


| Escritor: | Represerrante |
| Públicado: | 30/01/2008 |
Había sido una mañana fria, de esas a principio de Diciembre. Cercana la hora del almuerzo, comenzo a lloviznar. Nada serio pero, había conseguido dejar una tarde suave, con el Sol sestenado, de tal manera tendido, que no podias mirar al horizonte sin cegarte con sus rayos.
Se oía, a lo lejos, el ahullido de un perro entre lamento y sollozo.
Las tres tortugas, que habitaban aquel reducido estanque, hacía dias que estaban inmersas en su letargo anfibio, durante el cual perdian el apetito, cesaban la actividad, y esperaban inmoviles la llegada del invierno.
Aún no se habían sentido las seis de la tarde, y ya las gallinas estaban encaramadas en su maroma dormitorio. Allí, tras unos leves escarceos por ocupar el mejor lugar, permanecerian hasta que comensace a clarear el día.
Era un tiempo encantador donde apetecía el calor del hogar.
Un viejo brasero aguardaba en el centro del pátio, la llegada de las ascuas de leña traidas por el abuelo desde un horno cercano donde se cocia el pan. Con aquellas ascuas, el picon de encina, duro para prender, comenzaba a arder casi de inmediato evitando así la ardua tarea de encenderlo a golpes del soplillo de palmas.
Se acercaba, de este modo, una noche más. Devian cubrirde los recipientes con agua que permanecian al sereno, si no, por la mañana el agua para lavar estaria cuajada.
Malos tiempos para las flores de la abuela, estas heladas no les hacen bién.
La gata, como cada atardecer, se ha subido a la cruzeta que forman las ramas mas gruesas del manzano, situado junto a al pared, acechando estática a los gorriones que pernoctan en aquel árbol y que ya comienzan a llegar despidiendo a la tarde ruidosamente.
Una vez bien prendido el picon de encina, el brasero será colocado en la tarima bajo la mesa camilla, no sin antes pasar una concienzuda revisión por si hubiese, infiltrado, algun tizo humeante. Mientras mama prepara la cena, la abuela comenzará a surzir calcetines y, de vez en cuando, esbozará un suspiro, al mismo tiempo que alza la vista por encima de sus gafas diciendo; Que tarde de frio, bendito sea Dios!!
Entretanto yo, surzía pensamientos, contemplando la llama del candil danzar cuan bailarina mora. De esta manera daba rienda suelta a mis fantasias de niño, mientras "la cartilla" abierta esperaba ser leída.
Cuando más ensimismado, en mis pensamientos, me encontraba, era interrumpido por la sabia voz de mi compañera de mesa ( la abuela) que me inculcaba; Has de estudiar mucho para ser un hombre de provecho!!
autor; josé a. ferrera
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