contra mía.
Comencé a empujar muy fuerte, mi rostro dibujaba una terrorífica fuerza extrema con desvió a la siniestra. Por su lado la mujer hacia lo mismo con su carro -No entiendo de donde puede sacar tanta fuerza una mujer de metro y medio-. Éramos como dos trenes, dos locomotoras locas en busca de una misma vía. La velocidad movía nuestro pelo. Nuestras bocas con la presión de la velocidad cogían un rictus deforme. La vivacidad con que nos deslizábamos hacia que nuestros ojos se llenaran de lagrimas. Todo estaba escrito solo por unas décimas pude agarrar mi paquete de cereales para mis niños.
-.....¡Guauuuuuuu, hiiiiiiiiiiiiiiiii,!........¡SÍ!... toma ya.
Si las miradas matasen esa me dejaba desintegrado, la mujer desapareció de mi vista.
Tras pagar con la tarjeta y ver que la cajera la soltaba por que le quemaba,,...- Ya te digo-... me gaste un puñado de euros, pero estaba satisfecho por mi hazaña. Y haber ganado a una abuela en la lucha del carro, hasta lo pague de gusto. Después de esto seguramente tendría que atracar algún sitio para poder sobrevivir hasta final de mes.
-¡Ja,ja,ja! Le robaría a mi mujer unos pantys, así no me reconocerían, atracador perfecto ¡Buff!.
Ahora me tocaba llegar sano y sin contratiempo, a mi automóvil. Eso es lo que más me molesta de la compra. Es como hacer el rally Paris Dakar con el maldito carro, el trayecto se hace eterno.
Tras abrir el portón del maletero y meter las primeras bolsas en el fondo. Al ir a coger más paquetes el carro no estaba...-¡Joer!-.. Esto es un misterio. Mire para todos los lados y solo vi un pequeño coche que giro al final de la calle. Era la mujer se lo llevaba agarrado al espejo retrovisor y encima la tía sé descojonaba de la risa.
Tras salir corriendo la abuela apretaba el acelerador freno en seco al final del súper y el carro salió Disparado con tanta mala suerte que salió a la carretera principal. Un camión que venia a toda pastilla le pego un viaje al carro que literalmente voló, todas las bolsas salieron disparadas estampándose contra el asfalto vi volar la caja de Crispis y aterrizar sobre el capo del coche de la mujer. Se bajo la agarro, me miro. Y con una señal de dos dedos canto victoria y desapareció de mi vista.
Tras quedarme de pies, con la mirada fija. Saque una conclusión. Nunca te metas con una abuela, con paraguas, y que le gusten los cereales de chocolate. Pues su venganza puede ser brutal........
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