Sebastián parecía ya resignado, aun cuando fragmentos supervivientes de esperanza, entremezclados con la desesperada defensa del orgullo propio, se negaran a ceder, pues las cosas no podían estar peor.
El maestro de ceremonias ya había anunciado los primeros dos puestos, Sebastián, tan confiado como estaba, apenas si había superado su estupor al verse privado de ocuparlos. Ahora, el hombre sobre el podio se disponía, con la torpe ceremonia que recubría al modesto galardón, a anunciar el tercer puesto, para luego anunciar un dudosamente honroso premio de consolación, nombre que mal disimulaba lo discutido que había estado la deliberación.
el tercer puesto es para un cuento que narra el recorrido de un joven estudiante en los rededores de su ciudad, mientras debela los secretos de la realidad que pocos conocemos. Felicidades, Raúl Morales.
El joven, de maneras demasiado delicadas y ropa excesivamente formal, se levantó entre los descolgados aplausos de su familia. Los otros, los que se percataron entonces que su oportunidad de ganar algún reconocimiento se desbanecia, le regalaron al buen Raúl la mezcla de mal perdedor de sonrisas irónicas y rostros rojos de vergüenza y rabia.
Sebastián, apenas controlando el calor que se alojaba tras sus orejas, mantenía, entre grandes esfuerzos, su expresión lacónica. El maestro de ceremonias continúo.
Finalmente, gracias a la buena calidad de los trabajos presentados, los jueces acordaron expedir un certificado más para un cuento que encontraron de gran nivel e interesante desarrollo. Éste habla de los amoríos de dos adolescentes durante una noche en la ciudad, sus descubrimientos del amor juvenil y las lecciones que un indigente les da sobre la vida. Felicidades, Augusto Sambrano.
Sebastián, sin esperar un segundo más, fingió una llamada a su celular, «Bendito seas, aparatejo» pensó, mientras salía del lugar hablando con el frió y desierto auricular.
Ahora se encontraba en la calle, caminando, buscando la forma de irse lo más pronto a casa. Pero « ¿Qué había hecho mal? » Se preguntó «Quizás adaptar aquel mito griego de Filemon y Baucis » gritó su sensatez.
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