Clase IV - Érase el día de los padres

Clase

 

Episodio cuatro – Érase el día de los padres

 

Era un precioso lunes por la mañana. Le encantaban los lunes. Era su día favorito de la semana. Sí, a Victoria Cotton le encantaban los lunes.

Se miró al espejo y se vio guapa, como siempre. Nadie diría que había tenido ocho hijos. Se puso su deslumbrante traje de los lunes. Sí, Victoria Cotton tenía un traje de los lunes. Solo le faltaba fundar una religión que girara en torno a los lunes.

Aunque ese lunes era un día un tanto especial. En el instituto de Monty se celebraba el día de los padres, durante el cual los padres podían asistir a la clase de sus hijos y ver lo que hacían. Y si algo le gustaba a Victoria Cotton casi tanto como los lunes era tener vigilados a sus hijos. También le gustaban las tostadas con mermelada de fresa, pero eso no concierne aquí.

Victoria parecía incluso más jubilosa que un niño en su primer día de clase. Se dispuso a despertar a su hijo, que aún dormía.

- Monty, despierta; es el día de los padres y no podemos tardar. –Dijo melodiosamente, como cantando una canción.

- Hoy no voy a clase. –Contestó él, aún dormido.

En ese momento, parecía como si se hubiera producido el Apocalipsis o se hubiese abierto la caja de Pandora.

- ¡¿Cómo que no vas a ir?! ¡Ningún hijo mío falta a clase porque sí! ¡¿Me has oído?! ¡Ninguno!

- Está bien, está bien… paralogoV.

- ¿Qué he dicho de las palabrotas en casa? Y más si no las entiendo.

- Ni yo se lo que he dicho. Se lo oí a Kalimera.

(…)

Tras haber desayunado y todo lo demás, madre e hijo tomaron rumbo al instituto. Llegaron pronto, demasiado pronto. Aún faltaba una hora para que abrieran el instituto.

- Si sabías que abrían a las ocho, ¿qué hacemos aquí?

- Ya sabes que yo nunca llego tarde.

- Pero esto es pasarse, mamá.

- Bueno, así aprovechamos el tiempo; hace tiempo que no hablamos juntos, de madre a hijo.

- Oh, no, madre. Ya hablamos la semana pasada de eso.

- ¿Lo ves? Demasiado tiempo sin hablar. Dime, ¿ya has tenido tu primera experiencia sexual?

- ¡Mamá! -Monty empezó a sonrojarse y mirar a todos lados. No quería que nadie oyera esa conversación- ¿No crees que soy un poco joven para eso?

- Pues tu hermano Eddy la tuvo a los catorce.

- ¿Crees que eso me interesa? ¡Ahora tendré pesadillas con eso!

Y así estuvieron toda la hora; Victoria dándole consejos sexuales a su hijo y Monty cada vez más rojo. Cuando por fin entraron, Monty estaba tan rojo que ni siquiera se le notaban las pecas.

Al llegar al aula, Monty se sentó en su sitio mientras que su madre se puso en una de las sillas del fondo que la profesora Crissler había colocado para los padres. Junto a Victoria se sentaron una enfermera un tanto obesa y una señora con una cara muy larga, semejante a la de un caballo.

- Usted debe de ser la madre del señorito Montgomery Cornelius, ¿me equivoco? -Le preguntó la señora-caballo con un tono de voz muy remilgado.

- No se equivoca -Contestó Victoria-. Soy Victoria Cotton. Y usted es...

- Me llamo Madeline McKenzie. La madre de Troy y Paris, ¿sabe?

- Oh, sí, se da un aire...

Victoria no solo se refería al físico, sino al carácter. Había conocido a los gemelos una tarde que había ido a buscar a Monty a la salida. Y vio a los gemelos, los cuales se encontraban alrdeando de cuanto dinero tenían y de donde habían pasado las vacaciones (Sitios tales como Japón, Hawaii o la isla Griega privada de la familia).

La enfermera, de trato más amable, se presentó.

- Hola, señora Cotton. Yo soy Michaela Simmons, la madre de Bertha. También soy la enfermera. Su hijo debe de haberle hablado de mí; le atendí el primer día, cuando se quedó inconsciente.

- Así que fue usted -Contestó Victoria, recordando el día que su hijo le contó como una vieja verde le había atendido. Claramente Monty había exagerado-. Muchas gracias por atender a mi hijo.

- No hay porqué agradecerlo; es mi trabajo. Por cierto, su hijo tiene un trasero precioso.

En ese momento Victoria pensó que, tal vez, su hijo no hubiese exagerado. Mientras, Madeline ponía gesto de soberbia; aparentemente no le caía bien la enfermera, y lo demostró con su contestación.

- Debería dedicarse a curar heridas y atender enfermos en vez de fijarse en partes del cuerpo tan obsenas, ¿sabe, señora Simmons¿ Cuando Troy se abrió un corte en la pierna, usted estaba más atenta de su pantalón corto que de la herida. Casi se desangra, ¿sabe?

Después, dirigiéndose hacia Victoria:

- Tuvieron que hacerle cinco puntos, ¿sabe? Y no fue está señora, no. Tuvimos que llevarle al hospital del Allyson Square, ¿sabe?

La forma que tenía de repetir la coletilla "¿Sabe?" hizo que a Victoria le cayese peor.

Pero tuvo que aguntar esto poco tiempo, pues el timbre no tardó en sonar, dando comienzo a las clases.

- Buenos días, chicos -Saludó la profesora Crissler-. Veo que todos habéis traído a vuestros padres, me alegro. Espero que se sientan cómodos, señores.

A Victoria le pareció raro lo de "señores", pues solo había madres... Ah, no, también había un señor con traje en una esquina, de pie. Al parecer no había sillas suficientes para todos, pues otras tres madres estaban también de pie y otra estaba sentada en el suelo. El hombre, muy atractivo para el gusto de Victoria, era castaño y con los ojos grises muy claros. Tenía un semblante muy serio. Demasiado serio. Parecía como si lo estuviesen haciendo pasar por una tortura psicológica; Victoria había hecho un cursillo de psicología hacía unos años (Concretamente cuando Eddy tenía la edad del pavo) y sabía lo que setía con una simple mirada.

- Bueno, chicos, vamos a comenzar la clase, ¿vale? Abrid el libro de matemáticas por la página...

- ¡Uf!

Todas las miradas se dirigieron hacia la emisora de ese resoplido. Había sido una señora morena más reconocible por su vestimenta; un vestido victoriano tirando a gótico, con mucho maquillaje y un rodillo de cocina. Victoria reconoció el atuendo; la señora iba disfrazada de la señora Lovett. Lo sabía por se había visto obligada a ver la película de Sweeny Todd con su hijo hacía unas semanas.

- ¿Qué... Qué le pasa, señora Fowl? -Preguntó Crissler.

- Es que siempre he odiado las matemáticas.

A Victoria le pareció oir otro resoplido idéntico ("¡Uf!"), esta vez originado entre los alumnos; esta vez fue Meredith, a quien Victoria conocia, pues había ido a su casa un par de veces con el otro chico, Jimmy, para ir a buscar a Monty y salir por ahí un rato. Supuso que la señora Fowl era su madre y que en ese momento se estaba avergonzando por su madre.

(...)

El día trancurrió sin problemas hasta la última hora de clase, música. La profesora, una mujer Latina llamada María Fernanda de Todos los Cocos y con un busto prominente, era muy amable con todo el mundo y la gente respondía a sus palabras con una sonrisa. Todos excepto, claro, dos personas; el señor eternamente serio y la señora McKenzie, la cual miraba a la profesora como a escoria.

- Estos extranjeros -Murmuraba-; van a acabar deformando este país, ¿sabe? Hoy le dan trabajo a cualquiera. Esta institución ya no es lo que era, ¿sabe?

El incidente transcurrió a mitad de la clase, cuando la profesora se disponía a escribir en la pizarra las características propias de la música del siglo XVI. La tiza resbaló de sus dedos y calló al suelo. Ella se agachó a recogerlo y, accidentalmente, parte de sus pechos quedaron expuestos (Cabe destacar que tenía un escote más bien grande). Ante esto, la señora McKenzie pareció estallar como un volcán.

- ¡Esto es inadmisible! ¿Cómo se atreve, depravada? ¡Pervertir así a nuestros hijos!

- Yo... Señora... Oiga, yo no...

- ¡Furcia, más que furcia!

- ¡Eh! ¡No te pases! -Gritó Victoria en defensa de la profesora- ¿No ves que ha sido un accidente?

- ¿Pero como puede usted defender a esta mala pécora? ¡La pensaba más inteligente, señora Cotton! Usted tiene un hijo varón y debería entenderlo, ¿sabe?. ¿O es que quiere que su hijo babée por ahí cada vez que ve un par de pechos exageradamente grandes?

- No se como serán sus hijos, pero le aseguro que el mío no es así, señora McKenzie.

- Oh, ¿es que también es rarito, como su amigo el rosita?

Obviamente se refería a Jimmy, quien no tardó en sentirse profundamente ofendido. Pero no solo le afectó a él, sino a resto de los presentes. Un incómodo silencio llenó el ambiente, solo roto por unos pasos; el atractivo señor serio se acercó a Madeline, la cual le miró entre extrañada, asustada y enfadada.

- ¿Y usted que quiere ahora?

- Vuelva a repetir lo que acaba de decir, señora. -Dijo él, tan serio como siempre.

- ¿El chico rarito de rosa? ¿Y qué? ¿Acaso no es verdad? ¡Un hombre no puede enamorarse de otro hombre, va contra la naturaleza, ¿sabe?!

- Vuelva a decir eso de mi hijo y le damandaré por abusos psicológicos.

Madeline pareció perder la voz inmediatamente y volvió a formarse un silencio, roto solo por el timbre que indicaba el final de las clases.

(...)

Fuera, Monty y Meredith se hallaban con Jimmy, que aún no se había recuperado del todo de la humillación que había recibido minutos antes.

- Como mola tu padre, tío -Dijo Meredith-. Si hubiese sido mi padre, habría pasado un kilo.

- Si tu lo dices...

- ¿Cómo que si yo lo dije? Padres así no se encuentran hoy en día.

- Si quieres -Intervino Monty- podemos vengarte.

- ¿Como Jigoku Shōjo? ¡Como mola! ¡Me pido ser Enma Ai! ¡Mont, tu harás de Hone-Onna! Seguro que con kimono de mujer te ves estupendo.

- ¿Pero de que estás hablando, Meredith?

- Nah, mis paranoias.

- James, vámonos.

El padre de Jimmy le llamaba desde la limusina blanca que esperaba en la entrada del colegio. Él se levantó y se metió en el automóvil, despidiendose de sus amigos con la mano. Acto seguido, el coche se alejó por la calle.

- Ojalá mi padre fuese así de guay. ¿Como es tu padre, Mont?

- Nah, normalito.

- ¿Así consideras a tu padre? -Dijo su madre detras de él.

- ¿Acaso no es verdad, mamá?

- Tu padre es un perezoso, hijo. Bueno, nosotros no vamos. ¿Quieres que te llevemos, Meredith? Ah, no, espera, que estás con tu madre, es verdad. Bueno, hasta otro día. Tu madre debería ir un día a tomar el té en mi casa, ¿vale?

- Sí, señora Cotton.

Y mientras madre e hijo se metían en el coche y se iban rumbo a casa el ambiente se mantuvo completamente en silencio. Justo cuando se disponían a entrar en la casa, Monty rompió ese silencio:

- Mamá.

- ¿Sí?

- Estoy orgulloso de tí.

En la cara de Victoria se iluminó una sonrisa. A Victoria Cotton le encantaba los Lunes. Pero había algo que le gustaba más; el cariño de sus hijos.

- Por cierto, hijo, una cosita. Solo por curiosidad; ¿te gustan los hombres?

- ¡¿Qué?!

- Si lo eres no pasa nada. Creo así hay más diversidad en casa.

- ¡Mamá!

- Creo que hay una discoteca de ambiente dos calles más abajo. Puedo llevaros a tí y a Jimmy cuando queráis.

- ¡¡Mamá!!

 

Y bueno, después de algo así como cuatro meses ha llegado de nuevo clase. Perdón por la tardanza. La verdad es que se me ha atragantado el capítulo. Y la verdad no me gusta mucho como ha quedado; demasiado diálogo y poca acción. Pero creo que es necesario, porque así sabemos más de los personajes que rodean a Mont (Así es como le llaman Jimmy y Meredith, no es ningún error, tranquilos).

ATENCIÓN

Si te gusta "Clase", prepárate, pues próximamente (Más o menos después del capítulo 9 o 10) se hará un capítulo especial en la que los personajes (¡Todos!) responderán a vuestras preguntas. Las reglas van así;

1- Se pueden hacer tres preguntas a un sólo personaje, tres preguntas a tres personajes (Una para cada uno) o una sóla pregunta a varios personajes. La pregunta puede ser de cualquier tipo. No hay ningún veto o censura. No seáis tímidos al preguntar.

2- La pregunta la haréis vosotros mismos como entrevistadores de un periódico (El cual debéis inventaros el nombre). Así que debéis dar nombre (Si no, vale el nick, alias o nombre de pluma que tengais en escribeya, por ejemplo Rina, Mariela, etc), edad, nacionalidad y apariencia.

3- Debéis exponer la pregunta tal y como saldrá en el capítulo especial. Es decir, no me vale un "Preguntale a Mont si le gustan los dulces" sino "Mont, ¿te gustan los dulces?". Y no temáis en poner palabras de vuestro país o región. Podéis preguntar "Meredith, ¿tú tienes bien el cerebro?" o bien "Meredith, ¿vos tenés bien el cerebro?". Esto hará que el capítulo sea más realista y rico en contenido.

4- La solicitud para hacer la pregunta podéis mandármela a mi correo desde ya hasta que yo avise, ¿ok?

 

Pues eso es todo. Espero que la tardanza haya merecido la pena (Al menos eso, ¿no?)

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Comentarios:

Escrito por: mai_honey       24/04/08 03:00
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Me encantó este cap.!! pobre Jimmy! T-T
Que weno que sigas la historia :)
bye!
Escrito por: almixu       15/04/08 21:08
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ahora yo soy la prime XD!
esta bien tu capítulo pero es verdad que le faltaba la chispa de humor que te caracteriza, pero da lo mismo, la verdad es que ahora ya sabemos que de tal palo tal astilla :D!

te sigo leyendo
pd: ¿las preguntas te las puedo mandar ahora o tengo que esperar al 9º capítulo?
Páginas: 1

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