Como siempre
-Eduardo, mira que tenemos que hablar...
-Dime cariño
-Es que me di cuenta, hace tiempo... ya no te soporto mas Eduardo...
-Cariño, tienes que apresurarte, la cena es a las seis con los Gonzalez.
-¿me estas escuchando Eduardo?
-Si cariño.
-No soporto la manera en que comes, la manera en que piensas, lo ridículo de tu vestimenta, y esos odiosos ronquidos por la noche, tu forma de respirar en el día... ¡ya no te soporto mas!... he tenido que tragarme el vomito para no escupirte encima cuando hacemos el amor... disculpame Eduardo, pero es que te repudio.
-Ponte aquel vestido morado, con lunares blancos que tanto me gusta, anda y apurate cariño.
Ivy, se limpiaba las lágrimas, un nudo en la garganta no le dejo continuar, se aproximo a Eduardo, y con esa voz que realmente producía escalofríos le dijo al oído:
-Te detesto, Eduardo.
El hombre seguía cambiando las paginas del periódico, con esa inmutabilidad que ella aborrecia. Llorando, Ivy se dirigió a la habitación y comenzo a lamentarse. Mientras Eduardo sacaba aquel pequeño crisantemo que había comprado como accesorio del vestido para su esposa, lo dejo en la mesa, había escuchado muchas veces las mismas quejas, y todo terminaba igual, Ivy lloraba mientras el le sonreía y le decía frases positivas que siempre teminaban en un dulce "cariño".
Cuando la mujer salio de la habitación, para darle aviso que esta vez no desistiría, encontró el sofá vació, observo con esos bellos ojos escondidos detrás del rimel que se había corrido gracias a las gruesas lágrimas, el crisantemo blanco, lo acomodo en el escote, y comenzo a murmurar.
-Eduardo, vámonos que se nos hace tarde, amor, ¿donde diablos estas?, ¡Por Dios, quien te entiende hombre! ¡se nos hace tarde!
Eduardo no respondió, como siempre lo hacia.
Esta vez la esperaba en silencio en el auto.

Sé que no tendría que decir esas cosas, pero gracias... Gracias por recordarme lo bien que estoy en mi soledad... Me divorcié hace siete meses (después de cinco años de matrimonio), y es verdad que con el tiempo uno empieza a olvidarse de porqué se separó, y tiende (por lo menos en mi caso) a olvidar todo lo negativo para recordar sólo lo positivo... Y viene una cierta nostalgia... ¿No me habré equivocado? Pero leo tu cuento, y TODO vuelve de repente a mi memoria... Y desaparece la nostalgia... ¡Qué bien me siento! Qué libre! Gracias Crizangel.
Terribles historias de la vida conyugal, que, en realidad, no se arreglan con nada y es así como un pequeño detalle ( casi un gesto bobo de poner un ajado crisantemo blanco ) hacen que el mecanismo de la negación siga intacto. Tienes mucho repertorio para un libro de cuentos, ¿lo has pensado ?. Un gran saludo, amiga.
Un crisantemo soluciona el problema conyugal; ella se olvida de sus "dulces" palabras y termina por decirle "amor". Sabes, quizás porque tengo una personalidad diferente, no entiendo la actitud de ella. Pero como dijo Ricardo, por algo están juntos ¿Magnetismo animal? ¿Interés económico? Yo que soy huaso bruto la habría agarrado a pencazos, en vez de pegarle a mi caballo que es muy sociable, se me ocurre que se le arregla el mal genio. ¡Uyuyuyuy! ¡ Anda bestia, vaamos a galopar! Uyuyuyyyyyyyy. Así se arreglan las cosas en el campo, mi prienda. Ja ja ja já, harto bruto este huaso, Un beso fraterno.
Muy bueno por algo están juntos jajajajajajaj. Un abrazo saludos criz.
Una historia circularmente perfecta.Un clima denso y ondulante que te envuelve...Me gustó muchísimo este texto.
Amiga, creo que describiste al matrimonio perfecto. Nada los inmuta ni los separará. Jajaja
cada vez se alejan más...que increíble estar acompañado y estar solo a la vez....
tienes razón ....
mui interesante.. me encantaria saber como seguira esa conversacion en el auto...
debe ser fantastica...
besoo
sergio federico