CON LAS PELOTAS ENTRE UN PLATÓN II

“Soplar y hacer botellas” no es tan fácil como parece.  Carlos era un hombre de mediana estatura, delgado, poco atractivo, al contrario de sus otros hermanos, pero su rostro reflejaba una tristeza especial, profunda que lo acompañaba hasta en los momentos en los que aseguraba sentirse feliz.  Vivía con su madre y su padre, era el único de sus hermanos que  aun habitaba la casa paterna, tenía pocos amigos, de cualquier forma no expresaba deseos de tenerlos. 
 
La casa se encontraba en la ciudad de Lima, la que aseguraba su hermano mayor era la tierra de Taulichusco, se encontraba cerca de la Avenida Grau, desde donde se tenia que transportar hasta su sitio de trabajo en el museo del Virreinato, luego rápidamente al Hospital Hermilio Valdizan, allí se encontraba recluido de forma voluntaria su hermano mayor desde hace ya cinco años después de ser directo responsable de el ingreso de Carlos a la hermandad.
 
Llego Carlos al encuentro lleno dudas, sediento respuestas.  Como siempre sentado en una de las mesas del lugar estaba Aurelio con el eterno libro que leía en sus manos, no lo soltaba desde hace cinco años, parecía devorarlo con pasión enfermiza, releerlo como quinientas veces sin terminarlo aparentemente, tenia marca de el uso en la carátula.  Carlos tenía tanta admiración por su hermano como el la tenía por su padre trataba de parecérsele en todo, imitaba sus gestos, trataba de impostar la voz de la misma forma, su atuendo siempre fue similar.
 
Converso Carlos toda la tarde con su hermano, escuchando sus relatos, le hablaba sobre sus conversaciones con una tal Sandra, sobre su lectura acerca de un mundo maravillos de color lavanda que veía otrora a través de sus gafas. Carlos amaba tanto a su hermano no se explicaba por que había decidido ir a vivir a ese lugar, si siempre fue un hombre de ideas tan brillantes. No se atrevía a decirle que el libro que sostenía con fervor no era mas que una agenda de notas completamente vacía. . .
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Comentarios:

Escrito por: ISISLA_2       08/01/08 00:33
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Que buen relato, no se te escapa ningún detalle referente al tal Carlos, y Aurelio además de su agenda vacia, de seguro que tendría la intención de escribir algunos aforismos, tatatatan. Nos estamos leyendo, Vivian.
Escrito por: rotko       03/01/08 01:54
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cada vez mejor...nos pones en antecedentes...
Escrito por: Aurelio       23/12/07 02:39
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Es que los amigos no se desean, sólo aparecen de repente, a veces cuando uno menos lo desea… me gustó lo del eterno libro, ¿acaso me espías?... y lo de la agenda, ¡genial!, contrasta con la indiferencia amical que, al parecer, es hereditaria. Gracias por lo del color lavanda, ya veo que la hermandad esa tendrá mucho que ver (o tal vez nada, que para el caso es lo mismo).
Escrito por: Luli       21/12/07 23:21
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La sólida ironía reflejada en el rostro y las palabras ...

Un abrazo grande !
Escrito por: Fabriciogarcia       21/12/07 19:43
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Interesante, sinceramente de interés esta saga.
Páginas: 1

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